Tras acabar el recuento de los votos de las elecciones celebradas en diciembre en el Iraq, los intentos para formar un nuevo gobierno van a acelerarse. Resulta alentador que todas las partes parecen aceptar los resultados, pero la pregunta que hay que formular sobre el futuro del país sigue siendo ésta: ¿se unirán los chiíes, suníes y kurdos bajo una autoridad central que funcione?
A corto plazo, hay razones poderosas para pensar que los más poderosos de los principales grupos del Iraq así lo harán, pero, ¿podrá cualquier gobierno de esa clase administrar el país en conjunto? Es probable que la respuesta a esa pregunta sea negativa, razón por la cual dentro de un año el Iraq será probablemente un país menos estable.
También los suníes apoyarán al gobierno, al menos al principio, porque representa su única oportunidad de obtener la que consideran su cuota del poder, los recursos y las rentas. Los kurdos aceptarán el acuerdo, porque creen que la nueva constitución garantiza su derecho a controlar la mayor parte de la riqueza petrolera que se encuentra debajo de su territorio y porque no quieren que se los culpe, en caso de que Bagdad sea presa del caos.
Hay otra razón para que los chiíes, los suníes y los kurdos no actúen inmediatamente con vistas a socavar la autoridad federal; el gobierno central de Bagdad carecerá de los medios jurídicos y económicos para desafiar a su poder local. En esencia, mientras que todas las facciones del Iraq tienen un profundo interés en promover un gobierno central que parezca funcionar plenamente, los poderes de dicho gobierno serán, en realidad, limitados.
Pero, a largo plazo, esos límites a la autoridad federal inclinarán al Iraq hacia una rebatiña sectaria por el poder y las rentas. Según el artículo 11 de la nueva constitución, "todo lo que no sea competencia exclusiva de las autoridades federales será competencia de las regiones". Esa formulación no hace sino enfrentar al gobierno central y las regiones recíprocamente en una lucha por la supremacía política.
Asimismo, conforme a la legislación actual, los soldados no habrán de obedecer al gobierno central, sino a los administradores regionales del poder, al tiempo que la constitución iraquí garantiza a los gobiernos locales el derecho a embolsarse los ingresos que produzcan los nuevos yacimientos de petróleo dentro de su jurisdicción. De hecho, aunque el gobierno central tiene autoridad para recaudar los ingresos producidos por los yacimientos de petróleo existentes, no hay una ley que impida a los funcionarios locales modernizar los yacimientos antiguos y afirmar que son nuevos.
No se pueden sobreestimar las consecuencias de ese estado de cosas. El petróleo representa el 98 por ciento, aproximadamente, de los ingresos actuales por exportación del Iraq. Es el sustento de la economía del Iraq y la fuente de los fondos que el gobierno central necesitará para crear instituciones duraderas. Aunque los aflujos de asistencia financiera internacional siguen siendo importantes, los fondos para la reconstrucción procedentes del extranjero empezarán a agotarse, cuando el Iraq constituya su gobierno central. En resumen, que el gobierno nacional carecerá de la autoridad y los medios para gobernar el Iraq.
De hecho, con la intensificación de la violencia chií-suní que ya se está produciendo, es posible que el Gobierno del Iraq no pueda mantener siquiera la apariencia de eficacia durante mucho tiempo. Además, los kurdos son, como dice el refrán, el perro que aún no ha ladrado. Gozan de una relativa prosperidad económica y sus instituciones políticas se están haciendo cada vez más eficaces y eficientes. Así, pues, de momento no tienen razones para impugnar el status quo, pero esa estabilidad afrontará nuevas amenazas en 2006.
Las elecciones para gobernadores que se celebrarán el próximo mes de noviembre obligarán a los aspirantes políticos kurdos a ofrecer programas opuestos y algunos candidatos intentarán lograr una ventaja electoral mediante llamamientos populistas en pro de la independencia. Al mismo tiempo, cabezas más frías se esforzarán por aplazar el referéndum previsto para 2007, que podría propiciar divisiones, sobre el estatuto final de la ciudad de Kirkuk, rica en petróleo.
De hecho, es probable que la fricción provocada por la política electoral avive los resentimientos también en las comunidades chiíes y suníes. Existe un gran peligro de que la nueva política sectaria del Iraq beneficie a quienes hagan las mayores promesas a sus electores… a expensas del gobierno central y de las demás facciones del país. Es probable que los debates sobre las posibles enmiendas constitucionales encaminadas a pacificar a los airados suníes y debilitar a la insurgencia inciten también a la hostilidad fraccional.
Más preocupante aún es que, cuando los chiíes, los suníes o los kurdos o todos ellos lleguen a la conclusión de que sus funcionarios elegidos no están brindando los beneficios y protecciones prometidos, probablemente recurran a medios diferentes de los políticos para promover sus intereses particulares. Algunos chiíes pueden recurrir a dirigentes de milicias; los suníes, a los insurgentes; y los kurdos, a los dirigentes que piden la independencia.
En ese momento, se pondrá en entredicho el propio futuro de un Iraq independiente. Cualquier iniciativa separatista por parte de los dirigentes kurdos provocaría la intervención de Turquía en la política iraquí. Al mismo tiempo, la protección que las fuerzas americanas ofrecen a los funcionarios iraquíes disminuirá, a medida que se vayan retirando progresivamente las tropas y el Irán corra a colmar el vacío en materia de seguridad.
En resumen, el Gobierno del Iraq puede parecer eficaz durante gran parte de 2006, pero se verá obligado a intentar satisfacer los intereses contrapuestos de electores profundamente divididos. La debilidad del gobierno central, la continuación de la violencia insurgente y la influencia iraní en aumento en Bagdad y entre los administradores chiíes del poder en el sur y el avance natural de la política sectaria indican que el nuevo Iraq será claramente menos estable cuando se acerque el final del año.


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