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Las mentiras nucleares del Irán

Mohammad El-Baradei, director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), está apremiando a su Junta de Gobernadores para que haga un último esfuerzo a fin de encontrar una solución diplomática para las ambiciones nucleares del Irán antes de enviar el caso al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con vistas a la posible aplicación de sanciones. La decisión de remitir dicho caso al Consejo de Seguridad podría adoptarse en fecha tan temprana como el 24 de noviembre, cuando se reúna la Junta del OIEA para examinar "nuevos datos" descubiertos por los inspectores en el terreno.

Gracias a los inspectores del OIEA, ahora disponemos de un panorama bastante detallado del archipiélago nuclear del Irán… al menos de las instalaciones que el Gobierno iraní ha mostrado, porque se lo ha obligado a hacerlo. Sabemos que el Irán ha descubierto, extraído y fundido uranio natural, el componente básico de cualquier programa de enriquecimiento, sin decírselo al OIEA. Sabemos que el Irán construyó unas instalaciones en Isfahan para convertir concentrado de uranio en el gas hexafluoruro de uranio (UF6), materia prima para el enriquecimiento del uranio, sin haberlo notificado previamente al OIEA, como debería haber hecho.

También sabemos que el Irán construyó unas instalaciones subterráneas de enriquecimiento de uranio en Natanz, las protegió contra los ataques con cohetes y erigió edificios falsos en la superficie para ocultarlas de la vigilancia desde el cielo. Las autoridades no accedieron a abrir dichas instalaciones al OIEA hasta que se confirmó su existencia mediante imágenes obtenidas desde satélites comerciales y parece que eliminaron de las cámaras subterráneas el equipo instalado antes de la llegada de los inspectores. Una vez que entren en funcionamiento plenamente, dichas instalaciones permitirán al Irán dominar todo el ciclo del combustible nuclear.

Durante dieciocho años, el Gobierno del Irán ha ocultado esas actividades al OIEA, lo que constituye una clara violación de su acuerdo sobre salvaguardias. Tan sólo por esa razón, el OIEA debe remitir el caso del Irán al Consejo de Seguridad para que este adopte medidas suplementarias, como lo exige la carta de ese organismo.

Las naciones no nucleares que firman la carta del OIEA, como lo ha hecho el Irán, se comprometen a abandonar todas las actividades encaminadas al desarrollo de armas nucleares. A cambio, se les concede el acceso a las tecnologías nucleares, pero ese compromiso requiere una cooperación completa y transparente con el OIEA. En cambio, el Irán ha estado jugando al escondite.

"Con el Irán nos hemos dado cuenta de que el que domine el ciclo del combustible nuclear se convierte en un virtual Estado nuclear", me dijo un importante asesor de El-Baradei. "Aquello nos hizo abrir los ojos a todos nosotros".

Pero de nada sirve, si, aun así, la Junta del OIEA vuelve a quedarse adormilada. Durante dos años y medio, la Unión Europea ha hecho todas las gestiones posibles para lograr que el Irán cooperara plenamente con el OIEA y revelase todas sus actividades nucleares, pero ha sido en vano.

Cuando el OIEA anunció que quería inspeccionar un sospechoso sistema de separación por centrifugadoras de gases integrado dentro del complejo de los Guardias de la Revolución en Lavizan-Shian, el Gobierno del Irán dio largas durante meses hasta poder vaciar el emplazamiento. Cuando el OIEA expresó su deseo de visitar un laboratorio sospechoso dentro de las instalaciones de producción para la defensa de Parchin, los iraníes le hicieron esperar. Cuando por fin permitieron la entrada a un pequeño equipo, limitaron sus movimientos, lo que constituía una violación de los compromisos subscritos por el Irán.

El-Baradei ha declarado que el OIEA no ha encontrado "pruebas" de la existencia de un programa de fabricación de armas en el Irán, declaración que los dirigentes iraníes han citado posteriormente como prueba de sus intenciones pacíficas, pero el OIEA no tiene autoridad para determinar si un país tiene o no un programa de fabricación de armas nucleares. Eso corresponde a una instancia superior, que es el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La función del OIEA es la de determinar si una nación ha violado su acuerdo de salvaguardias y El-Baradei ha declarado con toda claridad que así ha sido en el caso del Irán.

Entender las intenciones de los dirigentes del Irán no es difícil ni ambiguo, como algunos creen. Dieciocho años de ocultación constituyen una ejecutoria elocuente, como también las propias declaraciones de los dirigentes iraníes.

Por ejemplo, en 1986 el entonces Presidente Ayatollah Ali Jamenei pronunció una alocución en la sede de la Organización de la Energía Atómica del Irán. "Nuestra nación siempre ha estado amenazada desde el exterior", dijo. "Lo mínimo que podemos hacer para afrontar ese peligro es hacer saber a nuestros enemigos que podemos defendernos".

En 1988, Ali Akbar Hashemi-Rafsanjani –el supuesto candidato "moderado" en las recientes elecciones presidenciales del Irán– expresó lo que quería decir eso en una alocución ante el cuerpo de los Guardias de la Revolución: "Debemos equiparnos completamente con el uso defensivo y ofensivo de armas químicas, bacteriológicas y radiológicas", e instó al auditorio a "aprovechar la oportunidad para llevar a cabo esa misión". En una concentración, celebrada en la Universidad de Teherán en diciembre de 2001, Día de Jerusalén, pronunció una de las amenazas más siniestras del régimen. "La utilización de una bomba atómica destruiría a Israel completamente, mientras que [la misma bomba] utilizada contra el mundo del Islam sólo causaría daños".

Desde entonces el régimen del Irán no ha cesado de volverse más atrevido. El ministro de Asuntos Exteriores Kamal Jarrazi declaró en junio de 2004 que el Irán no aceptaría "nuevas obligaciones" y debía "ser reconocido por la comunidad internacional como miembro del club nuclear". Asimismo, en marzo de 2005 Rafsanjani reiteró la negativa del Irán a desmantelar sus instalaciones para el ciclo del combustible nuclear, como pidieron la UE y el OIEA, e insistió en que "no podemos detener –ni detendremos– nuestro programa nuclear".

En esas circunstancias, el riesgo que entraña no hacer nada supera con mucho los costos de remitir el caso del Irán al Consejo de Seguridad. De hecho, este país puede estar ya enriqueciendo uranio en secreto. Si utilizara las centrifugadoras que compró al empresario nuclear del Pakistán A. Q. Jan, podría disponer de suficiente material físil para producir 20 bombas. Si el Irán sigue dando cobijo a importantes dirigentes de Al-Qaida, se tratará de una amenaza aún más grave: la de que unos terroristas se hagan con bombas nucleares.

Los peligros que entraña permitir al Irán llegar a ser un Estado nuclear deberían resultar evidentes, incluso para El-Baradei.

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