Sunday, September 21, 2014
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Para ayudar a Birmania

RANGÚN – En todo Oriente Medio y ahora en Birmania (Myanmar), ha vuelto a plantearse una de las grandes cuestiones de la política mundial contemporánea: ¿cómo pueden pasar los países de un autoritarismo desfalleciente a alguna forma de pluralismo autónomo? A su vez, los ministros de Asuntos Exteriores de todos los países afrontan cuestiones normativas fundamentales: cuando un país lanza semejante transición política, ¿cuándo deben ayudar otros países y cuál es la forma mejor de hacerlo?

Las transiciones logradas son, parafraseando a Tolstói, todas iguales, pero todas las transiciones no logradas lo son a su modo. Las transiciones logradas en gran parte de la Europa central a raíz del fin de la Guerra Fría se vieron facilitadas por el desplome del antiguo orden comunista de la noche a la mañana y su entrega del poder pacíficamente, lo que, junto con un apoyo generoso de la Europa occidental, los Estados Unidos y otros, contribuyó a infundir un talante favorable para la reconciliación, al permitir que cada uno de los países abordara de forma mesurada y no vengativa las numerosas cuestiones morales resultantes del obscuro pasado reciente.

Tal vez sobre todo, esas transiciones se produjeron dentro de una red más amplia de instituciones legítimas –la Unión Europea, la OSCE, la OTAN y el Consejo de Europa– y adalides del Estado de derecho. Ese marco de apoyo brindó una hoja de ruta para las autoridades nacionales, a las que ayudó a construir instituciones democráticas y marginar a los extremistas.

En otras partes del mundo, la situación no es tan fácil. Los regímenes desacreditados pueden aferrarse aún más despiadada y ruinosamente al poder, como en Siria, o pueden crear toda clase de problemas nuevos en su salida del poder, como en Libia, o pueden estar esforzándose por introducir la rendición democrática de cuentas, al tiempo que mantienen la estabilidad, como en Egipto.

En Birmania, vemos otro modelo: un intento audaz, después de decenios de gobierno militar, de avanzar de forma controlada, pero decidida, hacia una nueva forma de gobierno no excluyente. Este caso presenta sorprendentes similitudes con lo que ocurrió en Polonia cuando acabó el comunismo. Una minoría militar es partidaria de una reforma progresiva, pero quiere proteger su posición y está decidida a evitar la caída en el caos. La oposición está encabezada por un dirigente carismático con enorme apoyo popular y la minoría gobernante ofrece cierto número de escaños parlamentarios a una votación popular y se queda conmocionada ante una victoria aplastante de la oposición.

Además, como ocurrió en Polonia, los dirigentes de la oposición de Birmania deben mantener un equilibrio delicado: satisfacer a sus impacientes partidarios (muchos de los cuales sufrieron enormemente bajo el antiguo régimen), al tiempo que ofrecen a los que aún ocupan el poder la perspectiva de un futuro válido.

Pero hay diferencias fundamentales. Birmania tiene una dinámica política interna muy diferente, entre otras cosas por la compleja relación entre sus diversas comunidades étnicas y lingüísticas: divisorias sociales que no existían en la transición de una Polonia en gran medida homogénea.

Además, a diferencia de Polonia cuando se desplomó el comunismo, Birmania ya tiene poderosos magnates de los negocios que han prosperado durante el sistema vigente… y están decididos a mantener y desarrollar sus privilegios. Sobre todo, no hay un marco institucional internacional e inmediato que fomente el cambio constante y establezca normas y criterios: Birmania debe encontrar su propia vía.

A principios de este mes, visité Birmania, donde me reuní con el Presidente Thein Sein y la dirigente de la oposición Aung San Suu Kyi, además de ex presos políticos y muchos otros activistas. Quedé convencido de que Birmania es un país en movimiento… y que avanza firmemente en la buena dirección.

Todas las partes reconocen que ese país grande y rico en recursos ha tenido un rendimiento muy inferior a sus posibilidades durante un tiempo demasiado largo. También convienen en que un planteamiento progresivo, basado en la reconciliación, es mejor que una lucha declarada por el poder, que podría cobrar rápidamente una desastrosa dimensión étnica. Ese consenso seguirá siendo digno de crédito mientras continúe la reforma política y se acelere el crecimiento económico. Después de un período tan largo de estancamiento, la población quiere ver y sentir cambios para mejor en sus vidas.

Los demás debemos adoptar una actitud constructiva y creativa, no prescriptiva ni demasiado exigente. Sobre todo, debemos tener paciencia.

La suspensión de las sanciones por parte de la UE y la disposición general a entablar un diálogo constructivo tienen sentido. Los dirigentes de Birmania deben responder liberando a todos los presos políticos y abriendo enteramente todo el proceso político. La UE debe velar también por que su asistencia para el desarrollo –y el proceso de su materialización– realce el pluralismo y la reconciliación, al beneficiar a todas las comunidades de Birmania equitativa y transparentemente.

Polonia va a hacer su propia contribución directa, sobre todo ayudando a las autoridades birmanas, a los dirigentes de la oposición y a los representantes empresariales a entender la “tecnología de la transición”, es decir, la sucesión ordenada de las reformas técnicas, que ha contribuido a hacer de Polonia una de las economías más saneadas de la Europa actual. Nuestros representantes comerciales me acompañaron para exponer proyectos de inversión en gran escala.

Tal vez el aspecto más alentador de mi visita a Birmania fuera la buena disposición a abrirse y aprender de otros países que han hecho el doloroso recorrido de la dictadura a la democracia. Un general me preguntó, en privado: “¿Cómo consiguieron ustedes aplicar unos cambios políticos tan espectaculares sin derramamiento de sangre?” Una joven participante en nuestro seminario sobre la democracia dijo a los periodistas y conferenciantes reunidos: “Pensábamos que Birmania era un único ejemplo. Ahora vemos que países lejanos han tenido experiencias muy similares. Nos sentimos menos solos, porque todo salió muy bien en el caso de ustedes”.

Con ese espíritu –y la ayuda extranjera idónea– confió en que también salga todo bien para Birmania.

Traducido del inglés por Carlos Manzano.

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