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La economía política de 2013

NEWPORT BEACH – La de ver a los dirigentes americanos esforzarse en los últimos días de 2012 para evitar un “precipicio fiscal” que hundiría la economía en la recesión ha sido otra ilustración más de una verdad inconveniente: la política desordenada sigue siendo un motor importante de los acontecimientos económicos.

En algunos casos durante 2012, la política ha sido una fuerza positiva: piénsese en la capacidad del Primer Ministro Mario Monti para sacar a Italia de su situación al borde de la agitación financiera, pero en otros casos, como el de Grecia, la disfunción política ha agravado los problemas económicos.

En 2013 es probable que persistan los estrechos y decisivos vínculos entre la política y la economía. Ahora bien, debemos esperar también una mayor segmentación de las repercusiones... y que las consecuencias afectarán a países determinados y al sistema mundial en conjunto.

En algunos países –por ejemplo, Italia, el Japón y los Estados Unidos– la política seguirá siendo el motor principal de los planteamientos de la política económica, pero en otros –pensemos en China, Egipto, Alemania y Grecia– será lo contrario, pues la economía será el principal factor determinante de los resultados políticos.

Esa dualidad en la causalidad se da en un mundo que se volverá más heterogéneo en 2013... y al menos en dos formas: carecerá de temas políticos unificadores y estará sujeto a un crecimiento con múltiples velocidades y a una dinámica financiera que entrañan diversas situaciones hipotéticas para las relaciones entre las políticas multilaterales.

Como se acercan unas elecciones en Italia, la tecnocrática administración interina devolverá las riendas del poder a un gobierno democráticamente elegido. La cuestión, tanto para Italia como para Europa en conjunto, es la de si el nuevo gobierno mantendrá la posición actual en materia de política económica o la cambiará por una menos aceptable para los socios exteriores del país (en particular, Alemania y el Banco Central Europeo).

Monti puede participar o no en el nuevo gobierno. Cuanto más alejado esté de él, mayor será la tentación de modificar el planteamiento de las políticas como reacción ante las presiones populares. Consistiría en una menor insistencia en las reformas fiscales y estucturales, lo que seria motivo de preocupación en Berlín, Bruselas y Frankfurt.

El gobierno entrante del Japón ya ha señalado un eje de la política económica, al confiar en lo que controla directamente (la política fiscal), junto con la presión al Banco del Japón, para relajar la posición en materia de política económica, con miras a lograr un crecimiento más rápido y una mayor inflación. En ese proceso, los funcionarios están debilitando el yen. También intentarán reducir la dependencia de las exportaciones por parte del Japón y replantearse el envío de instalaciones de producción a países con salarios más bajos.

Las repercusiones económicas de la política en los EE.UU, si bien son importantes, serán menos dinámicas: al no disponerse de un Congreso más cooperativo, la política contendrá las reacciones en materia de políticas en lugar de alimentar un mayor activismo. La continuidad de la polarización del Congreso mantendría la incertidumbre política, frustraría las negociaciones sobre la deuda y el déficit y obstaculizaría el crecimiento económico. Al obstaculizar las reformas fiscales a medio plazo y aplazar las revisiones necesarias de los mercados laboral e inmobiliario, la disfunción del Congreso mantendría los resultados económicos de los EE.UU. por debajo de su capacidad; con el tiempo, erosionaría también la producción potencial.

En otros países, la dirección causal irá de la economía a la política. En Egipto y Grecia, por ejemplo, la pobreza en aumento, el elevado desempleo y la agitación financiera podrían someter al Gobierno a presiones. La frustración popular podría no esperar a las urnas, sino que la dureza de la situación podría alimentar los disturbios civiles, con lo que amenazaría la legitimidad, la credibilidad y la eficacia de sus gobiernos… y sin opciones substitutivas evidentes que pudieran contribuir rápidamente a una recuperación económica y un aumento del nivel de vida.

En China, la credibilidad de los dirigentes entrantes dependerá en gran parte de si la economía puede consolidar su aterrizaje suave. Concretamente, cualquier período prolongado con un crecimiento inferior al siete por ciento podría alentar a la oposición y a los disidentes... no solo en las zonas rurales, sino también en los centros urbanos.

Además, hay que tener en cuenta a Alemania, que tiene la clave para la integridad y la unidad de la zona del euro. Hasta ahora, la Canciller Angela Merkel ha logrado en gran medida aislar la economía alemana de la agitación de otras zonas de Europa. El desempleo ha seguido siendo notablemente bajo y la confianza relativamente alta y, si bien el crecimiento se ha moderado recientemente, Alemania sigue siendo una de las economías con mejores resultados de Europa… y no sólo su pagadora.

Si bien algunos habrían sido partidarios de un mayor activismo en materia de políticas, la Alemania de Merkel ha constituido un ancla firme para la zona del euro, que se esfuerza por acabar con los azotes de inestabilidad económica y poner fin a las preguntas sobre su supervivencia como unión monetaria con buen funcionamiento (y que aspira a llegar a ser mucho más). Así, pues, un cambio en la dirección alemana provocaría incógnitas sobre el apuntalamiento de las políticas de Europa.

Una de las cuestiones más importantes para 2013 y años siguientes es la de cómo se relacionan la política y la economía en los niveles nacional y mundial. Hay tres situaciones hipotéticas: una economía positiva y una política eficaz brindan la base para una economía mundial con crecimiento y más cooperativa; una economía negativa se combina con una política disfuncional para deteriorar la situación; o bien el mundo va tirando, cada vez con mayor inestabilidad, como una lucha a bazo partido entre la economía y la política, sin un resultado ni una dirección claros.

Parte de la respuesta depende de lo que ocurra en tres países en particular: China, Alemania y los Estados Unidos. Su estabilidad económica y política es esencial para el bienestar de una economía mundial que aún no se ha recuperado completamente de la crisis financiera mundial de 2008.

Los indicios actuales, aun incompletos, indican que los tres seguirán siendo el ancla de la economía mundial en 2013. Es una buena noticia. La mala noticia es que su ancla sigue siendo insegura e insuficiente para restablecer el nivel de crecimiento y de estabilidad financiera a los que miles de millones de personas aspiran.

Traducido del inglés por Carlos Manzano.