Friday, August 1, 2014
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La economía política de 2013

NEWPORT BEACH – La de ver a los dirigentes americanos esforzarse en los últimos días de 2012 para evitar un “precipicio fiscal” que hundiría la economía en la recesión ha sido otra ilustración más de una verdad inconveniente: la política desordenada sigue siendo un motor importante de los acontecimientos económicos.

En algunos casos durante 2012, la política ha sido una fuerza positiva: piénsese en la capacidad del Primer Ministro Mario Monti para sacar a Italia de su situación al borde de la agitación financiera, pero en otros casos, como el de Grecia, la disfunción política ha agravado los problemas económicos.

En 2013 es probable que persistan los estrechos y decisivos vínculos entre la política y la economía. Ahora bien, debemos esperar también una mayor segmentación de las repercusiones... y que las consecuencias afectarán a países determinados y al sistema mundial en conjunto.

En algunos países –por ejemplo, Italia, el Japón y los Estados Unidos– la política seguirá siendo el motor principal de los planteamientos de la política económica, pero en otros –pensemos en China, Egipto, Alemania y Grecia– será lo contrario, pues la economía será el principal factor determinante de los resultados políticos.

Esa dualidad en la causalidad se da en un mundo que se volverá más heterogéneo en 2013... y al menos en dos formas: carecerá de temas políticos unificadores y estará sujeto a un crecimiento con múltiples velocidades y a una dinámica financiera que entrañan diversas situaciones hipotéticas para las relaciones entre las políticas multilaterales.

Como se acercan unas elecciones en Italia, la tecnocrática administración interina devolverá las riendas del poder a un gobierno democráticamente elegido. La cuestión, tanto para Italia como para Europa en conjunto, es la de si el nuevo gobierno mantendrá la posición actual en materia de política económica o la cambiará por una menos aceptable para los socios exteriores del país (en particular, Alemania y el Banco Central Europeo).

Monti puede participar o no en el nuevo gobierno. Cuanto más alejado esté de él, mayor será la tentación de modificar el planteamiento de las políticas como reacción ante las presiones populares. Consistiría en una menor insistencia en las reformas fiscales y estucturales, lo que seria motivo de preocupación en Berlín, Bruselas y Frankfurt.

El gobierno entrante del Japón ya ha señalado un eje de la política económica, al confiar en lo que controla directamente (la política fiscal), junto con la presión al Banco del Japón, para relajar la posición en materia de política económica, con miras a lograr un crecimiento más rápido y una mayor inflación. En ese proceso, los funcionarios están debilitando el yen. También intentarán reducir la dependencia de las exportaciones por parte del Japón y replantearse el envío de instalaciones de producción a países con salarios más bajos.

Las repercusiones económicas de la política en los EE.UU, si bien son importantes, serán menos dinámicas: al no disponerse de un Congreso más cooperativo, la política contendrá las reacciones en materia de políticas en lugar de alimentar un mayor activismo. La continuidad de la polarización del Congreso mantendría la incertidumbre política, frustraría las negociaciones sobre la deuda y el déficit y obstaculizaría el crecimiento económico. Al obstaculizar las reformas fiscales a medio plazo y aplazar las revisiones necesarias de los mercados laboral e inmobiliario, la disfunción del Congreso mantendría los resultados económicos de los EE.UU. por debajo de su capacidad; con el tiempo, erosionaría también la producción potencial.

En otros países, la dirección causal irá de la economía a la política. En Egipto y Grecia, por ejemplo, la pobreza en aumento, el elevado desempleo y la agitación financiera podrían someter al Gobierno a presiones. La frustración popular podría no esperar a las urnas, sino que la dureza de la situación podría alimentar los disturbios civiles, con lo que amenazaría la legitimidad, la credibilidad y la eficacia de sus gobiernos… y sin opciones substitutivas evidentes que pudieran contribuir rápidamente a una recuperación económica y un aumento del nivel de vida.

En China, la credibilidad de los dirigentes entrantes dependerá en gran parte de si la economía puede consolidar su aterrizaje suave. Concretamente, cualquier período prolongado con un crecimiento inferior al siete por ciento podría alentar a la oposición y a los disidentes... no solo en las zonas rurales, sino también en los centros urbanos.

Además, hay que tener en cuenta a Alemania, que tiene la clave para la integridad y la unidad de la zona del euro. Hasta ahora, la Canciller Angela Merkel ha logrado en gran medida aislar la economía alemana de la agitación de otras zonas de Europa. El desempleo ha seguido siendo notablemente bajo y la confianza relativamente alta y, si bien el crecimiento se ha moderado recientemente, Alemania sigue siendo una de las economías con mejores resultados de Europa… y no sólo su pagadora.

Si bien algunos habrían sido partidarios de un mayor activismo en materia de políticas, la Alemania de Merkel ha constituido un ancla firme para la zona del euro, que se esfuerza por acabar con los azotes de inestabilidad económica y poner fin a las preguntas sobre su supervivencia como unión monetaria con buen funcionamiento (y que aspira a llegar a ser mucho más). Así, pues, un cambio en la dirección alemana provocaría incógnitas sobre el apuntalamiento de las políticas de Europa.

Una de las cuestiones más importantes para 2013 y años siguientes es la de cómo se relacionan la política y la economía en los niveles nacional y mundial. Hay tres situaciones hipotéticas: una economía positiva y una política eficaz brindan la base para una economía mundial con crecimiento y más cooperativa; una economía negativa se combina con una política disfuncional para deteriorar la situación; o bien el mundo va tirando, cada vez con mayor inestabilidad, como una lucha a bazo partido entre la economía y la política, sin un resultado ni una dirección claros.

Parte de la respuesta depende de lo que ocurra en tres países en particular: China, Alemania y los Estados Unidos. Su estabilidad económica y política es esencial para el bienestar de una economía mundial que aún no se ha recuperado completamente de la crisis financiera mundial de 2008.

Los indicios actuales, aun incompletos, indican que los tres seguirán siendo el ancla de la economía mundial en 2013. Es una buena noticia. La mala noticia es que su ancla sigue siendo insegura e insuficiente para restablecer el nivel de crecimiento y de estabilidad financiera a los que miles de millones de personas aspiran.

Traducido del inglés por Carlos Manzano.

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  1. CommentedVictor Morris

    As "Winston Churchill" said, "All wars are created by poverty and oppression, war is hell!"

  2. CommentedMargaret Bowker

    An engrossing article. The US seems to be gradually going through a transition period, in which The American Dream achieves a basic safety net through a sense of balance and co-operation. A positive, can-do attitude towards the Debt Ceiling and spending cuts negotiation will enable the US to start 2013 with increased confidence that Congress has purpose and drive. That neither side is asking too much, that reasonable proposals are being put forward, that decision making has momentum. Mohamed El-Erian warns what might happen if impasse becomes the norm, although I trust in a deep sense of responsibility to safeguard growth and a balanced reduction programme. Similarly with Japan, change is in the air, but it seems, not to the extent of leaving behind previous sound policies. Japan is going for growth and the vote is there to activate it. A 2% inflation target is usual in a number of economically important countries, so making space for growth in this way seems well worth considering. The commentary on Germany and the Eurozone described the situation very well.

  3. CommentedOdysseas Argyriadis

    In Greece, as always, the biggest problematic factor is corruption. Running the news atm is the case of a businesman who forged public documents pertaining to insurance costs of his employees and, hear hear, the public insurance office, IKA, agreed to a settlement with him for the amount of money due. The fun fact is that the settlement agreement for the full payment of the amount ends on 2.404. So, expect popular unrest, but based on corruption, not so much on poverty.

  4. CommentedProcyon Mukherjee

    It is a matter of great debate that political convergence / divergence on a topic by the polity when crisis has already struck and that when a crisis is to be averted is mysteriously shrouded in the understanding of what the policy action would ‘impress’ on the general public as viewed by the cohorts of the political system; I do not know how to describe the current state, one where crisis has already struck or where we are trying to avert one. This tends to make policy actions quicker or slower to evolve, but more importantly the trappings of an engagement process that has asymmetric gains and losses for a partisan approach versus a non-partisan one have never been more visibly demonstrated than the current one, where one is moving from one cliff (fiscal) to the other (debt ceiling).

    Procyon Mukherjee

  5. Portrait of Pingfan Hong

    CommentedPingfan Hong

    "In China, the credibility of the incoming leadership will depend in large part on whether the economy can consolidate its soft landing. Specifically, any prolonged period of sub-7% growth could encourage opposition and dissent": this statement has oversimplified the linkage between politics and economics in China. While GDP growth remains an important indicator, more concerns are focused on the widening income inequality, as well as environmental pollution.

  6. CommentedCarol Maczinsky

    Germany seems the only remaining sane nation. No fiscal drama, no growth fantasies based on unavailable funds, no drone assinations and pro-torture discussions. Steinbruck is only more determined than Merkel. Monti can solve their fiscal troubles anytime by selling South-Tyrol back to Austria.

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