Wednesday, April 16, 2014
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¿Hollande o la insurrección?

PARIS - Para bien o para mal, Europa se está rebelando contra el pacto fiscal que condena a los países miembros de la Unión a una austeridad sin crecimiento. ¿Va a ser necesario un golpe militar para que se reconozca que la situación es insostenible?¿O la elección de François Hollande como presidente francés cambiará la postura intransigente de Alemania?

La perspectiva de reducir el déficit público a menos del 3% del PIB no es realista, ni en los Países Bajos ni en España. A menos que esté lista para aplicar medidas punitivas ya mismo, la UE tendrá que dar a estos países un margen adicional, teniendo en cuenta que la opinión pública europea tiende a responder negativamente cada vez que se le consulta. En Grecia no fue posible crear un gobierno tras los resultados de las últimas elecciones, por lo que habrá que volver a convocar el voto popular en junio.

Afortunadamente, Irlanda se encuentra en una situación menos preocupante, pero se aleja cada vez más la probabilidad de que el pacto fiscal sea aprobado en un referendo popular. Es verdad que la eliminación de la cláusula de unanimidad proporciona una manera de evitar este obstáculo y hacer posible la aplicación del pacto, pero esto no resuelve nada, porque ni Francia ni Italia lo ratificarán. Incluso los socialdemócratas alemanes, cuyo apoyo necesita la canciller Angela Merkel para lograr la ratificación en el Parlamento, parecen haber dado solo un apoyo condicional.

Se está acusando a Alemania de dogmatismo monetarista y de ser responsable de acentuar la asimetría económica con sus vecinos de la eurozona. La situación relativamente saludable de su economía le permite financiar su deuda a una tasa inferior a la inflación, mientras que otros estados europeos financian las suyas a tasas tres puntos superiores al índice inflacionario.

Tras la derrota Nicolas Sarkozy, Merkel no tiene prácticamente ningún apoyo en la eurozona, aparte de Finlandia. El tándem con Sarkozy les resultó a los alemanes muy útil para hacer prevalecer sus puntos de vista, mientras que Sarkozy aceptó su papel en la dupla "Merkozy" para poder mantener el papel clave de Francia en la gestión de crisis europea. En cuanto a la forma, la tradicionalmente profederalista Alemania se alineó con la vieja insistencia de Francia sobre una Europa regida de gobiernos. Pero, en términos de sustancia (austeridad frente a un crecimiento económico que se necesita con urgencia) Francia salió perdiendo.

Hollande está decidido a cambiar de rumbo. Cree profundamente en la centralidad de la relación franco-alemana para Europa, pero es lo suficientemente realista como para ver que sufre un importante desequilibrio debido al declive económico de Francia, y que el apoyo de Sarkozy a las preferencias alemanas no era lo suficientemente valioso como para dar la impresión de estar al centro de la toma de esas decisiones.

La victoria de Hollande ya ha redefinido drásticamente la política europea. Casi todos los gobiernos europeos cuentan con él para cambiar el equilibrio de poder. Rara vez unas elecciones francesas han tenido tanta repercusión en Europa. ¿Lo logrará?

Las cuatro propuestas presentadas por Hollande generan tanto consenso que para Alemania sería difícil oponérseles: el uso de recursos no desembolsados de los Fondos Estructurales de la UE, la recapitalización del Banco Europeo de Inversiones, la creación de bonos de proyectos, y aplicar impuestos a las transacciones financieras. Cabe destacar que las dos propuestas que tenían más probabilidades de encontrarse con la oposición de Alemania (los Eurobonos para hacer un fondo común ante el riesgo y la transformación del Mecanismo Europeo de Estabilidad en un banco que pueda tomar préstamos del Banco Central Europeo) fueron retirados de su borrador de memorando a los líderes europeos.

A pesar de la gravedad de la situación, Hollande tiene tres ventajas: el exceso de austeridad es poco realista, dada la creciente oposición social; los déficits públicos son solo una pequeña parte de los problemas de Europa (y no necesariamente el origen de la crisis); y fuera de Alemania ha surgido un amplio consenso para cambiar de rumbo. Más aún, en la próxima cumbre del G-8 Hollande contará con el apoyo de un Estados Unidos preocupado de que una deflación en Europa pueda frenar su propia recuperación económica.

Históricamente, Alemania nunca se ha beneficiado del aislamiento. Es probable que este argumento histórico-político ayude a Hollande a modificar su postura.

Por supuesto, se podría argumentar que el consenso europeo es bastante ambiguo. Algunos son partidarios de estimular el crecimiento a través de proyectos de inversión, mientras que otros hacen hincapié en la reforma estructural. Por otra parte, no hay garantías de que las propuestas de Hollande puedan reactivar rápidamente las economías moribundas. De hecho, es bastante evidente que en un país como Francia, la reducción del gasto público - sobre todo los a menudo improductivos gastos de funcionamiento del estado- es un requisito previo para la recuperación.

Sin embargo, por definición, los problemas de Europa no se pueden resolver simultáneamente. Y lo que no es en absoluto ambiguo es el rechazo de la opinión pública a la austeridad o, por lo demás, la creciente preocupación de los mercados financieros de que el crecimiento se pueda ver afectado en el largo plazo. Se trata de una alianza rara y de gran alcance que los dirigentes políticos europeos ignoran a su propio riesgo.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

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  1. CommentedPaul A. Myers

    Germany, the Netherlands, Austria, Denmark, Sweden, Poland, Czech Republic, the Baltic Republics are all going to grow faster than France, Italy, and Spain over time. Power is going to flow northeast.

    The insurrection is not sustainable.

  2. CommentedPaul A. Myers

    There are two types of growth. One comes from increasing demand by borrowing and spending money. This can be an excellent countercyclical tool. The other way is to encourage enterprises that earn profits to reinvest profits to meet increased future demand. This is the basis of sustainable economic growth.

    If you are spending short-term, but not reforming long-term, then sustainability, particularly at higher levels of employment, becomes problematic.

    If you liberalize, the first effect will probably be more unemployment. Then you need stimulus funds to get these people back to work. So stimulus money is simply stabilizing, not creating short-term growth.

    One can see that European governments are going to be reluctant to embark upon structural refomrs.

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