Human Rights
Días de silencio en Birmania
Vaclav Havel
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PRAGA – En los próximos días –tal vez las próximas horas incluso– se va a decidir el destino de Birmania (también conocida como Myanmar) y la suerte de más de cincuenta millones de birmanos. La crisis actual ha ido fraguándose durante muchos años, pero nadie sabía con precisión cuándo estallaría la rebelión abierta contra la dictadura militar de Birmania.
Me temo que, con pocas excepciones, la mayoría de los países se han visto sorprendidos y cogidos desprevenidos –una vez más– por el rápido desarrollo de los acontecimientos sucedidos en Birmania. Por eso, no parecen mínimamente preparados para la crisis y no saben qué hacer al respecto.
¿Cuántas veces y en cuántos lugares ha ocurrido lo mismo? Sin embargo, peor es el número de países que consideran conveniente desviar la vista y hacer oídos sordos ante el silencio sepulcral con el que ese país asiático prefiere presentarse ante el mundo exterior.
En Birmania, el poder de monjes budistas cultos, personas desarmadas y amantes de la paz por naturaleza, se ha alzado contra el régimen militar. Que los monjes encabecen las protestas no es de extrañar precisamente para quienes se han interesado desde hace mucho por la situación en Birmania.
A un número abrumador de monjes budistas de Birmania les ha resultado difícil soportar el empeño de los gobiernos regionales y central de corromper las órdenes monásticas y abusar del ejemplo de autodominio de los monjes para intensificar la presión sobre otros creyentes. Naturalmente, sin un apoyo económico y político y de los medios de comunicación universal y coordinado a esos valerosos monjes, el desarrollo de Birmania puede experimentar rápidamente un retraso de casi 20 años.
Todos los días, en numerosas conferencias académicas e internacionales en todo el mundo podemos asistir a debates eruditos sobre los derechos humanos y las proclamaciones emocionados en su defensa. Así, pues, ¿cómo es posible que la comunidad internacional siga mostrándose incapaz de responder de forma eficaz para disuadir a los gobernantes militares de Birmania de que intensifiquen la fuerza que han empezado a emplear en Rangún y sus templos budistas?
Durante docenas de años, la comunidad internacional ha estado debatiendo sobre cómo debe reformar las Naciones Unidas para que pueda garantizar mejor la dignidad humana y cívica frente a conflictos como los que ahora suceden en Birmania o Darfur (Sudan) No son las víctimas inocentes de la represión las que están perdiendo la dignidad, sino la comunidad internacional, cuya inacción nos obliga a contemplar impotentes, mientras las víctimas son entregadas a su suerte.
Naturalmente, los dictadores del mundo saben exactamente cómo aprovechar la falta de voluntad de la comunidad internacional y su incapacidad para coordinar medidas eficaces. ¿De qué otro modo pueden explicarlo sino como una completa confirmación del status quo y de su propia capacidad para actuar con impunidad?
Václav Havel es ex Presidente de la República Checa.
Copyright: Project Syndicate, 2007.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por Carlos Manzano.
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