Saturday, August 30, 2014
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Hamas regresa del frío

CIUDAD DE GAZA – Tras el cambio revolucionario que se produjo en Oriente Medio, las fuerzas del Islam político obtuvieron una victoria electoral tras otra. Mientras Occidente lidia con el rápido ascenso de islamistas moderados en Túnez, Marruecos y Egipto, la cuestión del papel que desempeña Hamas en los territorios palestinos se asoma con fuerza en el horizonte. La firma de un nuevo acuerdo de unidad entre Hamas y el partido secular Fatah del presidente palestino Mahmoud Abbas a comienzos de este mes puso de manifiesto una lucha sin precedentes al interior de Hamas sobre su futuro accionar como movimiento islamista. La manera en que responda Occidente bien podría influir en el desenlace.

Como demostraron los acontecimientos de las últimas semanas, los días de aislamiento casi total de Hamas en Oriente Medio quedaron atrás. Mientras la mayoría de los gobiernos occidentales siguen considerándolo una organización terrorista, en las capitales árabes los embargos políticos dieron lugar al compromiso. En diciembre, Ismail Haniyeh, primer ministro de la Autoridad Palestina liderada por Hamas en Gaza, inició una gira por el Mediterráneo que incluyó paradas en Túnez, El Cairo y Estambul. A mediados de febrero, fue recibido calurosamente en Qatar, Bahrein e Irán.

Sin embargo, esta iniciativa política no emanó exclusivamente de Gaza. En enero, Khaled Mashal, el líder del bureau político de Hamas con sede en Damasco, se embarcó en su propia iniciativa diplomática, y fue recibido por el rey Abdullah de Jordania –la primera visita de estas características en más de una década-. En febrero, Mashal coronó estos esfuerzos en Qatar con la firma del nuevo acuerdo de unidad con Fatah, que compromete a ambos movimientos palestinos a un gobierno transicional bajo el liderazgo de Abbas.  

Desde entonces, los desacuerdos al interior de Hamas no hicieron más que aumentar, enfrentando a los líderes de la Diáspora del movimiento con el gobierno de Gaza liderado por Hamas, que abiertamente rechazó el acuerdo de unidad. Si bien las ambiciones personales definitivamente inciden en las tensiones, lo que subyace en el centro es un conflicto fundamental por el carácter de Hamas.

Haniyeh, que representa al ala conservadora del liderazgo de Hamas en Gaza, intentó sacar rédito de los cambios regionales. El cambio de régimen en Egipto y la apertura de la frontera con Gaza le arrojaron un salvavidas a su gobierno, durante mucho tiempo boicoteado. En particular, la reciente gira diplomática de Haniyeh cosechó no sólo un reconocimiento simbólico para Hamas, sino también respaldo a su postura inflexible frente a Israel. Haniyeh no perdió oportunidad de criticar las negociaciones de paz “inútiles” y, en Teherán, prometió que la “resistencia” de Hamas continuaría “hasta que toda la tierra palestina haya sido liberada”.

El significado de estos comentarios merece cierta aclaración. En otra medida reveladora, Haniyeh también sugirió recientemente fusionar a Hamas con el movimiento islámico Jihad, que sigue apuntando a civiles israelíes con cohetes disparados desde Gaza. 

Mashal, en cambio, llegó a representar una fuerza de cambio. En mayo del año pasado, firmó un acuerdo de reconciliación inicial con Fatah en El Cairo, que comprometía a Hamas a un gobierno de unidad palestino, instaba a un cese de la violencia y aceptaba la noción de un estado palestino con las fronteras de 1967. Mashal también le ofreció a Abbas un plazo de un año para negociar con Israel y, a diferencia de Haniyeh, respaldó las recientes “conversaciones exploratorias” palestino-israelíes en Jordania.

Una razón para el cambio de actitud de Mashal se puede encontrar en la revuelta popular en curso en Siria contra el presidente Bashar al-Assad. El líder del Hamas sunita ya no puede respaldar a su anfitrión sirio, que aplicó mano dura contra la oposición dominada por los sunitas. En consecuencia, Mashal intentó cerrar filas con Fatah y ahora procura trasladar el cuartel de la Diáspora de Hamas de Damasco –un símbolo poderoso de sus esfuerzos por reinventarse.

Sin embargo, la reticencia de Mashal a respaldar a Assad no sólo lo obligó a reubicarse. También desató la ira del aliado de Siria, Irán, que respondió retirando su respaldo financiero a Hamas –negándole así a Mashal una fuente clave de influencia dentro del movimiento-. De hecho, la decisión de Mashal puso fin definitivamente a sus vínculos con sus dos aliados más importantes, lo que no sólo debilita su postura, sino que también aumenta su voluntad de abrazar la moderación política.

Las tensiones se incrementaron dramáticamente cuando Mashal firmó el acuerdo de unidad con Fatah, después de manifestar su intención de renunciar como jefe del bureau político. Si bien ese anuncio puede haber sido un chantaje político destinado a obligar a Gaza a encuadrarse, subrayó la confianza de Mashal en su popularidad, que desde entonces se ha visto reivindicada por expresiones de respaldo tanto dentro como fuera del bureau político para que permaneciera al mando.

Mashal tiene más de una opción. Puede resurgir como el líder de una rama palestina recientemente establecida de la Hermandad Musulmana o como el líder de un nuevo partido político islamista bajo el paraguas de la Organización para la Liberación Palestina. Una fusión de estas características de Hamas con las organizaciones políticas palestinas establecidas significaría una aceptación formal de parte de Hamas de una solución de dos estados, a la vez que implicaría un paso importante en la transformación del movimiento.

Para Occidente, utilizar la oportunidad de influir en el curso futuro de Hamas exige modificar la política fallida de un rechazo total y absoluto. Como en Egipto, Marruecos y Túnez, es preciso comprometer a los moderados islamistas en los territorios palestinos como una fuerza política legítima. Los líderes como Mashal, que expresó su voluntad de poner fin a alianzas con Siria e Irán y de aceptar una solución de dos estados con Israel, deberían ser respaldados, no boicoteados. Eso implica apoyar el esfuerzo actual por formar un gobierno palestino interino de tecnócratas, como se estipuló en el acuerdo de Qatar.

Habrá momentos en los que una estrategia de esta naturaleza significará un desafío; Hamas, sin duda, será una contraparte difícil. Pero Estados Unidos, los gobiernos europeos e Israel deberían aprovechar esta oportunidad para comprometer a los moderados de Hamas y poner a prueba su flexibilidad. En el nuevo Oriente Medio, la actual estrategia de Occidente no hará más que fortalecer a las alas duras en Gaza y otras partes.

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