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¿Qué quieren los Estados Unidos?

Richard N. Haass

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2003-05-29

Cuando los líderes de las naciones más ricas del mundo se reunan en Evián, Francia, habrá una pregunta en el ambiente: ¿qué quieren los Estados Unidos en el mundo? Por ello puede ser útil esbozar los principios y las ideas que guían la política exterior de los EU.

Primero, la inconsistencia no es un vicio. De hecho, en política exterior, la inconsistencia es frecuentemente una virtud. No hablo de principios, sino de política. Los EU no tienen un enfoque "unitalla" sobre el mundo. Lo que sucedió en Iraq no se debe interpretar como un modelo rígido de política de los EU hacia países que buscan desarrollar armas de destrucción masiva, que apoyan al terrorismo o que le niegan la libertad a sus pueblos.

En Iraq, los EU utilizaron la fuerza como último recurso en contra de un país con un claro historial de agresiones, y después de que se había creado un consenso internacional amplio sobre lo que Iraq tenía que hacer. Se necesitarán políticas distintas (ajustadas a las realidades locales, regionales e internacionales) para afrontar los retos que plantean Corea del Norte, Irán, Siria u otros lugares.

Las fuerzas armadas de Estados Unidos son un elemento esencial para gran parte de lo que los EU logran a nivel internacional. Pero la política de defensa es sólo uno de los componentes de la política exterior. No todas las amenazas a los intereses nacionales de Estados Unidos se pueden abordar con el poderío militar. Como dice el dicho, si tu única herramienta es un martillo, todos los problemas comienzan a parecer clavos. El éxito en la política exterior, como en la carpintería, requiere de las herramientas adecuadas para el trabajo.

La cooperación es esencial en esto. Con todo su poder, pocas cosas pueden hacer los EU en el mundo que no estarían mejor hechas con la participación activa de otros, sean gobiernos, organismos internacionales u organizaciones no gubernamentales.

La cooperación facilita la solución de problemas que rebasan a las respuestas exclusivamente nacionales y significa que las cargas se comparten. Los Estados Unidos confían en la cooperación en la guerra global contra el terrorismo: los gobiernos extranjeros ofrecen cooperación en cuestiones de inteligencia y aplicación de las leyes; los socios comerciales garantizan la seguridad de los contenedores para mercancías; las instituciones financieras privadas ayudan a rastrear las transferencias de fondos que mantienen a las redes del terrorismo.

Más allá de la cooperación, las instituciones internacionales agregan valor, siempre y cuando estén organizadas eficientemente, tengan mandatos realistas y contengan miembros comprometidos con normas y metas comunes. Esas instituciones pueden promover los intereses nacionales de los EU y con frecuencia lo hacen. En efecto, sería difícil llevar a cabo aspectos críticos de la política exterior de los EU (desde el comercio hasta la no proliferación y la política ambiental) sin ellas.

La Organización Mundial del Comercio es un ejemplo. Ofrece un foro para negociar nuevos acuerdos de liberalización comercial, busca remedios en contra del proteccionismo y las políticas discriminatorias y resuelve disputas entre socios comerciales. Pero los EU también deben garantizar que las instituciones existentes estén adaptadas a las realidades actuales. Por ejemplo, La OTAN está evolucionando de ser una alianza de la Guerra Fría enfocada exclusivamente a Europa, para convertirse en una apropiada para responder a los retos actuales de seguridad, donde sea que estos surjan, como en Afganistán y tal vez Iraq.

Los mayores éxitos del multilateralismo se dan cuando está construído sobre una verdadera convergencia de intereses y valores. La ONU y otros marcos globales pueden estar a veces en mejor posición para buscar las metas de política exterior de los EU. Cuando la ONU u otros cuerpos no quieren o no pueden actuar contra amenazas urgentes, Estados Unidos se reserva el derecho de actuar mediante alianzas más reducidas o flexibles, coaliciones ad hoc de quienes están dispuestos. Ni siquiera la ONU tiene el monopolio de la legitimidad, la cual depende principalmente de los motivos de una acción y de la forma en que se emprende.

La flexibilidad es necesaria dada la naturaleza de los retos que acechan en el horizonte. Si ignoramos a los Estados en decadencia, lo hacemos bajo nuestra cuenta y riesgo, ya que la anarquía crea un ambiente propicio para las ideologías extremistas y puede ofrecer refugio a terroristas, criminales y narcotraficantes. Una de nuestras tareas más urgentes actualmente es evitar la implosión de los Estados débiles. Otra es ayudar a los países que se han sumido en la violencia a emprender el lento proceso de la recuperación.

Uno de los estímulos que se encuentran detrás de los compromisos internacionales de Estados Unidos, y una de las mayores fuentes de su poder global ha sido su impulso constante para hacer del mundo un mejor lugar. Cualquier política exterior de los EU debe combinar intereses y valores, porque el público estadounidense siempre insiste en que los objetivos nacionales del país estén vinculados a los ideales nacionales.

El atractivo del liderazgo de los EU en el extranjero se basa en parte en el encanto de las instituciones políticas, la sociedad y la cultura del país y su disposición a defender los derechos humanos y la democracia. Al mismo tiempo, nuestros esfuerzos para promover la democracia en todo el mundo favorecen los intereses de los EU, debido a la terca comprensión de que las democracias arreglan sus diferencias de manera pacífica.

Actualmente no hay conflictos irreconciliables entre los principales centros de poder del mundo: Europa, Rusia, China, Japón y los EU. Esta congruencia de intereses y el acuerdo sobre las reglas del orden internacional ofrecen fundamentos promisorios para manejar en común los retos a que todos nos enfrentamos.

Nuestra meta principal debe ser la creación de un mundo en el que los gobiernos, las organizaciones y los pueblos adopten arreglos que les permitan lograr sus intereses compartidos y que reflejen valores fundamentales universales. Todos tienen un interés en un mundo en el que la fuerza se utilice únicamente como último recurso, en el que se considere al terorismo como reprensible, en el que las armas de destrucción masiva no proliferen ni se utilicen, en el que el libre comercio se convierta en la norma, en el que los ciudadanos disfruten de libertades básicas, en el que los valores democráticos triunfen y en el que las leyes remplacen a las armas. Lograr un mundo con ese nivel de integración puede ser optimista, incluso idealista, pero difícilmente es ingenuo.

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AUTHOR INFO

Richard N. Haass, formerly Director of Policy Planning in the US State Department, is President of The Council on Foreign Relations.