The Statesmen's Debate
La gran potencia olvidada de Asia
Richard N. Haass
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Al mencionar Asia, la mayoría de la gente piensa en los fascinantes gigantes emergentes de la región, China o India –o ambos. O piensa en el programa nuclear de Corea del Norte, en algún incidente terrorista o en las consecuencias humanitarias del último terremoto o tsunami. Pero frecuentemente se pasa por alto –o al menos se subestima- a Japón.
Esto es extraño dado que Japón es todavía la segunda economía más grande del mundo con un PIB anual de 5 billones de dólares –más que el de China e India juntos. A pesar de su tasa de crecimiento económico relativamente modesta, su PIB per cápita es de aproximadamente 38 mil dólares, más de diez veces que el de China o India.
Además, hay una agitación importante en Japón que sugiere cambios en los aspectos económicos y de seguridad. Los años 1990 pueden haber sido una década perdida, pero la economía de Japón ha empezado a recuperarse, y actualmente crece a más de 2% por año y ostenta varias compañías que verdaderamente son globales y muy exitosas.
Los cambios en las políticas exterior y de defensa son más considerables. En enero, la agencia de autodefensa de Japón fue ascendida a la categoría de ministerio. Japón ahora gasta más de 40 mil millones de dólares al año en defensa y mantiene uno de los ejércitos más diversos y modernos del mundo. Aproximadamente mil efectivos japoneses participan en Iraq y sus alrededores. Los intelectuales, periodistas y políticos ahora comentan y escriben cosas sobre el papel de Japón en el mundo que eran impensables hace una década. Es cuestión de tiempo y no de probabilidad que los japoneses enmienden el artículo IX de su constitución, que limita la participación de las fuerzas armadas de Japón a la autodefensa.
No a todos gustarán estos cambios. Los vecinos de Japón, que continúan abrigando preocupaciones que surgen de la Segunda Guerra Mundial y de la incapacidad de Japón para abordar adecuadamente su historia, se preocuparán por el nacionalismo japonés. Sin embargo, es del interés de los vecinos de Japón que éste sea más activo y más capaz y que tenga una democracia robusta y una economía próspera. El peligro no radica en la renovación del militarismo japonés sino, más bien, en un Japón que no pueda y no quiera contribuir con su parte para encarar los retos globales y regionales a que se enfrenta Asia.
Por su parte, Japón necesita seguir abriendo y reformando su economía, mejorar su ejército y hacer que sus fuerzas estén disponibles para las misiones de baja intensidad pero intensivas en cuestión de efectivos, que van desde la prevención del genocidio, pasando por la construcción nacional, hasta el mantenimiento de la paz, que cada vez son más necesarias en todo el Medio Oriente y África.
Los líderes japoneses también necesitan actuar con sensibilidad. El Primer Ministro Shinzo Abe ha arrancado de manera desigual. Por un lado, muestra inteligencia al no haber visitado el santuario de Yasukuni, levantado en honor a los millones de japoneses muertos en la guerra, incluyendo 14 criminales de guerra. Por otro lado, las declaraciones públicas de Abe que niegan la coerción ejercida por Japón sobre las esclavas sexuales en China y Corea han sido torpes en el mejor de los casos e insensibles en el peor.
Es esencial que Japón y China forjen una relación moderna. La frecuencia creciente de las visitas de alto nivel –el Primer Ministro Abe fue a China en octubre y el Premier chino Wen Jiabao acaba de estar en Japón—es algo positivo. Pero se necesita más. Los flujos comerciales y de inversiones pueden y deben ampliarse, lo que sólo es probable si las relaciones mejoran. Ambos países deberían comprometerse a resolver por la vía diplomática sus reclamos conflictivos sobre los recursos marinos. Se deberían facilitar los intercambios de todos tipos – militares, educativos, turísticos.
El mundo también debe tomar en cuenta la importancia de Japón. Ya no se debe negar a ese país un trato justo por los acontecimientos de hace más de 60 años. No hay razón por la que Japón no debiera tener un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Japón también debería ser participante de pleno derecho en los acuerdos regionales asiáticos. Asia es muy dinámica pero tiene relativamente poca profundidad de instituciones políticas, económicas y de seguridad influyentes, a diferencia de Europa, que a menudo carece de dinamismo pero es rica en instituciones. La relación franco-germana, que estuvo en el centro de muchos de los conflictos del siglo XX, ahora forma el núcleo de la Europa moderna. La meta debería de ser la misma para China y Japón.
La agenda es virtualmente ilimitada e incluye el comercio y las inversiones, la energía y el cambio climático, y la creación de confianza en la esfera de la seguridad. Se podría crear una nueva institución regional sobre la base de una existente (como el arreglo entre seis partes que se utilizó para manejar el desafío nuclear de Corea del Norte) o empezar desde el principio.
Además, así como Estados Unidos sigue desempeñando un papel importante en Europa, también debería actuar como el garante de la estabilidad de Asia y como fuente de prosperidad regional. La alianza Estados Unidos-Japón es esencial para la posición de aquel país en Asia. La meta no es incluir a Japón en alguna coalición anti-China, sino más bien aumentar la amplitud y profundidad de la cooperación entre Estados Unidos y Japón. Ambos países tienen muchos motivos para buscar este objetivo, considerando los programas nuclear y de misiles de Corea del Norte, el terrorismo y los numerosos retos a la estabilidad en todo el mundo.
La visita de Abe a Washington a finales de abril es una oportunidad para seguir modernizando una relación concebida en una era geopolítica anterior. Esperemos que no se vea opacada por los llamados en el Congreso de Japón a disculparse de manera más formal de lo que ya lo ha hecho por las esclavas sexuales. Más bien, la atención debería estar en el futuro y en celebrar el surgimiento de un Japón cada vez más capaz y dispuesto a actuar como socio de Estados Unidos para abordar los desafíos regionales y globales.
Richard N. Haass es Presidente del Consejo de Relaciones Exteriores y autor de The Opportunity: America's Moment to Alter History's Course.
Copyright: Project Syndicate, 2007.
www.project-syndicate.org
Traducción de Kena Nequiz
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