The Asian Century
El Islam contra la diáspora china en Asia
Wang Gungwu
Cuando el primer ministro de Malasia, Dr Mahathir Mohamed, anunció hace poco que pensaba renunciar, los malasios de origen chino se unieron a los seguidores de su partido Malayo para pedirle que reconsiderara. Cuando Mahathir accedió a quedarse, aunque fuera únicamente por 16 meses, los suspiros de alivio de los malasios chinos fueron los que más se oyeron.
El que los chinos malasios se hayan unido al bando del Dr. Mahatir significa una revolución silenciosa en la política de Malasia, y demuestra cuánto se ha suavizado la imagen nacionalista de Mahathir durante sus 22 años en el poder. También refleja el grado en el que los chinos étnicos en Malasia han cambiado su visión sobre el movimiento nacionalista que alguna vez parecía tan antagónico a ellos.
Cuando los gobernantes coloniales del sureste asiático fueron derrocados hace cuatro décadas, los chinos étnicos frecuentemente evitaron a los movimientos nacionalistas que lucharon por la independencia. Algunos movimientos veían a los chinos locales como extranjeros o los consideraban intrínsecamente desleales porque aparentemente se habían beneficiado de manera desproporcionada durante los años de dominación imperial. A lo largo de la región, la violencia comunal en contra de los chinos estaba muy extendida. Desde entonces, muchos chinos recelaban de los partidos políticos con vínculos a los anteriores movimientos de liberación nacional.
En Malasia ese temor se está disipando. Los ciudadanos chinos de Malasia ven ahora al premier Mahathir como un bastión en contra de una nueva expresión del extremismo violento: la amenaza que representa el fundamentalismo musulmán. Un baluarte así es algo que los miembros de la gran diáspora china en todo el sureste asiático necesitan, no sólo en Malasia, donde el extremismo islámico sigue siendo una amenaza menor, sino en Indonesia, donde en años recientes, miles de chinos han resultado muertos o heridos en motines, y miles más han sufrido daños o pérdida de sus propiedades.
Entre la mayoría de los chinos étnicos del sureste asiático, la presencia de un indicio, por pequeño que sea, de apoyo a una distinción secular entre la fe y el Estado en un líder musulmán se admira como si fuera una joya. Cuando las evidencias de tolerancia secular se encuentran entre creyentes musulmanes como Mahathir, representan un signo poco común de modernidad y de compromiso con el progreso.
El Dr. Mahathir siempre ha sido un modernista obstinado. Ultimamante ha comenzado a admitir que sus políticas de "malayos primero" que ha promovido desde 1969 no han logrado producir la élite malaya esencial para una economía del conocimiento moderna. Mahathir insta a los jóvenes malayos a trabajar más duro, a pesar de que sabe que ese es un llamado impopular.
Mucho de este nuevo tono en la política étnica de Malasia ha pasado inadvertido debido al furor que rodea a los esfuerzos de Mahathir para desacreditar a su antiguo lugarteniente, Anwar Ibrahim. Esta campaña para denigrar a Anwar le costó al partido de Mahathir, la Organización Nacional de la Unidad Malaya, el apoyo de muchos malayos étnicos. De hecho, durante las elecciones nacionales de 1999, Mahathir conservó el poder sólo con la ayuda de los electores chinos. Ahora, los no malayos esperan que reconsidere la idea del trato especial a los malayos étnicos. No obstante, una reforma de esa índole sigue siendo anatema entre los malayos.
A los chinos étnicos de Malasia también les ha impresionado la hábil respuesta del Dr. Mahathir a las exigencias estadounidenses de combatir el terrorismo. El Premier utilizó esta oportunidad para suavizar su imagen anti-occidental reafirmando su posición modernista y secular en contra de los simpatizantes del extremismo islámico. Al hacer eso, revitalizó la base milticultural de la Alianza Nacional que ha gobernado a Malasia desde su independencia en 1957. Todo eso contribuyó a poner de su lado a la comunidad china de Malasia.
En contraste con lo anterior, en Indonesia todo lo que sea secular y moderno se asocia con un sometimiento político y cultural al Estado-nación. Durante treinta años, el expresidente Suharto sistemáticamente discriminó a los chinos étnicos, mientras al mismo tiempo favorecía a unos cuantos secuaces chinos que le ayudaron a su familia y colegas militares a hacer enormes fortunas mal habidas. Para la comunidad local, que siguió siendo pobre, esas conductas generaron una imagen del chino como ambicioso sin escrúpulos y corrupto.
A pesar de los recuerdos de las matanzas de chinos durante las purgas anticomunistas de los años sesenta, los chinos en Indonesia no estaban preparados para el odio intenso que quedó de manifiesto en los motines de mayo de 1998, cuando los incendios provocados y el saqueo, así como las violaciones tumultuarias en contra de muchas mujeres, golpearon a la comunidad china. Esa violencia todavía proyecta una sombra sobre las relaciones étnicas en Indonesia.
Los gobiernos siguientes, encabezados por los presidentes Habibie, Abdulrahman Wahid y Megawati Sukarnoputri han visto con agrado que los chinos desempeñen su papel tradicional de liderazgo en los negocios. Sin embargo, los funcionarios indonesios dudan para asegurar a los chinos que tienen los mismos derechos que los ciudadanos, y han permitido que se extiendan sin control muchas formas de discriminación.
Las tensiones actuales entre los secularistas, los creyentes y diversos grupos extremistas musulmanes en Indonesia ha sacado a los chinos del centro del escenario, permitiéndole a muchos reanudar su papel económico bajo condiciones de incertidumbre creciente. No obstante, la seguridad personal que desean, y que los chinos en Malasia ya están obteniendo, sigue estando tan lejana como siempre. En efecto, es poco probable que Indonesia produzca en el futuro cercano un líder en el que puedan confiar de la forma en que ahora confían los chinos malasios en el premier Mahathir.
Copyright: Project Syndicate, julio de 2002
Traducido del inglés por Mario de Gortari Rangel
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