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La nueva puesta a punto del motor franco-alemán de Europa

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2008-07-04

BERLIN – Que la presidencia francesa de la UE, que comienza el mes próximo, resulte o no exitosa dependerá, en gran medida, de si se puede reavivar la cooperación franco-alemana. En esa era aparentemente terminada hace tiempo, las iniciativas comunes para Europa eran la regla, y una propuesta franco-alemana normalmente representaba un compromiso aceptable para toda Europa. El Tratado de Maastricht de 1992 probablemente fue la última obra maestra de la creatividad franco-alemana.

Pero luego los dos países se distanciaron cada vez más el uno del otro. Francia nunca se comprometió de manera entusiasta en el proceso de expansión, mientras que la creación del euro derivó en serias tensiones franco-germanas entre 1993 y 1999. La decisión de Francia de abandonar la conscripción militar en 1996 y al mismo tiempo presionar a favor de las pruebas nucleares hizo poco por mejorar la relación. Los últimos años de la presidencia de Jacques Chirac produjeron básicamente un estancamiento, coronado en mayo de 2005 por el voto francés por el “No” al borrador del tratado internacional de la UE.

Por supuesto, el motor franco-alemán no puede funcionar como antes. El comportamiento arrogante de los dos países –por ejemplo, al criticar los regímenes tributarios en Europa del este mientras que ellos no lograban cumplir con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea- consternó a otros países de la UE, especialmente a los miembros más nuevos. Lo mismo sucedió con su aseveración arrogante de que ellos solos entienden la “Europa política” y, por lo tanto, cerrarían acuerdos –como aquel sobre agricultura en octubre de 2002- bilateralmente.

Aún así, la EU sigue dependiendo de Francia y Alemania como fuerza impulsora. Ellos pueden haber perdido autoridad, pero sin ellos no sucede gran cosa en la UE. Entonces, ¿qué se puede hacer para generar una nueva sensación de liderazgo alrededor del eje franco-alemán?

La elección hace un año del presidente francés Nicolas Sarkozy puede haber augurado una nueva era de cooperación. Pero la visión de Sarkozy de que el Banco Central Europeo debería ser objeto de una ingeniería política fastidió a Alemania, así como su visita a Moscú, porque Alemania sintió que la estaban franqueando.

Es más, las discusiones de Sarkozy con el primer ministro británico, Gordon Brown, durante su visita de estado de dos días a Londres en marzo arrojaron de forma perceptible un acuerdo para utilizar la considerable experiencia nuclear de Francia para construir una nueva generación de estaciones de energía nuclear en Gran Bretaña –otra fuente de discordia con Alemania-. Mientras que Sarkozy ve la energía nuclear como una fuente prometedora de energía “renovable”, Alemania siguen oponiéndose a ella de manera inflexible –una política que la canciller Angela Merkel colocó entre las prioridades de su agenda durante la presidencia alemana de la UE en 2007.

La visita de Sarkozy a Londres también produjo el compromiso franco-británico de promover la Política Europea de Seguridad y Defensa (ESDP, tal su sigla en inglés) y, en el caso de Francia, de enviar más tropas a Afganistán. Pero Alemania también necesita comprometerse con la ESDP y con Afganistán. Si la presidencia de Sarkozy tiene alguna relevancia para las relaciones franco-germanas, tal vez sea la de reforzar la visión de que la UE necesita un nuevo liderazgo y que debe seguir basándose en los socios fundadores.

De hecho, una estrecha cooperación franco-británica debería ser vista como un avance positivo, ya que acerca al Reino Unido una vez más hacia Europa. Y las relaciones germano-británicas también están mejorando. Un mayor progreso se volverá cada vez más importante a medida que las responsabilidades europeas se depositen en más hombros: Irán, el cambio climático y la ESDP son todos ejemplos de una toma de decisiones compartida.

Pero las cuestiones geoestratégicas más importantes, como las relaciones de la UE con Rusia y sus vínculos con la OTAN, exigen la atención de un equipo de líderes más grande, que incluya a los países de Europa del este. Polonia tiene ese potencial de liderazgo, aunque Alemania siga siendo el elemento cohesivo entre este y oeste.

Sarkozy ha dicho que quiere concentrar la presidencia francesa de la UE en promover medidas para afrontar el cambio climático, en revisar la política de inmigración europea y en re-energizar la ESDP, en línea con la decisión de Francia de regresar a la OTAN. Es más, el Tratado de Lisboa probablemente empezará a ser implementado durante la presidencia francesa, con nominaciones para el futuro liderazgo de la UE, que incluyen un presidente permanente, y pasos para forjar el futuro del Servicio de Acción Exterior Europeo, esencialmente un Ministerio de Relaciones Exteriores de la UE.

Es un programa ambicioso, y Francia necesitará del respaldo de Alemania si quiere que sea exitoso. Afortunadamente, las disputas franco-germanas, si bien suelen parecer feroces, no duran mucho tiempo y pueden incluso servir para volver a concentrar la atención de la gente en la importancia de la relación. Por un tiempo, las tensiones entre los dos países crecieron a un punto en que Francia anunció el aplazamiento de las “conversaciones de Blaesheim”, un intercambio regular de opiniones de los líderes franceses y alemanes sobre cuestiones europeas que comenzó en 2001. Sin embargo, al final, los mecanismos institucionales de comunicación de los dos países se mantuvieron firmes.

Francia y Alemania, junto con otros estados de la UE, deben tener en cuenta que el Tratado de Lisboa es, en efecto, una constitución europea, ideada para guiar el ingreso de la Unión al siglo XXI, y que su éxito requiere de un liderazgo más amplio. Francia debe demostrar durante su presidencia que realmente le preocupa Europa y su papel en el mundo, y que la UE es más que un instrumento francés. Forjar un nuevo equipo de liderazgo para la UE será la principal tarea de Sarkozy.

Ulrike Guérot es investigador invitado y director de la Oficina de Berlín del Consejo Europeo sobre Relaciones Exteriores (ECFR).

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