Science and Society
Rompiendo la barrera de Windows
H. T. Goranson and Ryuji Takaki
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Kyoto – Cuando comienza el 2009, Microsoft está presentando su sistema operativo de próxima generación, Windows 7, que se destaca sólo porque es casi igual a todas las versiones anteriores. El estancamiento en el diseño de computadoras no es sorprendente, teniendo en cuenta que la familiaridad es tan cómoda.
Pero también puede sofocar el desarrollo. La inteligencia militar depende de una comunicación en progreso constante, de manera que es un área en la que el diseño de los sistemas cambia constantemente. Algunas de estas innovaciones terminarán penetrando en el mercado convencional, de modo que un vistazo a los experimentos actuales puede revelar cómo podría verse el futuro de la interacción informática ordinaria, y qué se ganaría.
Para el usuario lego, el contacto con la tecnología se produce, esencialmente, como una interfaz interactiva. La gente rara vez considera que las características tangibles supuestamente intrínsecas a la “computadora” son imitaciones de otros objetos -los teclados son una herencia de las máquinas de escribir y las pantallas, de la televisión.
Dentro de la pantalla de una computadora hay una oficina virtual de los años 1950, con documentos en papel, gabinetes de archivos y un cesto para papeles. Este formato de página-ventana se conoce como Window-Icon-Mouse-Pointer, o WIMP, que debido a las fuerzas monopólicas ha sido el paradigma universal desde los años 1980 –historia antigua en años informáticos.
Estos formatos se dan por sentados, de la misma manera que aceptamos las teclas del teléfono o los tableros de los autos, que también son interfaces de usuarios. Es fácil olvidar que, años atrás, los teléfonos no tenían ni botones ni disco –uno tenía que levantar el tubo y pedirle a un operador que hiciera la conexión-. El disco del teléfono recién apareció en 1919, cuando el primer grupo autodesignado de “especialistas en interfaces de usuarios” en Western Electric consideró cuál debería ser la forma más intuitiva.
Cuando se mejora una interfaz de computadora, la clave es la forma. Hemos visto esbozos de un nuevo paradigma en el iPhone de Apple, que permite movimientos gestuales con los dedos, pero en la comunidad de inteligencia, la visualización del concepto puede ser tan radical que la mayoría de los usuarios ordinarios apenas podría reconocer qué era. Los diseños se inspiran en la ciencia cognitiva, las artes, hasta la ciencia ficción. Irónicamente, una tendencia reciente se remonta lejos en el tiempo a un concepto japonés tradicional conocido como katachi , que está surgiendo como un movimiento internacional.
“Katachi” literalmente significa “forma” en japonés, pero el concepto tiene connotaciones complejas que no existen en otras lenguas. La palabra es una combinación de dos términos, “kata” (patrón) y “chi” (poder mágico), de manera que incluye matices como “montaje completo” y “forma que cuenta una historia atractiva”.
Esta noción más rica proviene de la antigua cultura japonesa, que percibía la superposición entre geometría y significado. El símbolo chino para “forma” conlleva parte del mismo razonamiento, debido a su uso de ideogramas. Hace cuatro mil años, China desarrolló un sistema de escritura que transmitía conceptos como idea y como imagen. Nociones como “estructura de madera” y “belleza” estaban indicadas por símbolos que, al combinarse, podían crear un nuevo concepto, como “forma”.
Los gobiernos en los países colonizados por China se vieron obligados a adoptar este sistema de escritura pictográfico para recibir reglamentaciones políticas, pero la pronunciación de los caracteres no estaba controlada. Los colonizados podían mantener aspectos de su cultura local a través de diferentes versiones orales de la misma “palabra” escrita porque el significado común sólo existía en la forma.
Los expertos modernos en interfaces de usuarios están interesados en el katachi porque puede revelar de qué manera la forma facilita la interacción humana. Un ejemplo tradicional es la ceremonia del té, que se desarrolló en Japón a fines del siglo XVI. El formato es simple –un anfitrión sirve té con algunos dulces, los invitados lo beben y luego expresan agradecimiento; eso es todo.
A los extranjeros suele desconcertarlos por qué un evento tan minimalista puede demandar años de entrenamiento. Pero la motivación para este arte es común a todas las culturas: imaginemos un buen anfitrión en cualquier país cuyos modales sean tan sencillos que los invitados se sienten envueltos en una atmósfera de felicidad apacible.
En la ceremonia del té, esta habilidad se ha refinado en una capacidad que combina materiales, significado y atmósfera. Quienes tienen una alta capacidad saben cómo puede mejorarse la experiencia de los invitados mediante una preparación cuidadosa de los utensilios, conversaciones reflexivas y movimientos corporales naturales pero muy bien controlados. Los movimientos físicos encarnan el significado buscado del evento, de manera que todo el contexto se vuelve un significante. Se suelen introducir pequeñas innovaciones en el estilo de la hospitalidad para sugerir la personalidad del anfitrión.
Un sistema operativo basado en las nociones del katachi brindaría esta superposición entre forma, sentido y contexto. Nos podría permitir sentir la “forma” de un concepto con las manos. O podría indicar la confiabilidad de los datos en base a si han sido dispuestos de manera prolija o si tienen un aspecto desordenado, de modo que se lo podría evaluar a simple vista. Quizá las interfaces futuras nos permitan comunicarnos a través de las barreras lingüísticas sumergiéndonos en conjuntos de imágenes –un híbrido entre películas, arquitectura y correo electrónico.
Los íconos expresivos representan pensamiento, pero también pueden comunicar sutilezas y situaciones complejas si permiten múltiples niveles de entendimiento. Los científicos informáticos podrían estar en una posición única para permitir una comunicación más rica y, en consecuencia, un futuro más estable quizás. Por esta razón, esperemos que, en el año que se inicia, sean más los desarrolladores que exploren este lado de la tecnología llamado “disruptivo”.
H. T. Goranson es el científico principal de Earl Research y fue científico de la Agencia de Proyectos Avanzados de Investigación en Defensa de Estados Unidos. Ryuji Takaki es físico y fue presidente de Katachi no kagaku kai (Sociedad para la Ciencia sobre la Forma) y editor en jefe de la publicación Forma.
Copyright: Project Syndicate, 2009.
Traducción de Claudia Martínez
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