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Buena suerte, Nigeria

LAGOS – Las bombas que explotaron en Abuja, capital de Nigeria, cuando el país celebraba su quincuagésimo aniversario este mes son un perturbador testimonio del territorio político sin precedentes al que el país está entrando.

El fallecimiento en mayo último de Umaru Yar’Adua, presidente de Nigeria, puso fin al acuerdo informal entre los miembros del gobernante Partido Democrático del Pueblo (PDP) para alternar el poder entre los musulmanes del norte y sus contrapartes del sur, principalmente cristianos. El vicepresidente, Goodluck Jonathan, del sureño y rico en petróleo Delta del Níger, superó la resistencia de los miembros del gabinete del presidente y juró como sucesor de Yar'Adua, como lo estipulaba la constitución. En septiembre anunció a los nigerianos su intención de presentarse como candidato a otro periodo presidencial en 2011.

El anuncio del Presidente Jonathan generó furiosas protestas de sus rivales del norte, incluido Ibrahim Babangida, ex dictador militar que le recordó que Olusegun Obasanjo, un sureño, había sido presidente con apoyo del norte desde 1999, cuando terminó el régimen militar, hasta 2007. Yar'Adua había completado solo tres años de su mandato de cuatro cuando falleció, y se esperaba que todos los sureños, incluido Jonathan, se unirían tras un candidato procedente del norte para las elecciones del año siguiente.

Sin embargo, en el sur es profundo el resentimiento por lo que se percibe como el dominio de la política nacional por parte de los norteños, especialmente en el Delta del Níger, donde 50 años de producción petrolera incontrolada ha tenido como resultado campos contaminados y una pobreza cada vez mayor. Los grupos de las minorías étnicas que habitan el área se quejan de que la actual fórmula de asignación de ingresos, que deja a los estados productores de petróleo de Nigeria apenas un 13% de los ingresos del mismo, es enormemente injusta y representa una compensación insuficiente por los daños ecológicos que padecen.

En enero de 2006, el Movimiento por la Emancipación del Delta del Níger (MEND), una organización violenta liderada por enfurecidos jóvenes del área, comenzó a atacar las instalaciones petroleras y a los soldados que las defendían. El MEND y otros grupos locales exigen que el país retorne al "verdadero federalismo", en el espíritu de 1960, y que el 50% de los ingresos del petróleo se destine a las regiones que lo originan. Ken Saro-Wiwa, escritor y fundador del Movimiento para la Supervivencia del Pueblo Ogoni (MOSOP), movimiento de base de Ogoniland, había hecho un llamado en el mismo sentido antes de ser ahorcado por la junta del General Sai Abacha en 1995.

Las principales voces de la región han apoyado firmemente a Jonathan, pidiéndole que ignore a los políticos del norte que insisten en que se respete el acuerdo de rotación de poder del PDP. Los líderes del Delta señalan que en 2011 es el turno de que las "minorías" gobiernen el país tras haber sido postergadas por los grupos étnicos más grandes desde el fin del régimen colonial en 1960.

Todavía no está claro si Goodluck Jonathan podrá traducir este apoyo de una parte del país en suficientes votos en las primarias del partido y después de ellas, para retener la presidencia. Tiene la ventaja de contar con grandes recursos, dado que los líderes de Nigeria siempre han hecho lo que han querido con el tesoro público.

Sin embargo, el General Babangida también tiene importantes fondos. Además, los poderosos gobernadores del PDP, que controla 28 de los 36 estados del país, ven a Jonathan como un novato que salió de la nada para terminar convirtiéndose en presidente.

Los poderes de la presidencia nigeriana son amplios y los operadores de Jonathan han dado a entender que los usarán para alinear a los gobernadores, incluidos los del norte. Los líderes norteños del PDP, que siguen presionando al gran número de potenciales contendores presidenciales procedentes de la región, entre ellos Babangida, para que se pongan de acuerdo en quién competirá con Jonathan, ya están cerrando filas en torno a las primarias, amenazando con llevarse el voto del norte a otro partido si las pierden.

Esto podría tener consecuencias de largo alcance para el PDP y el país. El PDP, en el poder desde el fin del régimen militar en 1999, es altamente impopular. La corrupción está generalizada y los políticos del PDP han sido incapaces de hacer realidad la prosperidad y los servicios sociales que esperaban los nigerianos tras el retorno de la democracia. De hecho, el PDP ha podido conservar el poder sólo mediante el fraude en las sucesivas elecciones, lo que fue especialmente evidente en 2007, cuando el saliente Obasanjo endilgó a Yar'Adua a la jerarquía del partido.

La oposición, que cuenta con pocos recursos, se vería beneficiada si la reacción que se espera del norte divide al PDP. Nuhu Ribadu, el respetado ex Presidente de la Comisión sobre Crímenes Económicos y Financieros, ha anunciado su intención de postular a la presidencia como candidato de uno de los partidos opositores.

Ribadu es un musulmán del norte que goza del apoyo de jóvenes y demócratas de todo el país, quienes están recuperando la confianza tras el nombramiento de un equilibrado académico como jefe de la comisión electoral. También se espera que se presente Muhammadu Buhari, a quien Babangida reemplazó como jefe de estado militar en 1985, como candidato del Congreso del Cambio Progresivo.

Persisten las dudas sobre si los veteranos líderes norteños del PDP, acostumbrados a pactos de trastienda con sus contrapartes del sur, abandonarán el partido esta vez para apoyar a Ribadu. Los conservadores del norte también ven con suspicacias a Buhari, un político ascético popular entre los pobres de la región.

Incluso si superan sus reservas y apoyan a Ribadu o Buhari, y uno de ellos logra vencer a Jonathan en las elecciones, los enfurecidos jóvenes del Delta podrían responder con una renovada violencia contra los trabajadores del petróleo, interrumpiendo la producción. Otras áreas problemáticas -Nigeria central, donde están en aumento las tensiones étnicas, y el extremo norte, bastión de Boko Haram, una violenta secta musulmana- podrían terminar viéndose involucradas en actos de violencia relacionados con las elecciones.

Con fábricas que colapsan debido a los constantes cortes de energía, un paro al alza y políticos cínicos que empujan a sus empobrecidos seguidores a luchas  étnicas y religiosas, las elecciones de 2011 en Nigeria son el caldo de cultivo para una tormenta perfecta. En el pasado, Nigeria siempre se las ha arreglado para atemperar sus tempestades políticas. ¿Lo podrá hacer otra vez?

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