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Argumentos contra la independencia de Kosovo

Raju G.C. Thomas

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2007-12-26

La marcha de Kosovo a la independencia se está acelerando, y los líderes albaneses de Kosovo -Hashim Thaci y Agim Ceku- están amenazando con declarar la independencia unilateralmente en cualquier momento. Se trata de algo que Serbia sin duda rechazará, con el respaldo de la Rusia de Vladimir Putin.

Gran parte del mundo parece pensar que el papel de Serbia en las guerras balcánicas de los años 90 la ubica del lado de los malos, y que eso debería poner punto final al asunto. Sin embargo, el punto de vista de Serbia no carece de interés, y varios otros países con minorías concentradas en un territorio reducido tienen razones para sentir inquietud acerca del precedente que podría sentar el reconocimiento de la declaración de independencia de Kosovo.

En primer lugar, se puede considerar el hecho de que Kosovo es el corazón histórico y el alma religiosa de Serbia. Cientos de iglesias, monasterios y lugares sagrados de la religión ortodoxa en Kosovo dan testimonio de esto.

Más aún, la transformación demográfica de Kosovo a lo largo de los últimos 100 años, cuando los albaneses sobrepasaron la población serbia local, refleja en parte la llegada de albaneses de Albania, que por décadas fue un caso perdido en términos políticos y económicos, debido al hermético comunismo de Enver Hoxha. Al mismo tiempo, muchos serbios han dejado Kosovo antes y después de la intervención de la OTAN en 1999, ya sea huyendo de la violencia albanesa contra ellos o simplemente atraídos por mejores oportunidades en el resto de Serbia.

La afirmación del derecho de Serbia a conservar Kosovo tiene para los serbios mucho más solidez que el derecho de Rusia a conservar Chechenia, el de China a retener Xinjiang, el de India a quedarse con Cachemira (pretensión aún disputada por Pakistán) y el de Filipinas a la isla de Mindanao. Todos estos territorios son provincias de mayoría musulmana que son parte de estados de mayoría no musulmana.

Pero Rusia, China e India son estados grandes que no tolerarían ninguna secesión de sus territorios, por lo que no existen iniciativas internacionales serias para obligarlos a hacerlo. Filipinas ha perdido en la práctica el control de Mindanao, del mismo modo como Serbia ha perdido el de Kosovo, y sin embargo nadie ha reconocido la declaración unilateral de independencia de Mindanao. Entonces, ¿por qué se debería aceptar la declaración de Kosovo?

No sólo Rusia, China e India se oponen a la independencia de Kosovo, sino también Nigeria, de mayoría musulmana, que conserva Biafra, donde a fines de los años 60 hubo una sangrienta guerra civil de cuatro años con la minoría católica de los ibos. Indonesia, de mayoría musulmana, perdió Timor Oriental -de mayoría católica- debido a la intervención política de Occidente, pero sus derechos sobre este territorio eran débiles, ya que había invadido la isla hacía apenas algunas décadas.

Incluso en Europa, donde Cataluña y el País Vasco presionan para separarse de España, algunos en Flandes desean poner fin a Bélgica como país y el gobernante Partido Nacional Escocés de Escocia desea como fin último independizarse de Gran Bretaña, el apoyo a la independencia de Kosovo está lejos de ser universal.

Lo que es peor, los serbios de la calle ven un evidente doble estándar internacional. La integridad territorial y la soberanía de Croacia y Bosnia se hicieron cumplir en los años 90, a pesar de las declaraciones de independencia de la "República Serbia de Krajina" en Croacia y la “Republika Srpska” serbia en Bosnia. ¿Por qué a Kosovo se la trata distinto?

En la actualidad, en Serbia hay cerca de 700.000 refugiados serbios procedentes de Croacia y Bosnia que no pueden o no quieren volver a sus hogares, lo que incluye a prácticamente todos los serbios de Croacia, con excepción de los que se hicieron católicos para convertirse en croatas. De hecho, hoy Serbia tiene la mayor población de refugiados de Europa. Si Kosovo se hace independiente, esas cifras no harán más que aumentar, ya que es probable que ocurra un éxodo de todos los serbios restantes, a menos que sus bastiones territoriales –particularmente en el norte de Kosovo, alrededor de Mitrovica- sigan formando parte de Serbia.

En términos más generales, permitir la independencia de Kosovo demostraría que el secesionismo violento funciona. En ese caso, deberíamos acostumbrarnos a ver la aplicación de la "estrategia" de Kosovo en otras áreas del mundo. Primero, secesionistas étnicos sin rostro atacan a civiles y a la policía. Como no saben dónde se esconde el enemigo entre la población civil, las fuerzas de seguridad toman represalias de manera indiscriminada. Las violaciones a los derechos humanos generan protestas y condenas internacionales, seguidas de la intervención y ocupación por parte de fuerzas militares extranjeras. Como desenlace, el estado pierde control de su provincia y los secesionistas declaran la independencia.

Se debe evitar sentar un precedente así en Kosovo, para asegurar la estabilidad no sólo en los Balcanes, sino en todos los países con minorías étnicas descontentas. La integridad territorial y la soberanía de Serbia se deben preservar de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas, el Acta Final del Acuerdo de Helsinki de 1975 que garantiza los límites de Europa, y la Resolución 1244 de la ONU de 1999, que garantizó los límites existentes de Serbia.

La ex Yugoslavia ya ha sufrido demasiada destrucción y matanzas. Preservar la integridad nacional es un principio universal de la paz, del cual no se debe excluir a Serbia.

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AUTHOR INFO

Raju G. C. Thomas, an emeritus professor at Marquette University and a former US Fulbright professor at the University of Belgrade, is the contributing editor of Yugoslavia Unraveled.