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Tortugas y gacelas

MÚNICH – La peor crisis financiera mundial de la postguerra ha terminado. Llegó repentinamente en 2008 y, después de aproximadamente 18 meses, se desvaneció casi tan rápido como había surgido. Los paquetes de rescate bancarios por 5 billones de euros y los programas de estímulo keynesianos por otro billón de euros evitaron el colapso. Después de haber disminuido 0,6% en 2009, se prevé que el PIB mundial tenga un crecimiento este año de 4,6%, y de 4,3% para 2011, según las previsiones del Fondo Monetario Internacional –un aumento más rápido que el crecimiento promedio de las tres últimas décadas.

Sin embargo, la crisis de deuda europea continúa, y los mercados no confían del todo en la calma actual. Las primas de riesgo que los países financieramente abatidos tienen que pagar siguen siendo altas y señalan riesgo permanente.

Las primas de las tasas de interés griegas con respecto a las alemanas en lo que se refiere a los bonos del gobierno a diez años se situaron en 8,6% el 20 de agosto, que es incluso más alto que a finales de abril cuando Grecia prácticamente se volvió insolvente y se tomaron medidas de rescate en toda la Unión Europea. Los diferenciales para Irlanda y Portugal también han estado aumentando pese a que a finales de julio parecía que el enorme paquete financiero de 920,000 millones de dólares aportado por la UE, los países de la zona euro, el FMI y el Banco Central Europeo calmaría a los mercados.

Actualmente, el mundo está dividido en dos grupos de países: los que están listos para una fuerte recuperación, y los que se quedan atrás y están dando señales de nuevos problemas. Brasil, Rusia, India y China, los países del BRIC -están en el primer grupo. Incluso en Rusia, donde la recuperación se veía difícil y vacilante, se prevé un crecimiento de 4,3% este año. China es el que va a la cabeza con una tasa de crecimiento de alrededor del 10%.

El segundo grupo se compone de los países con problemas de deuda, principalmente los Estados Unidos. Aunque se prevé que el crecimiento de dicho país será de 3,3% este año, y de 2,9% para el siguiente año –que es aproximadamente el promedio de largo plazo de los últimos treinta años, a esto no se le puede llamar una recuperación autosostenida debido a que se pronostica que el déficit fiscal alcanzará este año un sorprendente 11% del PIB, antes de retroceder a un todavía elevado  8,2% en 2011.

Aunque el aumento del desempleo en los Estados Unidos se ha detenido, la tasa actual de 9,5% es muy elevada para ese país, alrededor del doble de su nivel previo a la recesión. El problema sigue siendo el mercado inmobiliario, cuyo colapso causó la crisis. El índice de viviendas unifamiliares Case-Shiller parecía haberse recuperado en la primavera de 2009, después de una disminución de 34% respecto de la última expansión. Sin embargo, los precios de las viviendas desde ese entonces han estado estables y no muestran una tendencia visible.

La construcción de nuevas viviendas unifamiliares en mayo de 2010 estaba en su nivel más bajo desde la introducción de este indicador en 1963. Los precios inmobiliarios comerciales disminuyeron entre mayo y junio de este año en un alarmante 4%. Todo esto tiene implicaciones negativas para el consumo estadounidense, para la industria de la construcción y para el sistema bancario.

Además, a pesar de la legislación reciente sobre la reforma bancaria, los Estados Unidos siguen sin resolver las deficiencias estructurales de sus mercados de capital. El principal problema es que el flujo de crédito externo se ha visto afectado porque los valores estadounidenses respaldados con hipotecas y los derivados que se basan en ellos se han vuelto casi invendibles en todos lados.

Ese mercado sencillamente se ha desmoronado y su volumen anual de emisiones ha caído abruptamente en 97% -de 1,9 billones de dólares a sólo 50,000 millones de dólares- entre 1996 y 2009. Casi el total (95%) del financiamiento de viviendas en 2009 se tuvo que canalizar a través de agencias como Fannie Mae, Freddie Mac, y Ginnie Mae para evitar un colapso total de la economía estadounidense.

En Europa, el panorama también es desigual. Los países que solían estar en expansión –Grecia, Irlanda y España—permanecen en recesión y su PIB seguirá contrayéndose. La tasa de desempleo en España, una de las economías más grandes de Europa, se ha disparado al 20% y todavía no da señales de mejoría. La economía española se contrajo un 3,6% en 2009 y se prevé que decrecerá un 0,4% este año. En Finlandia, Gran Bretaña e Italia se prevén tasas de crecimiento por debajo de la media.

Sin embargo, Alemania, la mayor economía de Europa, está teniendo una recuperación económica sorprendentemente fuerte. El indicador Ifo del ciclo empresarial marca claramente “expansión” tanto en lo que se refiere a las expectativas como a la evaluación de la situación actual. De hecho, en los 50 años de su existencia, el indicador nunca había crecido tan bruscamente como en los últimos 12 meses.

Se prevé que Alemania, que durante muchos años fue la rezagada en Europa, crecerá un 3% o más este año, mientras que el promedio de la UE-15 (y la UE-27) es de apenas 1,1%. También el mercado laboral alemán ha dado un giro milagroso. La tasa de desempleo, que actualmente es de 7%, es ligeramente inferior a lo que fue incluso durante el apogeo de la última expansión en otoño de 2008, y se espera que disminuya.

Por otra parte, Francia, la segunda economía de Europa, está en problemas. Su tasa de desempleo es del 10% actualmente, y el crecimiento de PIB este año se situará alrededor del 1,3%, apenas por encima del promedio de la UE. Mientras que la tasa de desempleo de Alemania es un poco menor que durante la última expansión, la tasa francesa es significativamente superior a la de la última desaceleración (2004-2005).

La explicación de este mundo dividido es que los países como Grecia, España y los Estados Unidos, que experimentaron una larga expansión financiada por enormes importaciones de capital, ahora se enfrentan a dificultades crecientes para encontrar financiamiento externo. En contraste, los países que exportaron capital disfrutan ahora de un exceso de liquidez, porque el capital recela de los países “saturados”. Este exceso de oferta de crédito genera consumo e inversiones adicionales, lo que da lugar a una expansión.

Actualmente en el mundo occidental se está dando un proceso de reequilibrio de los portafolios que está invirtiendo la clasificación internacional de las tasas de crecimiento con relación a las que existían antes de la crisis. Los antiguos campeones van cojeando por la pista, mientras que quienes eran tortugas corren como gacelas.

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