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Gaza entonces y ahora

Cuando la Franja de Gaza quedó sumergida en la oscuridad la semana pasada como resultado del bloqueo de combustible israelí, mucha gente en todo el mundo se sorprendió. Sin embargo, el optimismo producido por el proceso de paz de Annapolis, que incluyó la promesa del presidente George W. Bush de un acuerdo en 2008 para crear un estado palestino, era claramente poco realista.

A Gaza normalmente se la ve en términos del abrumador apoyo con el que cuenta allí Hamas, pero la realidad es muy diferente. Las encuestas de opinión realizadas en Gaza por el Grupo de Asesoría para el Cercano Oriente a fines de noviembre de 2007 indicaban un apoyo popular del 74% para un acuerdo de paz con Israel. Sólo el 15% votaría por parlamentarios de Hamas o por un candidato presidencial de Hamas, comparado con el 55% a favor de los candidatos de Fatah. El proceso de paz inspirado en Annapolis recibió el 81% de apoyo.

Al igual que muchos territorios en la región, Gaza ha tenido una larga historia de ocupación extranjera, que se remonta a tiempos ancestrales. En 1949, la guerra árabe-israelí terminó con un armisticio que dividió a Palestina en tres partes, cada una de las cuales bajo un control político independiente. Israel abarcó más del 77% del territorio, Jordania pasó a gobernar el este de Jerusalén y Cisjordania, y Egipto tomó control de Gaza. El estado árabe palestino imaginado por el plan de partición de 1947 de las Naciones Unidas, que debía incluir a Gaza, nunca se estableció.

El desarrollo económico en la Franja de Gaza fue limitado bajo el régimen egipcio y la región sufrió la carga de tener que absorber a los refugiados palestinos que huían de los combates en la parte sur de la Palestina del Mandato, que más tarde se convertiría en Israel. El acceso de los palestinos a Egipto estaba restringido y gran parte de la fuerza laboral esencialmente poco calificada de Gaza dependía de la Administración de Obras de Socorro de las Naciones Unidas, que construyó y mantuvo los campos de refugiados locales.

La guerra de 1967 dejó a toda la Palestina del Mandato (así como Sinaí y el Golán) bajo la ocupación militar israelí. Sin embargo, aunque se cerró una tercera parte de Cisjordania a los palestinos para hacerles lugar a unos pocos miles de colonos judíos, sólo el 10% de su población, esencialmente rural, estaba conformada por refugiados, muchos eran dueños de su tierra y se podía acceder a una variedad de empleos. En cambio, el 70% de la población de Gaza eran refugiados, que vivían en condiciones difíciles en decenas de campos de refugiados y dependían ampliamente del trabajo en Israel. En un momento, más de 150.000 residentes de Gaza cruzaban el puesto de control de Erez a diario.

La pobreza de Gaza era terreno fértil para el radicalismo islámico. El jeque Ahmad Yasin, un refugiado parapléjico del poblado de Jora (ahora en la costa sur de Israel), trabajó sigilosamente para construir un movimiento de base con el consentimiento tácito del ejército israelí, que buscaba alentar una alternativa para la OLP. Pero, con el levantamiento de 1987 (Intifada), los seguidores de Yasin anunciaron la creación del Movimiento de Resistencia Islámica. Mejor conocido por su acrónimo árabe, HAMAS, el grupo de Yasin compitió con los grupos seculares de la OLP montando ataques aficionados contra los colonos judíos y secuestrando soldados israelíes.

Mientras que la Intifada de 1987 trajo aparejado el proceso de Oslo y el regreso del liderazgo de la OLP, no logró producir una economía real en Gaza. El flujo de dinero a la nueva Autoridad Palestina se hizo evidente principalmente en edificios altos, que la Autoridad Palestina construyó para resolver el tema de la sobrepoblación. Los grupos no pertenecientes a la Autoridad Palestina como Hamas adquirieron sus propias armas esencialmente comprándoselas a soldados israelíes o en el mercado negro israelí. Más tarde, después de que los israelíes se retiraron de Gaza, las armas, las municiones y el efectivo se contrabandeaban a través de túneles desde Sinaí.

Durante la segunda Intifada palestina, que estalló en 2000, Hamas utilizó sus armas y explosivos para atacar a los israelíes y crear su pequeño protectorado propio. Pero cuanto más atacaban Hamas y otros a los israelíes, más los israelíes ceñían el sitio de Gaza. La cantidad de trabajadores de Gaza en Israel se redujo a unos cientos, y el creciente desempleo y pobreza le dieron poder a las facciones, bandas y jefes militares armados -un hecho que se intensificó después de la victoria electoral de Hamas en 2006, que resultó en un sitio internacional que cortó los salarios de los empleados públicos de la noche a la mañana.

Por ser una población ampliamente conformada por refugiados, la mayoría de los residentes de Gaza tenían raíces sociales débiles. Los que tenían una educación universitaria se fueron para trabajar en Cisjordania o los estados del Golfo, mientras que los grupos armados de Gaza se convirtieron en un imán para la mayoría de los jóvenes -el único empleo que entendían y que les daba poder-. Los jóvenes armados se unieron a Fatah, Hamas u otros grupos y subgrupos, y clanes como la familia Dugmush (que secuestró al periodista de la BBC Alan Johnston) se jactaban de tener unos cientos de miembros dispuestos a matar a cambio de una paga.

Claramente, las falsas trampas de un estado ofrecido como parte del proceso de paz de Oslo han resultado en un escaso cambio tangible para los palestinos. Obtuvieron un presidente electo (que por un tiempo estuvo atrapado en su cuartel central), un parlamento y un gobierno (cuyos parlamentarios y ministros no tienen un paso garantizado de Gaza a Cisjordania) y pasaportes (cuyos números deben ser ingresados en computadoras israelíes). Lo que no obtuvieron fue una soberanía real, sin la cual es difícil imaginar cualquier mejora.

La historia de Gaza, y el menguante respaldo a Hamas allí, sugiere que integrar a los residentes de Gaza a la vida palestina convencional no sería difícil. Pero también sugiere que mantener el sitio actual no haría más que castigar a una población que ama la paz, al mismo tiempo que fortalecería el control que ejercen sus peores elementos sobre la sociedad y la vida pública.

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