A Window on Russia
La tentación fascista de Rusia
Yegor Gaidar
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El Kremlin de hoy cree que la implantación de la democracia se ha ido haciendo demasiado aprisa en Rusia. El gobierno no dice que esté contra la democracia, sino sólo que es prematura y se debe aplazarla, lógica que se manifiesta en la mayoría de las decisiones oficiales.
Así, al comienzo del decenio actual, se empezó a desmantelar el sistema democrático de contrapesos y salvaguardias creado en el decenio de 1990. Antes de 2000, había una prensa independiente e influyente y un parlamento leal al Presidente, pero, aun así, independiente. También el Consejo de la Federación (la cámara alta de la Duma) era por lo general leal al Presidente, como también los gobernadores regionales, sin dejar de conservar la independencia. También había empresarios y organizaciones empresariales influyentes que participaban activamente en el proceso de adopción de decisiones. A consecuencia de la desaparición de dichos contrapesos y salvaguardias, la calidad de las decisiones del gobierno ha disminuido claramente.
La tristemente famosa ley de monetización de los beneficios sociales, que transforma en efectivo los beneficios en especie, es un ejemplo típico. Pese a la idoneidad fundamental de aquella medida, se preparó y aplicó deficientemente y el gobierno cometió graves errores de cálculo sobre sus efectos en el presupuesto nacional. Además, provocó protestas sociales en masa, que, evidentemente, el gobierno no había previsto.
En su forma actual, la ley nunca habría sido aprobada por la antigua Duma Estatal. Los diputados la habrían leído y analizado atentamente, habrían formulado muchas preguntas a los ministros y, en caso necesario, habrían insistido en que se corrigieran diversos cuadros presentes en el proyecto. Habrían entendido que los cálculos presentados nada tenían que ver con la realidad y habrían pensado en qué hacer al respecto.
Si no hay una prensa independiente apta para advertir contra los errores ni un parlamento que pueda hacer lo mismo, los errores acabarán manifestándose en las calles. La democracia no fue inventada por idiotas. La experiencia nos dice que, si no dejamos salir el vapor de una olla, ésta estallará, pero, cuando asfixiamos, paso a paso, lo que queda de una prensa libre, cuando incluso los pequeños canales de televisión que facilitan información no censurada parecen peligrosos, estamos manteniendo la tapa firmemente sobre la olla. Me atrevo a decir que es algo peor que un crimen. Es un error.
Como tengo cierta experiencia política, entiendo la estrategia del gobierno actual: crear una amenaza extrema, primordialmente mediante asociaciones secretas con organizaciones fascistas y después decir a los ciudadanos: "No podéis afrontar solos esa amenaza, por lo que debéis confiar en nosotros para que decidamos cómo hacerlo". Después se refuerza constantemente el mensaje con la visión del mundo formada por los medios de comunicación.
Entiendo la realidad de la amenaza fascista, pero también entiendo lo que el gobierno quiere que entendamos por tal. Creo firmemente que no debemos permitirnos participar en esas maniobras, como tampoco debemos creer que las organizaciones fascistas rusas nada tienen que ver con el gobierno.
Creo que, cuando las autoridades conciben semejantes estrategias, dan por sentado que el resultado será manejable. En realidad, no siempre es así. Cuando se abre una caja de Pandora, nadie puede predecir lo que sucederá. Es muy arriesgado crear una situación peligrosa para fines políticos, porque en la mayoría de los casos es probable que la situación llegue a ser incontrolable.
De hecho, la amenaza de fascismo es real, pero cuanto más se movilice políticamente a las personas que no aceptan la opción fascista, menor será la amenaza. La cuestión actual más importante no es la perspectiva del gobierno, es decir, su deseo de infundir miedo y eliminar los contrapesos y salvaguardias frente a su poder. Lo que importa son las acciones de quienes no quieren fascismo en Rusia, sino que simplemente quieren que Rusia sea libre. Hay muchas personas así, decenas de millones, pero no siempre están comprometidas y unidas políticamente.
Así, pues, la buena noticia es que hay muchas menos personas que quieren en serio un régimen fascista en Rusia de lo que afirma el gobierno. No debemos desanimarnos, pero debemos estar activos y unidos políticamente. Al fin y al cabo, la Unión Soviética era un Estado totalitario que podía confiar en una policía poderosa y ubicua y fijémonos en cómo acabó.
Yegor Gaidar fue Primer Ministro de Rusia en el período 1991-92 y ahora es director del Instituto de la Economía en Transición.
Copyright: Project Sindícate, 2006.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por Carlos Manzano.
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