Thursday, August 21, 2014
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Fukushima, prueba nuclear para Europa

MADRID – Vista desde Europa, la irracionalidad de la posición política y de los medios de comunicación sobre la energía nuclear ha aumentado y se ha intensificado, si acaso, en el año transcurrido desde la fusión de la central Daiichi de Fukushima, en Japón, y, sin embargo, una evaluación desapasionada del lugar que ocupa la energía nuclear en el mundo sigue siendo tan necesaria como ardua.

Los europeos no deberíamos pontificar sobre la política en materia de energía nuclear, como si nuestra opinión contara a escala mundial, pero lo hacemos. Por otra parte, Europa sí que tiene un cometido y la competencia consiguiente en el sector de la seguridad, en el que aún podemos promover un marco regulatorio e institucional internacional que discipline a los Estados y propicie una mayor transparencia en un área en el que los riesgos son mundiales, como la energía nuclear.

También es responsabilidad Europea hacer avanzar las investigaciones sobre tecnologías más seguras, en particular la cuarta generación de reactores nucleares. Los europeos no podemos permitirnos el lujo de desmantelar un sector industrial con gran valor añadido en el que aún contamos con una ventaja comparativa real.

En Europa, lo sucedido en Fukushima provocó un bombardeo en los medios de comunicación de obscuros presagios sobre la energía nuclear. El semanario alemán Der Spiegel anunció el “11-S de la industria nuclear” y “el fin de la era nuclear”, mientras que el principal diario español, El País, sermoneó, en el sentido de que el apoyo a “esa energía [era] irracional” y de que “China ha[bía] puesto freno a sus ambiciones nucleares”, pero la realidad ha demostrado que esos juicios eran a un tiempo sesgados y totalmente equivocados.

Es cierto que algunos países –Bélgica, Italia, Alemania y Suiza, junto con el Perú, el único país no europeo que se sumó a esa tendencia– declararon oficialmente su intención de abandonar progresivamente o evitar la energía nuclear. Esas decisiones afectan a un total de 26 reactores, mientras que 61 reactores están en construcción en todo el mundo, 156 están proyectados y 343 en estudio oficial. Si se ejecutan esos planes, el número de reactores en funcionamiento, que actualmente asciende a 437, se duplicará.

Pero más interesante resulta que el auge nuclear no sea uniforme: Brasil está a la vanguardia en América Latina, mientras que el desarrollo más rápido se está produciendo en Asia, principalmente en China y la India. Si comparamos esa distribución geográfica con una instantánea mundial de los emplazamientos nucleares antes de la fusión nuclear de Three Mile Island en Estados Unidos en 1979, surge una sorprendente correlación entre la política en materia de energía nuclear de los países y su posición geopolítica y vigor económico.

Mientras que el ansía de contar con reactores en el decenio de 1970 reflejaba la influencia internacional de la Unión Soviética y principalmente la del Occidente geopolítico –Japón, Estados Unidos y Europa–, en la actualidad el centro de gravedad se ha trasladado irrevocablemente al Este, donde la energía nuclear es sinónimo de “entrada a un futuro próspero”, por decirlo con las reveladoras palabras publicadas en un artículo de noviembre de 2011 en The Hindu. De hecho, el Presidente Barack Obama de EE.UU., quien comparte, evidentemente, esa opinión, ha apostado audazmente por que las garantías crediticias y la investigación para la creación de pequeños reactores modulares vuelvan a confirmar la posición mundial de Estados Unidos al frente de la tecnología nuclear civil y su importancia en el nuevo orden mundial.

La energía es, por su naturaleza, el sistema circulatorio de una sociedad, lo que queda reflejado en la correlación entre la demanda de energía y la renta. A ese respecto, destacan entre las ventajas de la energía nuclear, en particular su fiabilidad y sus previsibles costos.amp#160; El World Energy Outlook de 2010 de la Agencia Internacional de la Energía prevé un aumento de la demanda energética mundial del 40 por ciento de aquí a 2030: realidad implacable que resulta más tangible es en los países en desarrollo, en particular en Asia.

Así, pues, la extensión de la energía nuclear es –y seguirá siendo– una realidad. Para actuar responsablemente, los europeos deben contribuir a la mejora de las normas internacionales de seguridad relativas a la energía nuclear y no excluirse al respecto. La verdadera enseñanza que se desprende de lo sucedido en Fukushima es la de que los controles estatales son necesarios, pero no suficientes para garantizar la seguridad nuclear.

Lamentablemente, una propuesta hecha el año pasado por el Organismo Internacional de Energía Atómica y encaminada a lanzar un eficaz sistema de control internacional de la seguridad de la energía nuclear a escala mundial fracasó estrepitosamente con la aquiescencia de la Unión Europea. Peor aún: el presupuesto del OIEA, que ya ascendía a unos cicateros 300 millones de euros, ha quedado reducido en un diez por ciento con respaldo europeo.

En ese marco, la iniciativa de encomendar inspecciones aleatorias del OIEA en el diez por ciento de los reactores que funcionan en el mundo en el plazo de tres añosamp#160; quedó desvirtuada una vez más con el apoyo activo de la UE y con el argumento de que la responsabilidad en materia de seguridad y las inspecciones deben corresponder primordialmente a los Estados miembros. Sólo una descafeinada disposición dando carácter voluntario a las inspecciones conjuntas con el OIEA llegó a figurar en el acuerdo final. En cuanto a la propia UE, el debate y la formulación final de las pruebas de resistencia calificadas, con exactitud, de “tempestuosas” por el Primer Ministro polaco, Donald Tusk, revelan una desconcertante panoplia de deficiencias.

Tal vez la más sorprendente contradicción de la posición nuclear de Europa es la discrepancia entre el aparente esfuerzo para impulsar el crecimiento económico y el empleo y la frivolidad de los Estados miembros al abandonar la industria nuclear, que depende del diseño y la ingeniería, así como de los avances en materia de mando y control, que forman la base de la ventaja comparativa Europea en esa industria.

Una excepción alentadora es el acuerdo reciente entre el Reino Unido y Francia para constituir una alianza entre Rolls Royce y Areva con miras a esta tecnología, pero no deberían ser los únicos. ¿Acaso es racional que los países de Europa abandonen un nicho de prosperidad con argumentos ideológicos que resultan irrelevantes desde una perspectiva mundial?

El ascenso de la energía nuclear en Europa fue paralelo a sus proezas económicas en la posguerra. Coincidió con el punto culminante de la confianza de Occidente en su extraordinaria fortaleza económica y continuado ascendiente global. En la actualidad, con una Europa considerada cada vez más la enferma de la economía mundial, incluso la renuncia por parte de todo el continente a la energía nuclear tendría poca o ninguna repercusión en el escenario mundial. El papel de Europa ya no es el de dictar la orientación de las posiciones normativas; actuar responsablemente, sí.

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  1. CommentedPatrice Ayme

    To be against nuclear energy is to be against man. As simple as that. The present technologies are not good, but other nuclear technologies can be developed, perfectly safe, very clean, and much more efficient.

    Moreover, thorium nuclear energy, for example, can be disconnected from nuclear weapons completely, as it does not use materials which can be manufactured to make bombs.

    Overall, civil nuclear energy has killed very few people, even including the criminally misconceived military reactor at Chernobyl. Coal burning kills hundreds of thousands through pollution, worldwide, and that does not include all the mercury vapor it creates.
    http://patriceayme.wordpress.com/

  2. CommentedAndrés Arellano Báez

    If nuclear power seems to be so important in the future, it is not a big mistake related this kind of energy with nuclear weapons, like is happening today in Iran? I think the increase of nuclear plants should be coordinated with the cancelation of nuclear weapons all over the world, starting with U.S.A.

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