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El renacimiento de las universidades europeas

Lykke Friis

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2008-01-04

COPENHAGUE – Hace algún tiempo, mientras escribía en mi casa con la transmisión por TV del torneo de Wimbledon como fondo, se me ocurrió que así como Gran Bretaña es el anfitrión del torneo de tenis más importante del mundo pero nunca lo gana, los europeos estamos en una situación similar en lo que se refiere a la educación.

La primera universidad del mundo fue la Academia de Platón en Atenas, hay universidades antiguas y venerables repartidas por toda Europa, desde Coimbra hasta Copenhague, pasando por Cambridge, y Wilhelm von Humboldt fue el pionero de la universidad moderna que une investigación y educación, en Berlín. Sin embargo, actualmente las universidades de Estados Unidos superan con facilidad a sus contrapartes europeas.

Menos del 2% del PIB de la Unión Europea se dedica a la investigación, en comparación con el 2.5% en Estados Unidos y el 3% en Japón. El gasto por estudiante de educación terciaria es de un poco más de 9,000 dólares en Francia, poco menos de 11,000 dólares en Alemania y casi 12,000 dólares en Gran Bretaña. En algunos países de la UE, como Dinamarca, la situación es mejor, pero aun así están muy por detrás de Estados Unidos, que gasta más de 25,000 dólares.

Medir la calidad de los resultados es difícil, aunque el Suplemento de Educación Superior de The Times trata de hacerlo cada año. Sólo tres universidades europeas –Oxford, Cambridge y el Imperial College de Londres—quedaron entre las diez mejores en la lista más reciente; el resto fueron estadounidenses. Sólo diez universidades de toda la Unión Europea se han clasificado alguna vez entre las 50 mejores. Heidelberg, la mejor universidad de Alemania, ocupa el lugar 58.

Como resultado, alrededor de 400,000 académicos europeos viven actualmente en Estados Unidos, y casi el 60% de los ciudadanos europeos que recibieron doctorados en ese país entre 1998 y 2001 optaron por quedarse ahí. El número de europeos que están estudiando en Estados Unidos es más del doble que el de los estadounidenses que estudian en Europa.

La “brecha educativa” de Europa no se limita al Atlántico. China y la India significan más que la proliferación de fábricas y la mano de obra semicalificada de bajo costo. Al igual que en Europa, la revolución industrial en "Chindia" también está creando una nueva clase media ambiciosa que está dispuesta a enviar a sus hijos a la universidad y tiene los medios para hacerlo. Pero en el mundo de hoy, los estudiantes y los investigadores escogen universidades de forma muy parecida a como los consumidores hacen compras en el mercado internacional.

Europa ha hecho algunos esfuerzos modestos para recuperar la competitividad de sus universidades. En marzo de 2000, los líderes de la UE que se reunieron en Lisboa fijaron la meta de hacer de Europa la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica para 2010, y dos años después acordaron que la inversión en investigación y desarrollo debía llegar al 3% del PIB también para 2010.

Tales metas ambiciosas, por poco realistas que sean, pueden tener un efecto de disciplina, que ha llevado a algunos países de la UE a aumentar su gasto, al tiempo que la UE misma ha puesto en marcha varios proyectos prometedores. El séptimo Programa Marco, con un valor de aproximadamente 50 mil millones de euros –un aumento del 40% con respecto al sexto—es tal vez la herramienta de financiamiento más importante de la UE para el apoyo a las actividades de investigación y desarrollo.

Pero la UE y el gobierno europeo deben hacer más. El gasto global sigue siendo muy pequeño en comparación con el gasto federal en investigación y desarrollo de Estados Unidos, que será de 137 mil millones de dólares en el año fiscal 2007. Por lo tanto, los líderes europeos deben aumentar sustancialmente el financiamiento para la investigación cuando se revise el presupuesto de la UE en 2008 y 2009. Aunque la carga financiera principal recaerá en los Estados miembros, a nivel de la UE se pueden hacer contribuciones importantes.

Además, si bien la Comisión Europea claramente tiene el deber de impedir los malos manejos y el fraude, cada solicitud de financiamiento de la UE requiere de procedimientos extremadamente onerosos. Eliminar los trámites burocráticos, como la Comisión ya ha prometido que lo hará, será un beneficio sustancial para los investigadores europeos.

Por último, Europa debe hacer más hincapié en la investigación básica. Por supuesto, nuestros científicos deben responder a los problemas actuales de la sociedad. Pero si se olvida la investigación básica, los intentos de producir innovaciones rápidas mediante la investigación aplicada serán inútiles. El Consejo Europeo de Investigación, que habrá de otorgar las becas de investigación sobre la base de la excelencia, será por lo tanto un paso importante, y la UE debería aumentar aún más su financiamiento.

Pero únicamente darle dinero a las universidades no es suficiente. Como comentaron el ex editor del Financial Times, Richard Lambert, y Nick Butler en un informe conjunto publicado por el Centro para la Reforma Europea de Londres titulado El futuro de las universidades europeas: ¿renacimiento o decadencia?, los gobiernos de la UE están atrapados en un círculo vicioso: “Las universidades europeas no obtendrán más dinero a menos que se reformen, y no se pueden reformar sin tener más dinero”.

El gobierno danés ha tratado de romper ese círculo vicioso al introducir reformas antes de comprometerse a aumentar los presupuestos. En 2003, las universidades danesas se convirtieron en instituciones autónomas administradas por juntas de gobierno en las que predominan los representantes externos. El año pasado, el gobierno fusionó 12 universidades y las convirtió en ocho para obtener economías de escala sustanciales, y el parlamento danés aprobó un aumento de casi el 50% del gasto gubernamental en investigación para 2010.

El caso danés resalta el papel central de la reforma de la administración si se quiere que Europa llegue a alcanzar los objetivos de Lisboa. La fusión de la Universidad de Copenhague con la Real Universidad Veterinaria y Agrícola y la Universidad Danesa de Ciencias Farmacéuticas la ha convertido en la universidad más grande de Escandinavia. Ahora aspiramos a que se convierta en el centro de investigaciones sobre salud y ciencias de la vida más importante de Europa gracias a un notable conjunto de 5,000 investigadores, una excelente escuela de medicina, 11 hospitales universitarios y un floreciente ambiente empresarial en cuestión de biotecnología que ya incluye a líderes del mercado en materia de diabetes y ciencias neurológicas.

Si no hubiéramos emprendido la reforma de la administración, esto probablemente habría sido imposible. Hasta ahora nuestra experiencia nos ha enseñado que los administradores universitarios no deben responder a la creciente población estudiantil inflando su capacidad. Por feroz que sea la competencia global, deben concentrarse en salvaguardar la calidad y obtener la excelencia en la investigación y la educación.

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AUTHOR INFO

Lykke Friis is Pro-Vice Chancellor of the University of Copenhagen.