LONDRES - ¿Necesita la India necesita una nueva lucha por la independencia? Esta vez no sería contra el colonialismo británico, sino más bien contra el enfoque del Reino Unido sobre la regulación de la medicina reproductiva. En un momento en que la India está considerando una especie de servicio de intermediación para las parejas occidentales que buscan contratar a madres de alquiler indias, el gobierno británico ha anunciado la supresión de dos de las principales agencias normativas médicas.
Mientras tanto, a medida que estos países avanzan por el camino hacia los mercados libres en la medicina reproductiva, Francia está debatiendo la totalidad de sus leyes sobre bioética, defendiendo un modelo diferente, centrado en la justicia social y la protección de las mujeres vulnerables. Hay una alternativa a dejar simplemente que el mercado decida, insiste la Asamblea Francesa.
En algún momento, es probable que muchos países se vean envueltos en debates y controversias similares sobre los derechos y deberes reproductivos. Por lo tanto, es necesario aclarar lo que está en juego en la forma en que regulamos - o desregulamos - la fertilización in vitro (FIV), la venta de óvulos y el alquiler de vientres.
Puede resultar sorprendente para los observadores de Estados Unidos, en particular, que el enfoque del Reino Unido se pueda considerar como de "libre mercado". Después de todo, el Reino Unido prohíbe pagar por óvulos, mientras que en los Estados Unidos, se ha desarrollado un mercado altamente diferenciado alrededor de la "demanda de los consumidores." Y el Reino Unido tiene un organismo nacional que regula la fecundación in vitro, mientras que los EE.UU. tiene un mosaico de regulaciones estatales (o una falta de ellas).
Sin embargo, es posible que la Autoridad Británica de Embriología y Fertilización Humana (HFEA) no exista por mucho más tiempo. El gobierno del primer ministro, David Cameron, anunció en julio pasado su intención de abolir la HFEA para el año 2014, junto con la Autoridad de Tejidos Humanos, que se ocupa de los tejidos no reproductivos. La HFEA parece ya estar tratando de adelantarse al gobierno al suavizar su énfasis regulador.
El mes pasado, la HFEA finalizó una consulta sobre el aumento del nivel de "gastos" para pagar los óvulos utilizados en la FIV. La legislación europea prohíbe pagar por los óvulos, pero la Autoridad sugiere que aumentar los "gastos" considerablemente no constituiría un incentivo inadmisible. La HFEA está meramente "eliminando desincentivos", no "creando incentivos". A nadie se lo podría culpar por no ver la diferencia.
Quienes proponen el proyecto de Ley sobre Tecnologías de Reproducción Asistida 2010, ahora ante el Parlamento de la India, emplean un giro retórico similar. Dicen que el proyecto de ley en realidad protege a las madres sustitutas ( por ejemplo, limitando su número de embarazos). Sin embargo, la ley haría que los contratos de alquiler de vientre fueran jurídicamente vinculantes, que requiere a la madre entregar el bebé incluso si cambia de opinión.
Los opositores dicen que las agencias que hacen los arreglos serán los mayores ganadores: los enormes beneficios que va a cosecharían harán empalidecer lo que pagan las parejas extranjeras a las mujeres que alquilen sus vientres. Como N- B. Sarojini y Aastha Sharma escribieran en la Revista India de Ética Médica: "El proyecto de ley promueve activamente el turismo médico en la India con fines de reproducción".
Francia, como la mayoría de países europeos, tiene un problema con el turismo reproductivo: una escasez anual de alrededor de 700 donantes de óvulos hace que algunas parejas viajen a España, donde las clínicas privadas de fecundación in vitro pagar a los proveedores más en "gastos" que lo que permite el Reino Unido. Aun así, el proyecto de ley sigue prohibiendo el pago de los óvulos.
Y no es solo el comité de ética oficial de Francia el que adopta una postura de lucha contra la mercantilización. Los franceses han llevado a cabo recientemente una serie de encuentros de dos días en varias ciudades de provincia. En Rennes, el panel de debate sobre temas de medicina reproductiva apoyó la política de no pagar por los óvulos o esperma, ni siquiera con el subterfugio de aumentar el nivel de "gastos".
Si bien el documento de la HFEA pide que las preocupaciones éticas se "equilibren" frente a un aumento en la oferta de óvulos, los miembros de la Asamblea Francesa insisten en que la ley, la moral y el progreso son compatibles. Rechazan la idea de que la ética es optativa, aunque algunos profesores influyentes, como René Frydman, que ayudó a crear el primer bebé francés de FIV, han advertido de que Francia perderá terreno en la carrera científica a menos que abandone sus principios. La cámara alta, el Senado, estuvo mucho más abierta a escuchar ese punto de vista, por lo que el resultado es aún incierto.
Francia no es un Shangri-La, aislado de los mercados globales o las presiones de la investigación internacional. En palabras de Emmanuel Hirsch, profesor de ética médica en la Universidad de París XI, "¿Cuánto tiempo pueden nuestros estándares bioéticos seguir resistiéndose al ascenso de otras lógicas, en particular las financieras?"
No hay duda de que la regulación francesa puede ser dura; por ejemplo, la FIV se limita a las parejas heterosexuales que estén casadas o en relaciones de largo plazo. El razonamiento oficial fue que los óvulos y el esperma no son mercancías, sino regalos de una pareja fértil para una infértil. Esa es también una de las razones por las que los franceses han restringido la donación a mujeres que ya hayan tenido al menos un bebé (aunque esto está cambiando).
Sin embargo, la limitación a las parejas heterosexuales fue condenada -con razón- como homofóbica por parte del público francés en las consultas. En consecuencia, el proyecto de ley ha sido enmendado para permitir que las mujeres lesbianas puedan recibir óvulos donados. (Los hombres gays seguirán al margen, ya para ellos se requeriría un vientre alquilado y las madres de alquiler siguen estando prohibidas.)
Ese tipo de respuesta al sentimiento popular en el proceso legislativo desmiente el rumor de que la regulación francesa es inflexible e irremediablemente burocrática. De hecho, la actitud "anglosajona" de libre mercado suena precisamente a los viejos prejuicios sobre los franceses que han estado con nosotros desde que el novelista Thackeray dijera a los lectores británicos: "Tras la sopa, el francés come un plato de verduras, donde vosotros coméis uno de carne. Sois un animal diferente y superior: un animal que bate franceses."
Por supuesto, ahora sabemos que una dieta de carne de vacuno probablemente termine causando un endurecimiento de las arterias, mientras que la dieta mediterránea, basada en vegetales, es mucho mejor para la salud humana. ¿Es necesario decir más?


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