DAKAR – Este mes marca el 50 aniversario de la independencia de Francia de los países africanos francófonos, así como sus lazos con éste país. Peros, ¿hay mucho que celebrar?
Mucho antes de que el presidente francés, Charles de Gaulle, asumiera el poder en 1958, ya había anticipado la ola de nacionalismo revolucionario que pronto se extendería por toda África, Asia, América Latina y el Medio Oriente. Siendo presidente de Francia, trató de evitar esa corriente proponiendo a los líderes africanos de las colonias francesas un arreglo negociado de independencia.
Para tomar la oferta de De Gaulle, estos líderes tuvieron que aceptar, entre otras cosas, el acuartelamiento en su territorio de tropas francesas, ofrecer a Francia un suministro constante de materias primas a precios predeterminados, asumir todas las deudas de la era colonial adquiridas por Francia, mantener el franco CFA como su moneda común y otorgar la autoridad de veto de sus bancos centrales subregionales al Tesoro francés. De Gaulle obtuvo casi todo lo que quería, y concedió la independencia.
Desde entonces, el África francófona ha estado pagando por la independencia. Las tropas francesas han intervenido repetidamente en Chad, Gabón, Zaire, África Central, Togo y Costa de Marfil para apuntalar y proteger a los líderes incompetentes, antidemocráticos, corruptos y complacientes; para remover a los recalcitrantes; o para frenar los disturbios civiles. En Rwanda, Francia todavía tiene que deshacerse de la percepción que existe sobre su participación en permitir el genocidio de 1994.
En el frente monetario, los países miembros de la zona del franco CFA desmantelaron las estructuras federales que los unían durante la ocupación francesa y levantaron en su lugar barreras comerciales. Los francos CFA emitidos por dos bancos centrales subregionales (BCEAO y BEAC) no son intercambiables. Como resultado, se han detenido la integración económica y el comercio regional.
Las consiguientes dificultades económicas se exacerbaron durante la administración del presidente, François Mitterrand, cuyo primer ministro, Pierre Bérégovoy, mantuvo un franco francés fuerte –una política que en última instancia condujo a una masiva devaluación del 100% del franco CFA en 1994. Además, la apreciación del euro frente al dólar desde 2002 hasta hace poco significó que con el cambio de la vinculación del tipo de cambio del franco CFA al euro en lugar del franco francés provocó que se repitiera ese escenario. Además, al tener el grueso de sus exportaciones denominadas en dólares estadounidenses y los precios de sus importaciones establecidos primordialmente en euros, los déficits estructurales crónicos han destrozado las economías de la zona del franco, y las perspectivas de una segunda devaluación van creciendo a diario.
Lo que es peor es el hecho de que Francia garantiza la libre convertibilidad del franco CFA en moneda dura, inicialmente con la condición de que todos los 15 miembros de la zona del franco entregaran sus reservas extranjeras al Tesoro francés. La suma se redujo a 65% y después a 50%, en 2005, pero Francia todavía deduce su participación directamente de los ingresos procedentes de las exportaciones de estos países.
Además, la cobertura de divisas obligatoria del 20% estipulada en el convenio firmado con Francia en 1962 ahora es del 110%. Y el control del tipo de cambió aprobado en 1993 garantiza que solamente Francia se beneficia de este consumo gradual de capital al limitar el libre flujo de capital sólo en Francia. La consiguiente salida masiva de capitales ha purgado las economías de la región y erosionado su competitividad.
Esto es una lástima porque la situación económica en otros lugares fuera de África ha estado mejorando en años recientes –principalmente en África oriental y meridional, en donde la integración económica está funcionando dentro del Mercado Común del África Oriental y Meridional (COMESA) y la Comunidad para el Desarrollo del África Meridional (SADC).
Por desgracia, la asociación regional de África occidental, la Comunidad Económica de los Estados del África Occidental (CEDEAO) no es tan eficaz. Con el establecimiento de CEDEAO, los países de la zona del franco crearon dos grupos subregionales, la UEMOA (Unión Económica y Monetaria del África Occidental) y la CEMAC (Comisión de la Comunidad Económica y Monetaria de África), en un intento por tratar de reducir la influencia nigeriana, estadounidense y británica. Como resultado, los países del África occidental están casi al margen del actual renacimiento de África –y la perspectiva de un prolongado periodo de estancamiento en la zona euro con seguridad no ayudará.
El desequilibrio de la relación entre Francia y sus ex colonias africanas resulta totalmente inverosímil si se dejara de lado la psicología de los “libertadores” de África de hace 50 años. El primer presidente de Senegal, Léopold Sédar Senghor, creía firmemente en la supremacía de los blancos y alguna vez escribió que “la razón es helénica, la emoción es negra.” Leon Mba, el primer presidente de Gabón, era tan francófilo que legó su fortuna personal a Francia para financiar la construcción de un hospital en Paris.
De forma similar, el fundador de Costa de Marfil, FélixHouphouët-Boigny, acuñó la palabra “fransáfrica” para poner de relieve la ósmosis total entre Francia y sus antiguas colonias. El apoyo de Houphouët-Boigny a la política francesa hacia África lo condujo a establecer lazos diplomáticos con el régimen de apartheid de Sudáfrica e hizo de su país una ruta de tránsito para el suministro de los secesionistas de Biafra.
Era improbable que estos líderes alguna vez disputaran los mandatos de Francia y lo mismo aplica para sus herederos. Chad liberó, a petición de Francia, a unos franceses presuntos culpables de secuestro de niños. En Mali se puso en libertad a varios presuntos terroristas –miembros de una rama local de Al Qaeda- a cambio de un solo rehén francés. El presidente de Senegal alguna vez nombró al franco CFA una reliquia colonial –pero eso sucedió cuando era líder de la oposición. Ahora la considera la mejor moneda del mundo.
El status quo psicológico y económico garantiza que, después de 50 años de independencia, la verdadera emancipación de fransáfrica seguirá siendo una perspectiva distante. Si hay algo que celebrar, es que el equilibrio del poder económico global se está desplazando a los países emergentes y que los nuevos ejemplos y la nueva generación formada por el mundo globalizado están preparándose para asumir el manto de liderazgo.


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