WEEKLY SERIES

INTERNATIONAL ECONOMICS

STRATEGIC SPOTLIGHT

GLOBAL FINANCE

ECONOMICS OF DEVELOPMENT

ECONOMIC AND REGULATORY POLICY

ECONOMIC HISTORY

ECONOMIC PERSPECTIVES

PUBLIC INTELLECTUALS

GLOBAL OUTLOOK

REGIONAL EYE

SPECIAL SERIES

PROJECT SYNDICATE

The World in Words

Energizar a Europa

English Spanish Russian French German Czech Chinese Arabic

2007-02-23

En la campaña electoral pre-presidencial de Francia, los asuntos europeos se mencionan o se murmuran, pero casi nunca se debaten. Francia está esencialmente preocupada por sus propios problemas, en especial el supuesto malfuncionamiento de su clase política y la aparente apatía de la población francesa, a la que se culpa de un débil crecimiento económico, especialmente cuando se lo compara con Estados Unidos. Francia necesita un debate sobre asuntos de la Unión Europea, pero sólo en la medida en que no se degenere -como suele suceder en Europa- en autoflagelación.

Pero el germen de un debate de ese tipo existe y suena muy diferente del que dominó el fallido referéndum constitucional en Francia hace dos años. La operación de las instituciones europeas -el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Pacto de Estabilidad- enfrenta fuertes críticas, pero no por una nostalgia de soberanía nacional. No se está rechazando a Europa. Más bien, las críticas han sido con el objetivo de mejorar las instituciones europeas en nombre del bien común.

Los dos candidatos principales para la presidencia francesa, Ségolène Royal y Nicholas Sarkozy, instaron a la creación de un gobierno económico para la zona del euro. Por supuesto, un "gobierno" de esta naturaleza ya existe: el Banco Central Europeo. Pero lo que se necesita es un marco institucional que establezca una mayor responsabilidad política con respecto a los principales objetivos económicos que debería perseguir Europa -pleno empleo y crecimiento- y que, al menos en parte, cierre el déficit democrático que implicó que el BCE asumiera la política monetaria de los estados de la zona del euro.

Un momento de aparente desunión política, como existe hoy, tal vez no parezca el apropiado para iniciar un proyecto de este tipo. Pero, históricamente, a Europa le fue bien cuando, en momentos de peligro, inició procesos irreversibles que pesan más que cualquier otra consideración. Los padres fundadores de Europa entendieron esto cuando pergeñaron la idea de crear la Comunidad Europea del Carbón y del Acero: alentar a los antiguos enemigos a reunir algunas de las herramientas más poderosas de la guerra bajo el pretexto de favorecer sus intereses económicos fue una estrategia de una inteligencia extraordinaria.

Ahora vivimos en un momento similar de incertidumbre y peligro y esta vez, también, existe un proyecto, tanto económico como político, que puede unir a la Unión: la independencia energética, un factor clave en la soberanía nacional. Hoy, no existe nada en una escala pan-europea que garantice la responsabilidad de cada estado miembro de asegurar la seguridad de sus futuros suministros.

La Comisión Europea está cansada de intentar construir un mercado energético único, que le exigió persuadir a los gobiernos de que deben desmantelar a sus operadores monopólicos existentes –un prerrequisito para la competencia-. Si bien los estados miembro parecen haberse resignado a esto, fervientemente se oponen a la idea de que otras empresas europeas asuman el control de sus empresas “campeonas nacionales”.

Sin duda, los gobiernos no pueden eludir sus responsabilidades para con sus ciudadanos y sólo el tecnócrata más ingenuo cree que sólo el mercado puede asegurar la independencia energética. Al mismo tiempo, sin embargo, las negociaciones puramente bilaterales entre los miembros individuales de la UE y los países productores de gas y petróleo debilitan el poder de negociación de los estados miembro, al mismo tiempo que socava el peso geopolítico de Europa en los asuntos mundiales.

Sin embargo, afortunadamente, no hay ninguna necesidad de resignarse. Existe una solución obvia, similar a la Comunidad del Carbón y del Acero implementada por nuestros padres fundadores: una comunidad europea de energía, medio ambiente e investigación (E3RC). Es un error creer que las preocupaciones ecológicas se pueden abordar solamente a través del crecimiento negativo. Más bien todo lo contrario. Las nuevas tecnologías energéticas y medioambientales, sin duda, impulsarán el crecimiento en el futuro.

Pero sólo si se duplica la investigación para crear nuevas tecnologías que ahorren energía llegaremos a consumir menos energía en general y más energía de una manera ambientalmente amistosa. Los desastres ecológicos que ya generó nuestra actividad económica actual y el potencial catastrófico de los que vendrán al menos trajeron a casa la realidad de que la política energética y la protección ambiental no pueden separarse.

Tal como está, la E3RC perseguiría dos objetivos directamente relacionados: la independencia energética europea, que se vería favorecida por las nuevas tecnologías energéticas y ambientales, y el mayor poder de negociación de Europa en los mercados globales. Su creación también transmitiría un nuevo mensaje a la población europea: la competencia por sí sola no es lo único en el horizonte de Europa. Por sobre todo, la UE requiere cooperación.

Jean-Paul Fitoussi, presidente del Observatorio Francés de las Condiciones Económicas (OFCE).

You might also like to read more from or return to our home page.

La reimpresión de material de este sitio Web sin el consentimiento por escrito de Project Syndicate es una violación de las leyes internacionales de derechos de autor. Para obtener autorización, póngase en contacto con distribution@project-syndicate.org.
English Spanish Russian French German Czech Chinese Arabic

You must be logged in to post or reply to a comment.
Please log in or sign up for a free account.