![]() |
War and Peace by Shlomo Ben-Ami |
![]() |
Crossing Cultures by Ian Buruma |
![]() |
![]() |
![]() |
The Statesmen's Debate by Castañeda, Haass, Rocard |
![]() |
Anatomy of the Global Economy by J. Bradford DeLong |
![]() |
The Rebel Realist by Joschka Fischer |
![]() |
Global Warning by Bjørn Lomborg |
![]() |
European Observer by Dominique Moisi |
![]() |
Of Might and Right by Joseph S. Nye |
![]() |
History in Motion by Chris Patten |
![]() |
Roads to Prosperity by Dani Rodrik |
![]() |
The Unbound Economy by Kenneth Rogoff |
![]() |
Economics and Justice by Jeffrey D. Sachs |
![]() |
![]() |
Finance in the 21st Century by Shiller, Roubini |
![]() |
The Ethics of Life by Peter Singer |
![]() |
![]() |
Transatlantic Perspectives by Feldstein, Sinn |
![]() |
Against the Current by Robert Skidelsky |
![]() |
I Dissent: Unconventional Economic Wisdom by Joseph E. Stiglitz |
¿Puede la política aprender de la historia? ¿O está sujeta acaso a una compulsión fatal de repetir los mismos errores a pesar de las lecciones desastrosas del pasado? La nueva estrategia del Presidente Bush para Iraq plantea de nuevo esta vieja pregunta histórica y filosófica.
Ostensiblemente, el Presidente Bush ha emprendido una nueva estrategia militar y política en el Iraq devastado por la guerra. El nuevo rumbo de Bush se puede resumir en tres grandes líneas: más tropas estadounidenses, más responsabilidad de Iraq y más entrenamiento estadounidense para más tropas iraquíes.
Si aplicamos este plan sólo a Iraq, hay dos cosas que inmediatamente llaman la atención: se han ignorado casi todas las propuestas del informe Baker-Hamilton y el plan mismo --en vista del caos en Iraq-- es muy simplista. Ante el fracaso de todas las “nuevas estrategias” anteriores para estabilizar a Iraq, no hay muchos indicios de que la más reciente de las “nuevas estrategias” vaya a tener mejores resultados, pese a los 21,000 soldados estadounidenses adicionales.
Lo que es interesante y verdaderamente nuevo en la política de la administración estadounidense que se acaba de anunciar es la forma en que se extiende más allá de Iraq para lidiar con Irán, Siria y los Estados del Golfo. Aquí, se han comunicado decisiones inesperadas y realmente nuevas: se trasladará un grupo adicional de portaaviones estadounidenses hacia el Golfo Pérsico; en los países del Golfo se van a instalar misiles antiaéreos Patriot; y los 21,000 soldados adicionales rebasan por mucho lo que los generales estadounidenses habían solicitado para afrontar la situación en Iraq. Entonces, uno se pregunta, ¿cuál es el propósito de este refuerzo militar? Casi se podría pensar que Saddam sigue vivo y en el poder y que hay que preparar nuevamente su derrocamiento.
Lo sorpresivo en la nueva política de Bush es el cambio del enfoque político de Iraq hacia sus dos vecinos inmediatos. Bush acusa a Siria y a Irán de interferir en Iraq, amenazar su integridad territorial y poner en peligro a las tropas estadounidenses y, de manera más general, de querer socavar a los aliados de Estados Unidos en la región. Si a esto le sumamos la captura, por órdenes de Bush, de los “diplomáticos” iraníes que llevaron a cabo las fuerzas estadounidenses en Erbil, una ciudad al norte de Iraq, aparece una imagen completamente nueva del plan del Presidente: la “nueva estrategia” no sigue los consejos del Informe Baker-Hamilton sino que retoma la estrategia desastrosa de los neoconservadores. Irán está ahora en la mira de la superpotencia y el enfoque estadounidense recuerda la fase preparatoria de la guerra de Iraq –hasta el último detalle.
¿A dónde conduce todo esto? Básicamente, hay dos posibilidades, una positiva y una negativa. Desgraciadamente, el resultado positivo parece ser el menos probable.
Si la amenaza de la fuerza –una fuerza que los Estados Unidos están construyendo muy obviamente—tiene como objetivo preparar el terreno para entablar negociaciones serias con Irán, no puede ni debería haber objeciones. Si, por el contrario, representa un intento por preparar al público estadounidense para una guerra contra Irán, y una intención genuina de desencadenar esa guerra cuando surja la oportunidad, entonces el resultado sería un desastre total.
Lamentablemente, este peligro es muy real. Puesto que la administración Bush considera al programa nuclear de Irán y sus ambiciones hegemónicas como la mayor amenaza a la región, su nueva estrategia se basa en una alianza recién formada y no declarada con los Estados árabes sunitas moderados e Israel en contra de Irán. Aquí, el programa nuclear es el factor dinámico porque va establecer el calendario de acción.
Pero los ataques aéreos a Irán, que Estados Unidos podría ver como una solución militar, no harían que Iraq fuera más seguro; lograrían exactamente lo opuesto. Tampoco se estabilizaría la región en general; al contrario, se hundiría en un abismo. Y el sueño del “cambio de régimen” en Teherán tampoco se haría realidad; más bien, la oposición democrática de Irán pagaría un alto precio y el régimen teocrático se haría más fuerte.
No se han agotado las opciones políticas para estabilizar a Iraq y a toda la región, así como para asegurar una suspensión a largo plazo del programa nuclear de Irán. El estado actual del programa nuclear de Irán no requiere de una acción militar inmediata. En cambio, la atención debería centrarse en los esfuerzos diplomáticos para separar a Siria de Irán y aislar al régimen de Teherán. Pero esto presupone la voluntad estadounidense de regresar a la diplomacia y negociar con todas las partes involucradas. Teherán teme un aislamiento regional e internacional. Además, las recientes elecciones municipales en Irán mostraron que apostar a la diplomacia y a la transformación de Irán desde dentro es una opción realista. Entonces, ¿por qué las actuales amenazas a Irán?
La debacle de Iraq era previsible desde el principio y los numerosos socios y amigos de Estados Unidos lo predijeron claramente en sus advertencias a la administración Bush. El error que Estados Unidos podría estar a punto de cometer es igualmente predecible: no se puede corregir una guerra que está mal ampliándola –esa es la lección de Vietnam, Laos y Camboya.
La estrategia de cambio de régimen mediante la fuerza militar impulsada por la ideología llevó a Estados Unidos al desastre de la guerra en Iraq. Entrar a Iraq y vencer a Saddam fue fácil. Pero ahora, Estados Unidos está atrapado ahí y no sabe ni cómo ganar ni cómo salir. No se corrige una equivocación cometiéndola una y otra vez. Perseverar en el error no lo enmienda, sólo lo agrava. Tras el lanzamiento de la nueva política estadounidense, la vieja pregunta sobre si la política puede aprender de la historia será respondida otra vez en el Medio Oriente. Cualquiera que sea la respuesta, las consecuencias --buenas o malas-- serán de largo alcance.
Joschka Fischer fue Ministro de Relaciones Exteriores y Vicecanciller de Alemania de 1998 a 2005 y líder del Partido Verde durante casi 20 años . Actualmente es profesor visitante en la Escuela Woodrow Wilson de la Universidad de Princeton.
Copyright: Project Syndicate/Instituto para las Ciencias Humanas, 2007.
www.project-syndicate.org
Traducción de Kena Nequiz