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A la hora señalada en el Medio Oriente

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2008-05-27

Jerusalén – Como resultado de la desacertada política estadounidense, la amenaza de otra confrontación militar se cierne como una oscura nube en el Medio Oriente. Los enemigos de Estados Unidos se han fortalecido e Irán –a pesar de que se le ha nombrado como uno de los miembros del llamado “eje del mal” – ha recibido el impulso para hacerse de la hegemonía regional. Irán nunca lo habría logrado por sí solo, ciertamente no en tan poco tiempo.

De esta forma, una rivalidad que hasta ahora estaba latente entre Irán e Israel se ha convertido en una lucha abierta por el predominio en Medio Oriente. El resultado ha sido el surgimiento de algunas alianzas sorprendentes, sino es que extrañas: Irán, Siria, Hezbollah, Hamas y el Iraq dominado por los chiítas y respaldado por los estadounidenses se enfrentan a Israel, Arabia Saudita y la mayoría de los demás Estados árabes sunitas, todos los cuales se sienten amenazados por el ascenso de Irán.

Varios factores han elevado el riesgo de una confrontación importante: los precios persistentemente elevados del petróleo, que han creado nuevas oportunidades financieras y políticas para Irán; la derrota de Occidente y sus aliados regionales en las guerras que llevan a cabo sus intermediarios en Gaza y Líbano; y el fracaso del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para inducir a Irán a que acepte siquiera una suspensión temporal de su programa nuclear.

El programa nuclear de Irán es el factor decisivo en esta ecuación, porque amenaza irreversiblemente el equilibrio estratégico de la región. El hecho de que Irán –un país cuyo presidente no se cansa de hacer llamados a la destrucción de Israel y que amenaza las fronteras norte y sur de esa nación mediante su apoyo masivo a las guerras que llevan a cabo Hezbollah y Hamas – pueda algún día tener misiles con cabezas nucleares es la peor pesadilla de seguridad para Israel. La política no es únicamente cuestión de hechos, sino también de percepciones. El que una percepción sea o no correcta no tiene importancia, porque de cualquier manera conduce a tomar decisiones.

Esto se aplica en particular cuando la percepción tiene que ver con lo que las partes consideran amenazas a su existencia misma. En Israel se toman en serio las amenazas de aniquilación del Presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, debido al trauma del Holocausto. Y la mayoría de los gobiernos árabes comparten el temor de un Irán con armas nucleares. Este mes Israel celebró su 60° aniversario y el Presidente George W. Bush fue a Jerusalén a desempeñar una parte central en los festejos. Pero quienes habían esperado que su visita se dedicara principalmente a las estancadas negociaciones entre Israel y los palestinos sufrieron una gran decepción. El tema central de Bush, incluyendo el discurso que pronunció ante el parlamento israelí, fue Irán. Bush había prometido acercar el conflicto del Medio Oriente a una solución antes de que terminara su mandato este año. Pero su visita final a Israel parece indicar que su objetivo es diferente: parece estar planeando, junto con Israel, acabar con el programa nuclear iraní –y hacerlo por medios militares y no diplomáticos.

Cualquiera que haya seguido la prensa israelí durante las celebraciones del aniversario y haya puesto atención a lo que se decía en Jerusalén, no necesita ser profeta para entender que las cosas están llegando a un nivel crítico. Consideremos lo siguiente:

·    “¡Alto al apaciguamiento!” es una exigencia que se plantea en todo el espectro político de Israel – y a lo que se refiere es a la amenaza nuclear que proviene de Irán.

·    Mientras Israel celebraba, el Ministro de Defensa, Ehud Barak, dijo que una confrontación militar de vida o muerte era una posibilidad real.

·    El comandante saliente de la fuerza aérea israelí declaró que la aviación era capaz de llevar a cabo cualquier misión, por difícil que fuera, para proteger la seguridad del país. La destrucción de una instalación nuclear siria el año pasado y la falta de reacciones internacionales al respecto se consideran un ejemplo para las próximas acciones contra Irán.

·    La lista de peticiones israelíes de armas estadounidenses que se discutió con el presidente de EU se concentraba principalmente en mejorar la capacidad de ataque y la precisión de la fuerza aérea israelí.

·    Las iniciativas diplomáticas y las sanciones de la ONU se consideran irremediablemente inútiles.

·    Con el próximo fin de la presidencia de Bush y la incertidumbre sobre la política de su sucesor, se considera que las oportunidades para llevar a cabo las acciones israelíes potencialmente se están agotando.

Los últimos dos factores tienen un peso especial. Si bien la inteligencia militar israelí ha dicho oficialmente que lo más pronto que Irán podría cruzar el último umbral en el camino hacia el poderío nuclear sería entre 2010 y 2015, la sensación en Israel es que la oportunidad se presenta ahora, durante los últimos meses de la presidencia de Bush.

Aunque en Jerusalén se reconoce que un ataque contra las instalaciones nucleares de Irán tendría riesgos graves y difíciles de evaluar, la elección entre aceptar una bomba iraní e intentar destruirlo militarmente, con todas las consecuencias que eso supone, es clara. Israel no va a esperar a que las cosas sucedan.

El Medio Oriente se dirige a una nueva confrontación importante en 2008. Irán debe entender que sin una solución diplomática en los próximos meses, es muy probable que estalle un conflicto militar peligroso. Ya es tiempo de que se lleven a cabo negociaciones serias.

La oferta más reciente de las seis potencias –los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania—está en la mesa y toma muy en cuenta los intereses de Irán. La cuestión decisiva, sin embargo, será poder suspender el programa nuclear de Irán mientras duren las negociaciones para evitar una confrontación militar antes de que concluyan. Si este nuevo intento fracasa, la situación se tornará seria. Mortalmente seria.

Joschka Fischer, Ministro de Relaciones Exteriores y Vicecanciller de Alemania de 1998 a 2005, fue líder del Partido Verde alemán durante casi 20 años.

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