Wednesday, July 30, 2014
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Primero lo Primero: ¿Estadounidenses o Ética?

Al explicar por qué abandonaba el acuerdo de Kioto sobre calentamiento global, el presidente Bush dijo: "No vamos a hacer nada que afecte a nuestra economía, porque primero lo primero está la gente que vive en Estados Unidos". Esa declaración no debería sorprender a nadie que se haya mantenido al tanto del desarrollo de las elecciones estadounidenses. En el segundo debate presidencial, le preguntaron a George W. Bush cómo usaría el poder e influencia globales de Estados Unidos. Él dijo que la usaría para beneficiar a todos los estadounidenses.

Estas declaraciones no sorprenderían a nadie que haya estudiado los discursos del padre del presidente. El primer presidente Bush dijo algo muy similar hace casi una década, durante la "Cumbre de Río" de 1992. Cuando los representantes de las naciones en desarrollo le pidieron a Bush padre que incluyera el sobreconsumo de recursos de los países desarrollados, sobre todo Estados Unidos (EU), en la agenda de discusiones, él dijo que "el estilo americano no está en las negociaciones", pase lo que pase, o así le parecio a su audiencia, con los costos que otros tengan que pagar.

Pero no sólo las administraciones de los Bush ponen los intereses de los estadounidenses primero. En los Balcanes, el gobierno de Clinton-Gore dejó en claro que no estaba preparado para arriesgar la vida de un solo estadounidense para reducir el riesgo de tener bajas civiles. Sobre esto, Timothy Garton Ash escribió: "Es un pervertido código moral el que permitirá que un millón de civiles inocentes de otra raza se vuelvan indigentes porque no estás preparado para arriesgar la vida de uno solo de tus soldados profesionales". Esta estrategia fue un éxito total cuando en Kosovo se restringió la intervención al bombardeo aéreo: las fuerzas de la OTAN no sufrieron una sola baja, pero se mató a aproximadamente 300 civiles kosovares, 209 serbios y 3 chinos.

Esta visión de los deberes de un líder nacional, expuesta sin tacto y honestamente, nos obliga a considerar una cuestión ética fundamental. ¿Hasta qué punto deben los líderes políticos ver su papel de forma limitada, en cuanto a promover los intereses de sus ciudadanos, y hasta qué punto deben preocuparse por el bienestar de la gente en todas partes?

Mr. Romano Prodi, presidente de la Comisión de la Unión Europea y ex Primer Ministro de Italia, resondió a la más reciente declaración del presidente Bush diciendo que "Si uno quiere ser un líder del mundo, uno tiene que saber como cuidar de la Tierra entera y no sólo de la industria estadounidense". Pero la pregunta no es sólo aplicable a aquellos que quieren ser líderes mundiales. Los dirigentes de países más pequeños también deben considerar, en contextos como el calentamiento global, pactos comerciales, apoyo del exterior y el manejo de los refugiados, hasta qué punto están preparados para considerar los intereses de los "forasteros".

Como sugiere Ash, hay fuertes bases éticas para decir que está mal que los lideres le den absoluta prioridad a los intereses de sus propios ciudadanos. El valor de la vida de un ser humano inocente no cambia de acuerdo a la nacionalidad. Incluso la administración de Bush dio mayor importancia a las vidas de millones de africanos infectados con el VIH que a los intereses económicos de las corporaciones farmacéuticas estadounidenses cuando reafirmó la orden ejecutiva del expresidente Clinton al decir que EU no impediría que las naciones africanas dieran licencias a sus propias industrias para producir copias baratas de drogas que podrían salvar la vida de sus ciudadanos, a pesar de que las empresas norteamericanas tenían las patentes de dichas drogas. Si los intereses estadounidenses estuvieran siempre primero, esa decisión --que fue la correcta-- sería difícil de explicar.

Pero es posible decir que la idea ética abstracta de que todos los humanos merecen la misma consideración no pueden definir la forma en la que ponderamos los deberes de un líder político. Así como se espera que los padres velen por los intereses de sus propios hijos, en lugar de por los intereses de los extraños, al aceptar el puesto de presidente de EU, George W. Bush asumió un papel específico que hace de proteger y fomentar los intereses de los estadounidenses un deber para él. Los otros países tienen sus líderes, quienes tienen papeles similares con respecto a sus conciudadanos. No hay una comunidad política mundial. Mientras esa situación prevalezca, debemos tener naciones-estado y los líderes de estos naciones-estado deben dar preferencia a los intereses de sus ciudadanos.

Hay algo de verdad en esto. Sin ella, a menos que los electores se volvieran altruistas de un tipo que nunca se ha visto a gran escala, la democracia no podría funcionar. Los votantes estadounidenses no elegirían a un presidente que no diera más importancia a sus intereses que a los de la gente que vive en otros países. Quizá, dada la naturaleza global de los problemas que ahora enfrentamos, este es un argumento para un mundo federalista, no uno dividido en naciones-estado. Pero mientras eso siga siendo sólo un ideal sin substancia política, nuestros líderes sentirán que deben dar un cierto grado de prioridad a los intereses de sus propios ciudadanos.

"Un cierto grado", sin embargo, no significa prioridad absoluta. Los padres pueden dar preferencia a sus niños, pero si el costo de comprar juguetes nuevos a nuestros hijos implica las vidas de otros niños, eso no puede defenderse. Abandonar el acuerdo de Kyoto, según muchos opinan, amenzará las vidas de decenas o cientos de millones de personas que viven en países demasiado pobres para protegerlos de las consecuencias del cambio climático y el incremento del nivel de los oceános. Es por eso que los europeos y las personas en muchos otros países están enfadados por el modo casual con el que el presidente estadounidense asumió que "primero lo primero está la gente que vive en Estados Unidos". Que el presidente Bush dé cierta preferencia a los intereses económicos de los estadounidenses es una postura que quizá puede defenderse, pero ponerlos por encima de los intereses de vida o muerte de millones de seres humanos va más allá de lo que cualquier argumento ético puede justificar.

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