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Desórdenes cambiarios

NUEVA YORK – Dos características problemáticas de la recuperación económica en curso son la depresión del comercio internacional y la reaparición temprana de los desbalances mundiales de pagos. Los cálculos del FMI y la ONU indican que el volumen del comercio internacional estará en 2010 entre 7 y 8% por debajo del nivel de 2008, al tiempo que la mayoría de los países, incluyendo ahora los industrializados, buscan mejorar sus balances en cuenta corriente con el exterior.

En realidad, si hemos de creer las proyecciones del FMI, ¡los saldos en cuenta corriente del conjunto del mundo aumentarían casi un billón de dólares entre 2009 y 2012! Esto es obviamente imposible, porque los superávit y déficit de los países deben compensarse entre sí. Las proyecciones del Fondo simplemente reflejan la fuerza recesiva que afecta a la economía mundial, debido a la debilidad de la demanda agregada.

En estas condiciones, un crecimiento liderado por las exportaciones de las principales economías del mundo es una amenaza para la economía mundial. Esto es cierto tanto para China, como para Alemania (como ya se lo ha recordado a sus vecinos la Ministra Lagarde, de Francia), Japón y los Estados Unidos.

Los países con superávit en cuenta corriente deben adoptar políticas expansivas y apreciar sus monedas. En términos más amplios, en la medida en que las principales economías emergentes continúen liderando la recuperación mundial, deben reducir sus superávit externos, o incluso generar déficit, para difundir los beneficios de su crecimiento a través de mayores importaciones.

Sin embargo, aunque esto implica que las monedas de las economías emergentes deben fortalecerse, apreciaciones desordenadas pueden generar más perjuicios que beneficios. Para utilizar un dicho norteamericano, con ellas se corre el peligro de tirar el bebé (el crecimiento económico) junto con el agua de la tina (las apreciaciones del tipo de cambio).

Miremos primero a China, que tiene la participación más alta en el comercio mundial entre las economías emergentes. La apreciación del renminbi es necesaria para un crecimiento mundial balanceado. Pero una apreciación desordenada puede afectar seriamente el crecimiento de dicho país a través de los efectos disruptivos que generaría sobre su industria exportadora, lo que provocaría efectos masivos adversos en toda Asia Oriental.

China necesita una restructuración interna importante; de las exportaciones y la inversión, sus dos motores de crecimiento en décadas pasadas, hacia el consumo privado y público (educación, salud y protección social). Pero esta restructuración tenderá a reducir, no a aumentar la demanda de importaciones, ya que las exportaciones y la inversión son mucho más intensivas en insumos externos que el consumo.

Más aún, una apreciación abrupta del renminbi generaría el riesgo de deflación y de una crisis financiera interna. Las autoridades chinas parecen tener esa interpretación de las raíces de los problemas japoneses cuando buscan evitar una apreciación acelerada.

Por eso, el único escenario deseable es una economía china que transmita sus estímulos al resto del mundo a través de las mayores importaciones generadas por un rápido crecimiento económico (es decir, de los efectos ingreso sobre la demanda de importaciones) más que de la apreciación del tipo de cambio (los efectos sustitución). Esto implica mantener un crecimiento rápido al tiempo que se hace una restructuración interna de grandes proporciones, pero que será necesariamente gradual, para lo cual una apreciación pausada es mucho más apropiada.

Consideremos ahora a otras economías emergentes. En este caso, la apreciación de las monedas ya está en curso, impulsada por los masivos ingresos de capital que se reiniciaron en el segundo trimestre de 2009, y que en algunos casos se puede decir que ya es excesiva (por ejemplo, en Brasil).

Estos países pueden evitar dichas presiones a la revaluación de sus monedas acumulando reservas internacionales, como lo venían haciendo antes de la crisis financiera global. El resultado es, sin embargo, paradójico: fondos privados fluyen hacia estas economías y son reciclados hacia bonos del Tesoro norteamericano a través de la forma como s invierten las reservas. ¿Qué sentido tiene que los bancos centrales de las economías emergentes hagan esta intermediación financiera tan particular, especialmente si el costo de los fondos privados es mayor que el rendimiento de las reservas internacionales?

La principal implicación es que confiar en que los libres movimientos de capitales generen la apreciación y los déficit en cuenta corriente crea una multiplicidad de problemas, que incluye un crecimiento económico más lento y el riesgo de burbujas en los precios de los activos y el desencadenamiento de crisis financieras propias. De esta manera, es necesario buscar un mecanismo más ordenado de generar déficit en cuenta corriente sin amenazar el crecimiento económico de las economías emergentes.

Una solución, que han propuesto algunos analistas, entre los que me encuentro, y que usan unos pocos países, son las regulaciones a la entrada de capitales. Curiosamente, sin embargo, este tema está casi enteramente ausente de los debates mundiales sobre reforma financiera. Afortunadamente, el FMI abrió las puertas para discutirlo a través de un documento público de altos funcionarios.

De manera igualmente importante, el escenario global más deseable es uno en el que un conjunto amplio de países en desarrollo incurran en déficit en cuenta corriente. Pero esto requiere una reforma del sistema financiero mundial para reducir las vulnerabilidades que dichos déficit manifestaron en el pasado y que dejaron su estela en las fuertes crisis financieras que experimentó el mundo en desarrollo.

Estas crisis del pasado dieron lugar al “auto-aseguramiento” de los países en desarrollo a través de la acumulación de reservas. Esto les ayudó a manejar mejor el temporal financiero reciente, pero contribuyó a los desbalances de pagos mundiales.

Las reformas recientes del FMI han dado un paso en la dirección de crear mejores instrumentos financieros para apoyar a estas economías. Es esencial, en particular, diseñar y poner en marcha mecanismos en gran escala para apoyar a los países en desarrollo durante las crisis, a través de una mezcla de emisiones de Derechos Especiales de Giro con propósitos anti-cíclicos y de financiamiento de emergencia sin condicionalidades excesivas.

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