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La unidad de Europa en los valores europeos

Junto al debate acerca de la constitución de la Unión Europea, también se ha desarrollado uno acerca de los valores europeos. Este debate es importante no sólo para darle sentido a la constitución, sino además para determinar la vitalidad y energía de la UE misma.

La UE, siendo el producto de varias grandes religiones y tradiciones filosóficas, es una comunidad de valores. Las ideas de los griegos y romanos, el cristianismo, el judaísmo, el humanismo y la Ilustración nos han hecho quienes somos. El diálogo con las culturas islámica y árabe también ha ayudado a forjar nuestra identidad. La trama de nuestros valores se ha ido tejiendo a lo largo de cientos de años.

Europa es el continente de Miguel Ángel y Montesquieu, pero también el de la guillotina y las cámaras de gas. De hecho, la amarga experiencia de la Segunda Guerra Mundial enseñó a los europeos la importancia de compartir valores. En una Europa empobrecida y asolada por la guerra, la gente añoraba intensamente la paz, la libertad, la estabilidad y una nueva oportunidad para prosperar.

Los arquitectos de la integración europea (Monnet, Schuman, Adenauer, De Gasperi y otros) comprendieron que estos ideales se podrían lograr sólo mediante la combinación y entrelazamiento de los intereses prácticos de los países de Europa. Crearon su frágil casa de la paz sobre unos cimientos de carbón y acero.

Los fundadores le pasaron la antorcha a la generación de Jacques Delors, Helmut Kohl, François Mitterrand, Václav Havel, Valéry Giscard d'Estaing y otros. Éstos ampliaron y profundizaron la cooperación europea. Su liderazgo hizo posible que Europa diera grandes pasos hacia sus ideales de postguerra: paz, estabilidad y prosperidad.

Ahora estamos a las puertas de una nueva fase de la cooperación europea. En octubre se firmará el Tratado Constitucional de la UE. Una nueva generación de políticos está lista para hacer avanzar la antorcha.

Pero, ¿es la antorcha lo suficientemente brillante? A principios de los años 50, Jean Monnet: "No estamos formando una coalición de estados. Estamos uniendo pueblos." Aparentemente no. A medida que la Unión avanza en su carrera, pareciera que ha perdido a los ciudadanos europeos en el camino. Muchos están dando la espalda al proyecto completo. Les cuesta ver lo que tenemos de común en Europa. No se sienten parte del todo. Incluso en los nuevos estados miembros, se está enfriando el entusiasmo hacia la familia europea de democracias. Hemos logrado una Europa unida sin unir a los europeos.

Las generaciones de postguerra actuales, sin tener recuerdos directos de la Segunda Guerra Mundial, dan los grandes logros de Europa (libertad, paz, prosperidad) como algo que existe por descontado. La idea de Europa como una herencia y una misión no significa mucho para ellos. Pero, sin ideales, los cimientos de Europa se socavarán.

El énfasis sólo en los intereses propios aumenta esta amenaza. Mi generación creció con la imagen de Europa como una forma económica de cooperación. Los motivos políticos tras la integración europea perdían relieve frente al proyecto económico. El resultado es una impresión de Europa como un mercado. Una Europa de mercados y dinero, no de hombres y valores morales, dominaba el proyecto. Pero sin una base moral no puede haber una economía de libre mercado.

Hoy estamos pagando el precio de no prestar atención a los valores compartidos y a la misión común de Europa. Hasta que los europeos sepan con precisión lo que significa Europa, qué es lo que nos inspira y motiva, la Unión no será capaz de tener una acción conjunta en el mundo.

La Constitución de la UE hará a Europa más democrática y transparente. Da garantías adicionales de que las decisiones serán tomadas por quienes estén más cerca de los ciudadanos, y reconoce la significación de los valores sobre los que descansa la Unión: respeto hacia la dignidad y los derechos humanos, la libertad, la igualdad y el imperio de la ley. Estos valores compartidos son lo que mantiene unidos a los gobiernos, reconociendo que aferrarse sólo a los intereses propios ya no es razonable cuando las preocupaciones comunes hacen necesaria una estrategia común.

Porque, ¿cuál es el sentido de deshacernos de las fronteras físicas de Europa si persisten las fronteras entre los ciudadanos? Cómo pueden los europeos estar felices de la caída de la Cortina de Hierro si en toda la Unión hay grupos y personas que se esconden y protegen tras cortinas de hierro privadas?

En lugar de ello, están haciéndose visibles el miedo, la inseguridad y el nacionalismo. Es importante que los europeos reflexionemos sobre eso, a medida que nos preparamos para otras rondas de ampliación y consideramos iniciar negociaciones para el ingreso de Turquía.

El preámbulo de la Constitución declara que Europa está "unida en su diversidad". Este es tal vez la declaración más concisa de lo que hace que Europa sea Europa. Pero las palabras "unidos en la diversidad" hace surgir la pregunta de dónde está la unidad.

La respuesta está en los valores en que se basa la Unión. Habitan al interior de tres conceptos: libertad, solidaridad y respeto mutuo. Juntos , ellos tres hacen posible que Europa abra sus puertas a una gran diversidad de pueblos y que al mismo tiempo hable como una comunidad de pueblos preparados para ser responsables los unos por los otros.

Hacer de tal comunidad una realidad no ocurrirá a partir de la creencia de que la cultura europea es mejor que las demás. La haremos realidad a través del diálogo y una profunda reflexión acerca de los valores comunes de Europa. Los valores deben ser el camino que nos conduzca a lo que no se puede alcanzar mediante los mercados y las instituciones: el ingreso de los ciudadanos europeos a la Unión Europea.

Sólo abrazando sus valores comunes podemos los europeos prevenir que nuestra Unión se convierta en una máquina sin alma. Trabajando en conjunto, los europeos debemos encontrar lo que nos conecta y hacer nacer un nuevo entusiasmo y un nuevo espíritu de lo que encontremos: un espíritu que necesitamos urgentemente para los grandes problemas de hoy. Ningún país puede abordar estos problemas por si mismo. Después de más de cincuenta años, Europa como una comunidad de valores es más necesaria que nunca.

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