Saturday, November 1, 2014
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El imperativo de solidaridad de Europa

LONDRES – Cuando el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi proclamó públicamente que el BCE haría “lo que sea necesario” para asegurar la futura estabilidad del euro, sus comentarios tuvieron un efecto inmediato y sorprendente. Los costos de los créditos para España e Italia cayeron espectacularmente; los mercados de valores se recuperaron y la reciente disminución del valor externo del euro frenó repentinamente.

Sigue siendo incierto cuán largo será el efecto de las declaraciones de Draghi –o el apoyo que le ofrecieron la canciller alemana, Angela Merkel, el presidente francés, François Hollande y el primer ministro italiano, Mario Monti. Lo que podemos afirmar con seguridad es que los comentarios de Dragui y las reacciones que provocaron demuestran que los principales problemas de la eurozona no son esencialmente financieros o económicos; sino políticos, sicológicos e institucionales.

Los observadores internacionales asimilaron de ese modo el compromiso de Dragui de hacer “lo que sea necesario” para rescatar al euro, porque muchos de ellos han llegado a dudar del compromiso de otros líderes europeos para actuar del mismo modo. (Por supuesto, algunas de estas dudas responden a intereses políticos o financieros; un determinado modelo de capitalismo financiero percibe el euro como una amenaza, y sus partidarios harán lo que sea para acabar con él.)

Sin embargo, la incapacidad de los líderes de la eurozona para mitigar las dudas sobre su compromiso con el euro después de dos años y medio de crisis sugiere que el problema está profundamente arraigado. En su propia defensa, los ministros de la eurozona señalan el conjunto de reformas que realizaron en los últimos treinta meses, que promoverán la modernización económica, el restablecimiento de finanzas públicas sólidas y una mejor coordinación económica.

Por desgracia, a menudo estas reformas han servido como actividad de sustitución –aunque son útiles en esencia, no han podido ofrecer una respuesta contundente a la pregunta que se plantea cada vez con más urgencia en los mercados internacionales: ¿Están los miembros más grandes y actualmente más prósperos de la eurozona absolutamente comprometidos con la preservación del euro?

Nadie duda de que Alemania y gran parte de los otros miembros de la eurozona preferirían la preservación de la moneda única. La incertidumbre de ahora se refiere a si consideraciones de política nacional o el resentimiento por la lentitud de las reformas en determinados países de la eurozona pueden anular esta preferencia.

En efecto, un proverbio alemán que dice que “la verdad es buena pero el control es mejor” ha sido el fundamento de la política de los líderes de la eurozona desde que la crisis de la deuda del mundo desarrollado afectara el sistema de gobernanza de la moneda única. Las implicaciones son claras: no se puede dar por hecho la confianza entre los miembros de la eurozona, sino que se debe ganar y mantener.

Las limitaciones de este enfoque ahora han sido reveladas. Si bien los países más ricos de la eurozona verdaderamente han hecho mucho para ayudar a sus vecinos en dificultades, la ayuda se ha dado de forma gradual, desagradable, condicional y transitoria.

Por un lado, es comprensible que Alemania y otros países de la eurozona deberían tener garantías de que sus recursos no se malgastarán. Pero esta necesidad constante de seguridad, de limitar el riesgo y la participación a lo mínimo necesario provoca un temor de que en determinado momento Alemania y otros consideren que las garantías de sus socios son insuficientes y que los riesgos de ayudarlos son inaceptables. Si eso pasa, la desaparición del euro no tardará en producirse.

El Tratado de Roma, firmado en 1957, representa un comienzo noble y ambicioso de la historia europea. La solidaridad y la predictibilidad en las relaciones internacionales, basadas en instituciones e intereses comunes, garantizarían la prosperidad y estabilidad de Europa mucho más efectivamente que los tradicionales actos de equilibrismo de la diplomacia, cuyos practicantes en muchas ocasiones se han precipitado al abismo.

El euro se fundó en este espíritu de solidaridad, y su contribución para limitar la inestabilidad económica y financiera en Europa en los últimos cinco años no se debería subestimar. El ejemplo de los años treinta es un recuerdo de que las cosas podrían haber sido mucho peor. La tentación de los líderes de la eurozona de regresar a modelos desacreditados de relaciones europeas, fue tolerable durante un tiempo, pero ha llegado a su límite.

Tengo la impresión de que el público alemán y la opinión política han empezado a reconocer que la desaparición del euro implicaría para ese país y para Europa una devastación económica. Los políticos alemanes tienen la importante responsabilidad democrática de fortalecer esta comprensión de la situación y preconizar las medidas necesarias para evitar la catástrofe.

En una democracia que funcione bien los dirigentes que ocultan verdades desagradables a sus electorados no tienen cabida. Sería un delirio imaginar que la eurozona solo tiene que continuar su rumbo actual para garantizar el futuro de la moneda única. Si acaso, ese rumbo lo único que hace es acentuar inaceptablemente las diferencias entre los Estados miembros de una forma insostenible en términos políticos y económicos a largo plazo.

Se necesita remplazar la filosofía de control y reciprocidad que hasta ahora ha caracterizado el enfoque de la eurozona a su crisis de gobernanza por uno de solidaridad y todo lo que ello implica. Esto se traduce en un mayor equilibrio de la política económica en la eurozona y un papel fortalecido para el BCE, una verdadera unión bancaria y financiera, y una hoja de ruta para la mutualización parcial y condicional del legado de deudas. 

Los líderes de la eurozona han hablado de todo esto, pero ha llegado el momento de hacer compromisos claros y preparar un calendario realista de acciones. Nos estamos acercando peligrosamente al momento en el que seguir adoptando medidas para solo salir del paso podría desembocar en  una nueva crisis. Así pues, la superioridad con que actúa el Bundesbank al afirmar que sus responsabilidades son de algún modo más serias y -más vinculantes- que las de los demás bancos centrales es peligrosamente erróneo. El “Nein” únicamente nos acerca a la calamidad.

Ninguno de los problemas financieros de Europa sería tan complicado actualmente si las dudas sobre el futuro de la eurozona se hubieran aclarado hace dos años y los costos financieros y los daños a las reputaciones habrían sido mucho menores de lo que lo han sido en los últimos treinta meses. A la larga, la solidaridad es más barata para todos los participantes, mientras que la falta de ella podría ser ruinosamente cara en el futuro cercano.

Traducción de Kena Nequiz

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  1. Commentedde Lafayette

    {Unfortunately, these reforms have all too often served as displacement activity – worthwhile in themselves, but failing to answer unambiguously the question posed with increasing urgency by international markets: Are the eurozone’s largest and currently most prosperous members absolutely committed to its continuation?}

    This may be so because markets operate not only in euros but in dollars. The latter have a lender-of-last-resort. The former should have had one from the onset, but did not.

    Finance markets are all too human, despite the technology involved. They know the dollar is solid because both the Fed and the US government will defend it. This might indeed be the very same sentiment of the EuroZone, but do its lack of focus in a central government, the Euro does not have the same stature figuratively as the euro.

    Yes, the institutional guarantees are all there. But they lack the power of just one voice. Draghi at the moment is that voice, but European financiers especially know that he does not speak with the same authority as, say, Bernanke.

    So, it will take a recovery in economic conditions for finance markets to dampen their jitters. And that time is still considerably far away.

  2. Portrait of Christopher T. Mahoney

    CommentedChristopher T. Mahoney

    "A certain model of financial capitalism perceives the euro as a threat, and its adherents will do everything they can to bring about its demise."
    The eurozone has been revealed to be a skyscraper built on sand. Bankruptcy and depression stalk Greece, Cyprus, Italy, Spain, Portugal, Ireland and probably Slovenia (for now). These countries require a new central bank, either in Frankfurt or at home. The European countries that retained monetary sovereignty have done better than those which surrendered it. This is the economic problem which is driving Europe's political problems; not a lack of "solidarity". It adds nothing to this discussion, which should be temperate, to introduce primitive xenophobia into the discussion. The Jews did not cause Germany to lose the Great War, and Wall Street did not cause the eurozone crisis, no matter how many times this canard is repeated. However, I would be interested to learn exactly what these seditious adherents of finance capitalism are actually doing to bring about the euro's demise. Are they poisoning the granaries, or spreading defeatism? Who are they? Eichengreen, Krugman, Feldstein, Meltzer and Bernanke? Are they all secretly short the euro?

  3. CommentedPieter Keesen

    In Dutch we have a proverb which runs along the lines of "The butcher grading his own meat" which aludes to principle that it is always easier to be critical of others then to be self-critical. It also conveys a degree of dishonesty that accompanies a lack of objectivity and control.
    Why I think this proverb is relevant to mr. Sutherland's article. Well, the distrust and dishonesty at the source of the Euro crisis is the corruption of Greece in order to enter EMU. Mr. Sutherland's company willingly assisted in engineering the Greek balance sheet to fit the Euro picture. Why Goldman Sachs is still allowed to operate in the EU is hence a mystery to me.
    Now mr. Sutherland advices solidarity to revert a financial calamity. I wonder what he means with solidarity? So here in Holland, we fire teachers and nurses, and cut the pensions of people who saved decade after decade, all in order to save the balance sheets of other countries where people did not save and the government has not made the nessary reform? Who will benefit from the sacrifices made by the middle class of Germany and Holland?
    The distrust lies in the fact that the money trasfered will land in the pockets of people who do not absolutely need it, and will continue a corrupt nepotistic situation in countries that four decades ago were still governed by military junta's. In the Netherlands I can assure you, European solidarity is slowly being perceived as a fools errand.
    Imagin this picture, a harbor worker in Rotterdam pays 50 per cent tax on the overtime he made to unload a Chinese cargo ship. The revenue generated by this tax is used to finance the Greek government, which can no longer access the capital market. In Greece, the cousin of some public official landed a nice job in the harbor of Athens. The cousin did the same work as his Dutch counter part, but took twice as long, where he made no overtime and spread the work of unloading a ship with military equipment, over two days. Yet the Greek harbor worker made more money, and in the end paid no taxes because he failed to declare like many of his fellow patriots.
    I now this example is extreme. But get of your high horse mr. Sutherland. The Dutch and Germans no very well to make a difference between solidarity and injustice. It is actualy the cost of euro which makes for less solidarity at home, out of fear of the doom scenarios pictured by financial moguls.

  4. CommentedProcyon Mukherjee

    Amartya Sen in his seminal lecture given to Bank of International Settlements in June ‘12 pointed out the central fallacy of the argument on European solidarity; more than the sequencing issues of political union and fiscal union, the real challenge lies in the understanding of ‘what public expense is for’ when a ‘cluster of quite distinct demands’ compete in an argumentative framework where nations clearly at an advantage contend with the less advantaged for the piece of the pie that has stopped to grow.

    He has further argued that austerity measures or its reversal cannot proceed until the polity had progressed to answer the basic question, what the public spending would achieve. The ‘allocation errors in the market economy’ cannot be corrected by the self-correcting forces of the market economy and could actually be exacerbated by lack of public spending support in those sectors that are intrinsically weak. When an output gap is likely to persist over longer period of time, simply tweaking on monetary solutions while ignoring the fundamental debate on public spending would tantamount to pushing an agenda that is neither Keynesian, nor non-Keynesian.

    Solidarity debate must shift to public policy debate; there has never been any dearth of fund flow in this regard, but the question is where did it actually flow and what benefits for the long term were derived out of it.

    Procyon Mukherjee

  5. CommentedZsolt Hermann

    Solidarity, reassurance, mutual support is the first positive step in the right direction.
    The positive, sustainable future of the Eurozone, and in fact the whole global human community depends on two pillars.
    The first one is the understanding that whether we like it or not we live in a global, integral and totally interdependent network with each other. Thus only a global, integral and mutually responsible governance, planning and action can sustain success and prosperity for all. The connections already exist in between all of us, but since we still view the system as fragmented, polarized, disconnected, we still want to exploit all connections for our own benefit regardless of the rest of the network.
    The second pillar is even more difficult than the first one. We have to admit that the whole constant quantitative growth, expansive economical model, based on the excessive overproduction and over consumption of mostly useless and harmful products, requiring constant debt to maintain is unnatural and unsustainable. Even if we do not admit it, this structure will collapse because it goes against all the natural laws governing our reality. But if we in a proactive way started changing the system before it collapses leaving behind chaotic circumstances, we could ensure an easier transition.
    We need to start taking seriously and spreading all the factual, scientific information explaining the natural laws governing interconnected living system which we are part of, and how we could adapt to our system in a way that it is beneficial to all element.
    Based on the overwhelming message from that information the secure, sustainable future of humanity is found in necessity and resource based economy, governed in a global, mutually responsible manner.

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