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El creciente papel global de Europa

BRUSELAS – Veinte años después de la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría, todavía se están delineando los contornos del orden mundial. Sin embargo, dos "megatendencias" parecen claras: la ola más amplia y más profunda de globalización que el mundo haya visto hasta la fecha y el ascenso de nuevos actores mundiales en Asia y otras partes. También se oyen reclamos cada vez más sonoros que exigen una coordinación global más efectiva para enfrentar los grandes desafíos de nuestros tiempos. Ahora que entra en vigencia el Tratado de Lisboa, la Unión Europea, a mi juicio, ocupa una posición de privilegio para asumir sus responsabilidades de liderazgo.

Asia y Europa se han visto beneficiadas por la globalización económica. Las economías dinámicas de Asia abastecen al mundo y su notable crecimiento económico ha sacado a millones de personas de la pobreza a la vez que ha creado importantes oportunidades de inversión y prosperidad novedosas. Esto ha ayudado a grandes naciones como China e India a afirmarse confiadamente como potencias globales. Europa ha capitalizado la globalización para consolidar su posición como la principal economía y el principal mercader del mundo.

Pero la globalización también incrementa la competencia y expone las debilidades. Los trabajadores globalmente temen por sus empleos y se sienten eludidos por el cambio económico. La crisis económica ha exacerbado lo que se percibe como el lado negativo de la globalización. Como resultado, nuestra independencia económica requiere una coordinación cuidadosa, no sólo en las próximas semanas, sino esencialmente en el más largo plazo.

Necesitamos revisar las estructuras de la gobernancia global, para asegurar que funcionen mejor para la gente en todas partes, y en el interés de las generaciones de hoy y futuras. La UE ha liderado la discusión dentro de sus propias estructuras y la ha llevado a foros internacionales más amplios. Recibimos de buen agrado el reclamo de las economías emergentes de una reforma de las instituciones globales.

El comercio es un claro ejemplo. Está en el claro interés personal de todos no ceder a las tentaciones del proteccionismo. La crisis económica hizo que todo progreso en las negociaciones de la Agenda de Desarrollo de Doha en la Organización Mundial de Comercio sea aún más importante.

Cada vez se reconoce más que el marco de la OMC, a la cual la UE siempre le ha dado prioridad, es fundamental para nuestra prosperidad. Ayuda a anclar la economía global en un sistema abierto basado en reglas y en el derecho internacional. Es bueno ver la actitud más proactiva de nuestros socios asiáticos en lo que concierne a hacer avanzar este proceso, pero es necesario hacer más.

La seguridad es otro desafío, en un momento en que el mundo enfrenta amenazas tradicionales y no tradicionales. Muchos de nuestros países son blancos del terrorismo que, a ocho años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, debemos reconocer que ha mermado, pero de ningún modo ha sido erradicado.

Existen estados frágiles con los cuales lidiar, así como los peligros de la proliferación de armas de destrucción masiva, regímenes autoritarios y la amenaza del extremismo. La globalización también ha generado desafíos a la seguridad no tradicionales que no respetan las fronteras nacionales. Las pandemias globales se pueden propagar más rápidamente; una falta de energía segura y sustentable podría llevarnos a una recesión mundial, y el cambio climático, más allá de sus consecuencias ambientales, podría tener repercusiones geopolíticas y sociales graves.

El compromiso multilateral es esencial para hacer frente a estas amenazas. La UE lleva el multilateralismo en su ADN. Otros también pueden beneficiarse de su experiencia. Los europeos son campeones de larga data en materia de cooperación de las Naciones Unidas e internacional, y continuamente buscan asegurar que prevalezca la estabilidad, la libertad, la democracia y la justicia como piedras angulares de las relaciones internacionales.

La UE también está cumpliendo una misión de envergadura. Tiene prácticamente 100.000 fuerzas de paz, policías y tropas de combate desplegadas en tierra en los lugares candentes del mundo, ayudando a consolidar la paz. Por otra parte, a nivel político, la UE cada vez más se echa la carga sobre sus hombros. Un ejemplo fue la misión de la UE a Moscú y Tbilisi por parte del presidente francés, Nicolas Sarkozy, y yo. Esto   nos permitió hacer un progreso concreto en la implementación del plan de cese del fuego de seis puntos de la UE entre Rusia y Georgia.

Alcanzar un acuerdo sobre el cambio climático es una prioridad inmediata para todos nosotros. Sólo podemos enfrentarlo si trabajamos en conjunto. Todos vamos a sufrir significativamente los efectos del cambio climático, entre ellos mayores sequías, inundaciones y otras condiciones climáticas extremas. La UE está asumiendo sus responsabilidades como una fuente importante de emisiones en el pasado. Se ha fijado objetivos ambiciosos para el futuro y está tomando la delantera a la hora de buscar un acuerdo global integral, y esto incluye un esfuerzo muy significativo en materia de financiamiento.

El cambio climático también representa un caso práctico de cómo podemos hacer de una necesidad una virtud, y de una amenaza, una oportunidad. El desarrollo y uso de tecnologías verdes puede implicar nuevas fuentes de crecimiento. Construir una economía europea sustentable ayudará a asegurar la prosperidad de nuestros pueblos.

También demuestra de qué manera Europa puede cumplir con sus objetivos fronteras adentro sólo con una estrategia proactiva y global. Esta estrategia es la que apuntala nuestra política externa. No podemos enfrentar los desafíos que se le plantean a la UE de manera efectiva y exitosa sin una Europa fuerte en el mundo. La prosperidad y el crecimiento, la seguridad y la estabilidad, y la sustentabilidad a largo plazo de nuestras sociedades exigen promover nuestros intereses y valores en el exterior, así como el compromiso con las amenazas externas y los desafíos globales.

El compromiso de la UE con el sistema multilateral de gobernancia global a través de las Naciones Unidas y otros organismos es claro. Ya hablamos con convicción y claridad sobre los importantes desafíos que enfrentamos. El Tratado de Lisboa nos permite alcanzar una mayor coherencia y nos brinda una capacidad mucho mayor para actuar. Permitirá que la diplomacia, la gestión de la crisis y una capacidad de defensa europea emergente se utilicen mano a mano con políticas más tradicionales, como el comercio y el desarrollo.

Suele decirse que la ventaja comparativa de la UE reside en su poder normativo, o en el poder de sus valores. Pienso que es así. En un mundo post-crisis, cuando la gente busca nuevas maneras de asegurar su bienestar, paz y prosperidad, la experiencia europea tiene mucho que ofrecer.

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