Wednesday, October 1, 2014
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Europa, un oasis

PARÍS – Parece que el pesimismo acerca de Europa es mucho mayor dentro que fuera del continente. ¿Será que la distancia es condición indispensable para tener una visión más equilibrada respecto de la difícil situación que atraviesa Europa?

En una entrevista que le hicieron hace algunos meses, el presidente del Banco Chino de la Construcción, Wang Hongzhang, expresó en forma indirecta su (moderado) entusiasmo respecto de Europa. Tras citar un proverbio chino que dice “Un camello flaco es más grande que un caballo”, añadió que las economías de Europa son mucho más fuertes que lo que mucha gente cree. Y aunque no lo dijo tan explícitamente, insinuó que es buen momento para invertir en activos europeos a buen precio.

Por supuesto, es una visión optimista que no todos comparten. Del otro lado del Canal de la Mancha, los euroescépticos británicos se alegran de haber mantenido distancia respecto del “barco que se hunde”. Pero aunque hace poco The Economist describió a Francia como un país obstinado en negar sus problemas, lo mismo podría decirse del Reino Unido. Cierto es que este año los franceses no tuvieron ni unas Olimpíadas ni una celebración monárquica, pero en lo que atañe al estado de sus economías, ambos están básicamente en el mismo barco.

Si uno viaja a Estados Unidos o a Asia, como hice este otoño [boreal], la imagen de Europa se hace más brillante, aunque selectivamente: se la sigue viendo como un modelo positivo, pero ya no se la considera un actor global. Vista desde Estados Unidos, Europa tal vez ya no sea un problema, pero tampoco se la considera parte de la solución de ninguno de los problemas del mundo (a no ser, tal vez, aquellos que la afectan directamente, e incluso en esos casos quedan dudas).

Sin embargo, para muchos inversores internacionales, Europa sigue siendo o ha vuelto a ser un riesgo que vale la pena correr; incluso hay quienes, como Wang, la consideran una oportunidad excelente. En momentos de creciente complejidad (y por consiguiente, incertidumbre), los inversores quieren ir sobre seguro. Las economías de los países del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) parecen, al menos en algunos casos, estar perdiendo empuje; y aunque las nuevas potencias emergentes, como México, sean tentadoras, puede ser que resulten más frágiles de lo que parecen.

En este contexto, Europa puede ser un continente cansado, envejecido y deprimido, pero todavía es demasiado pronto para llamar a los enterradores (y como prueba de ello, basta observar la situación de dos sectores, el aeronáutico y el de los artículos de lujo). Es cierto que hay una evidente declinación relativa: mientras que a principios del siglo XVIII, Europa contaba con el 20% de la población del mundo, en la actualidad esa cifra se redujo a un 7% aproximado, y se prevé que en 2050 será aún menos. Pero demografía no es destino: basta ver el ejemplo de Singapur, país que a pesar de tener poca población pudo sostener una economía hipercompetitiva.

Tal vez Europa no sea fuente de inspiración en lo económico, pero todavía estimula los sueños de la gente. Se la ve como modelo de “civismo”. Los chinos y los japoneses podrán tener sus diferencias, pero hay algo en lo que coinciden: si hoy el aumento de las tensiones nacionalistas en Asia nos recuerda la situación de Europa en la primera mitad del siglo XX, es precisamente porque Asia no inició un proceso de reconciliación como el que permitió a Francia y Alemania superar su rivalidad histórica.

Del mismo modo, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, podrá insistir en la especificidad de la “civilización rusa” (en un modo que recuerda a los pensadores antioccidentales decimonónicos), pero muchos integrantes de la élite rusa todavía consideran que la Unión Europea, a pesar de sus muchas debilidades, es el modelo de gobernanza más civilizado que existe. Cuando los chinos buscan un modelo de protección social con el cual compararse, van a Escandinavia en viaje de estudio.

Pero ¿puede Europa seguir siendo un modelo si ya no es un actor geopolítico importante? Cuando los funcionarios estadounidenses les dicen a los europeos “los necesitamos”, en realidad les están pidiendo muy poca cosa: “Por favor, no se caigan, porque si se caen, la economía mundial se viene abajo con ustedes”. Tal vez los europeos se hayan convertido en los japoneses de Occidente: aportantes financieros que, como mucho, desempeñan un papel auxiliar en los asuntos estratégicos globales.

Por ejemplo, si el conflicto entre Israel y Palestina aún admite una solución, solamente será posible con una intensa participación de Estados Unidos. Ya con que Barack Obama, quien quiere ser un presidente transformador como su modelo Abraham Lincoln, facilitara un acuerdo de paz integral para Oriente Próximo, haría méritos más que suficientes para ganar el Premio Nobel de la Paz que recibió prematuramente. Claro que pocos esperan que logre semejante hazaña, pero son muchos menos los que esperarían algo remotamente similar de Catherine Ashton, la zarina de la política exterior de la Unión Europea, o de cualquier otro dirigente europeo.

Europa sigue siendo un actor económico y comercial importante, y ahora que (al menos en parte) superó su crisis sistémica, puede tener una recuperación en cualquier momento. Además, y a pesar de sus niveles inaceptablemente altos de desempleo (especialmente entre los jóvenes), sigue siendo un modelo de reconciliación capaz de inspirar los sueños de la gente.

Pero ya no se la ve como un actor global, y esta percepción no es errada. Es un oasis de paz, tal vez no un centro de dinamismo. La pregunta que hoy deben hacerse los europeos es si pueden (y, más importante aún, si deben) conformarse con que sea así.

Traducción: Esteban Flamini

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  1. CommentedPaul A. Myers

    The correct model for the 21st century might just be enlightened self-economic interest. Possibly Germany under Angela Merkel is the big country most successfully following the "correct" model, not American neo-imperialism under any particular American president.

    Singapore in many ways is the right model to emulate in the future, and Europe is well poised to do that. The challenge is to take the great educational and expertise "assets" of Europe and integrate these strengths into a worldwide economic competitor. Many parts of Europe are already successfully doing just that.

    In contrast, let's posit the premise that the US can no longer play a decisive global strategic power role, nor any other country. Possibly the US will continue to try to play a role that is no longer possible in the world. Possibly the long post-World War II paradigm is coming to an end.

    One of the elite "pipedreams" of the current age is that somehow the US could broker a Palestinian-Israel peace. The chance of the US playing a "transformative" role with Israel is vanishingly small.

    Possibly in the future the US can play, with other nations, an incremental balancing role in geopolitics. But the days of marching in and trying to reorder a society look like they are over.

  2. CommentedZsolt Hermann

    Unfortunately this article is still based on that illusion that the world economy is in some kind of a pause, like half time in a soccer game, and very soon the second half starts and the dormant economic machinery starts turning again.
    The camel, and the horse and all the others in fact, are not only starving but they are almost dead, because what they were feeding on so far has disappeared.
    We are not in a crisis, or recession, but in a system failure, the dream of constant quantitative growth is over.
    The drive, which used to be the excessive and harmful overproduction and over consumption has to be changed, the camel needs to get used to a new food, that is a natural necessity and resource based economy.
    Moreover in the global, interconnected human network the previous fragmented, self obsessed, subjective, individualistic or nationalistic planning and decision making cannot work, only a systematic approach, taking the well being of the whole system into consideration can yield any prosperity or sustainable progress.
    And this is where Europe could provide an example.
    The European countries started an experiment with the Union which if successful could provide the blueprint for the world to follow.
    But for that to work the leaders of the Union need to bite the bullet and accept that only a deep, full integration can truly fulfill the initial promise due to the present interconnected and interdependent human system.

      CommentedEdward Ponderer

      The need to feel in control, the fear of one's expertise evaporating, often leads to blind trust in long-established paradigms without examination -- even if these have evolved beyond recognition, and reality proves only a vague shadow of prediction.

      Subsystems are being undermined in terms of distrust in human relationships (behavioral economics), and the global upper system is reaching the limits finite global markets and resources.

      In short, insides of black boxes gears are grinding and springs are popping, and from above, we are beginning to run into a wall as well.

      A new global sense of interdependence developed through a plan of integral education is becoming critical to follow and master the ever-changing local realities feeding into the global whole. There must be a sense of mutual guarantee on national, corporate and individual levels -- that we all become as input sensors into the whole.

      To proceed with number values and wait for the recycling of a cloud formation, may prove a very long wait.

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