PRAGA – Hace cinco años, la Unión Europea estaba a punto de cumplir una de las aspiraciones de las Revoluciones de Terciopelo que arrasaron en Europa central y del este al expandirse de 15 a 25 miembros a través del acceso de varios estados post-comunistas. Sin embargo, mientras que el Muro de Berlín y la Cortina de Hierro pueden haber caído en el basurero de la historia, otros vestigios de la era soviética siguen firmemente en pie. Ciertas zonas del mundo han sido transformadas para mejor, incluso mientras otras han quedado suspendidas en el tiempo para valerse por sí mismas. Un lugar que no ha cambiado es Cuba, a pesar de la decisión de Fidel Castro de retirarse y entregarle las riendas del poder a su hermano Raúl.
El 18 de marzo de hace cinco años, el gobierno de Castro desarticuló el Proyecto Varela y otras iniciativas de la sociedad civil en lugar de arriesgarse a permitir que una chispa de reforma democrática se esparciera por Cuba como había sucedido en el ex bloque soviético. Los setenta y cinco prisioneros de conciencia encerrados eran disidentes, periodistas independientes, líderes de la sociedad civil y bibliotecarios que se habían atrevido a decir la verdad abiertamente sobre cómo es la vida en Cuba. Aunque cuatro prisioneros han sido liberados recientemente, cincuenta y cinco de los setenta y cinco siguen encarcelados en condiciones deplorables. En general, la única razón por la que algunos de estos prisioneros fueron liberados fue por lo mucho que se había deteriorado su salud.
Dado lo centrales que son los valores de los derechos humanos, la democracia y el régimen del derecho en Europa, sentimos que es nuestra obligación expresarnos en contra de que este tipo de injusticias avancen sin obstáculos. Hace menos de veinte años había presos políticos en las fronteras de la UE a los que se les negaban los derechos básicos de la libertad de expresión, que vivían con un miedo constante de ser denunciados y que soñaban con gozar de lo que los europeos en “Occidente” daban por sentado.
El régimen de Cuba ha permanecido en el poder, al igual que lo hicieron los gobiernos comunistas en la ex Yugoslavia, Polonia, la ex Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, Rumania, Estonia, Latvia y Lituania –los últimos tres como parte de la Unión Soviética-, apelando a la propaganda, la censura y la violencia para crear un clima de miedo. De la misma manera, la solidaridad puesta de manifiesto por quienes estaban fuera de esos países ayudó a que se produjeran los cambios.
Cuba es el único país en el hemisferio occidental que no abrazó la democracia y sigue reprimiendo todas las formas de disenso político. Hoy, Cuba está más cerca de hacer cambios democráticos genuinos debido a los sacrificios hechos por los disidentes y activistas inspirados en cómo otras partes del mundo se han transformado desde el fin de la Guerra Fría.
Creemos que los ex países comunistas de Europa central y del este están en una posición única para respaldar a los movimientos democráticos en Cuba por las similitudes de sus historias y experiencias. Nuestras intenciones al reclamar la democratización se basan en la amistad y la cooperación, la buena voluntad y el entendimiento de las necesidades, las expectativas y las esperanzas del pueblo cubano.
Los aquí firmantes creemos que la UE, como una de las fuerzas motrices en la política internacional, necesita expresarse en voz alta contra los gobiernos que oprimen a sus propios ciudadanos. La UE debería denunciar las violaciones a los derechos humanos en Cuba y exigir la liberación inmediata de todos los prisioneros de conciencia. Los ministros de Relaciones Exteriores de todos los estados miembro de la UE deberían enviar un reclamo el 18 de marzo a su par cubano exigiendo también su liberación.
Las acciones que tome o no tome el gobierno cubano deberían usarse como punto de referencia cuando el Consejo Europeo analice la Posición Común de la UE sobre Cuba en junio. Por último, la UE debería seguir apoyando activamente a los movimientos democráticos pacíficos y a las organizaciones de la sociedad civil en Cuba aprovechando el conocimiento intrínseco que algunos de sus estados miembro tienen sobre cómo hacer una transición a la democracia.
Hace cinco años el sueño de varios ex satélites soviéticos de ser miembros de la UE se estaba volviendo realidad. Los disidentes y aquellos comprometidos con la propagación de la democracia lo habían hecho posible. Llegó la hora de que saldemos esa deuda ayudando a todos aquellos en Cuba cuyos sueños han sido postergados durante tanto tiempo.


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