A pesar de ciertas señales alentadoras, es imposible ignorar el "déficit democrático" del mundo musulmán, sobre todo el de la zona árabe. Sólo uno de cada cuatro países donde hay mayoría musulmana tienen gobiernos electos democráticamente. Peor aún, la brecha entre los países musulmanes y el resto del mundo se está ampliando.
La democracia y la libertad se extendieron en décadas recientes en América Latina, Africa, Europa y Asia, pero el mundo musulmán sigue batallando. Según cálculos de la Freedom House, un grupo de análisis dedicado a dar seguimiento a la democracia en todo el mundo, el número de países "libres" aumentó en casi tres docenas en los últimos 20 años. En ninguno de ellos hay mayoría musulmana.
El mundo musulmán también ha notado este fenómeno. En el verano de 2002, un equipo de académicos árabes produjo el Informe sobre el desarrollo humano árabe a instancias del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y del Fondo Arabe para el Desarrollo Económico y Social. Ese informe describe a un mundo árabe que se está retrasando frente a otras regiones en asuntos clave como la libertad individual y la igualdad de las mujeres, así como en el desarrollo económico y social.
Ciertas tendencias, como el crecimiento demográfico de los jóvenes combinado con altas tasas de desempleo en ese grupo de edad (que llega al 40% en algunos lugares), ponen de relieve condiciones sociales potencialmente explosivas. El mundo árabe se enfrenta a problemas serios que sólo los sistemas políticos democráticos, más flexibles, pueden abordar.
El segundo Informe sobre el desarrollo humano árabe , publicado en 2003, subraya la estrecha relación entre las deficiencias educativas del mundo árabe y su falta de democracia. La democracia requiere de una ciudadanía informada capaz de cuestionar a su gobierno. También es esencial una ciudadanía bien educada para que los hombres y las mujeres jóvenes adquieran las habilidades necesarias para desempeñar el tipo de empleo que exige el mundo global y competitivo de hoy.
No obstante, en lugar de avances, lo que presenciamos es un ciclo de oportunidades educativas inadecuadas que conducen a una falta de oportunidades económicas. Ni la libertad ni la prosperidad se pueden desarrollar en esas condiciones.
Los musulmanes no pueden culpar a los Estados Unidos de su falta de democracia. Sin embargo, ese país en efecto desempeña un papel importante en la escena mundial; y en muchas partes del mundo musulmán, y sobre todo del mundo árabe, las sucesivas administraciones de los EU (tanto republicanas como demócratas) no han hecho de la democratización una prioridad.
En varios momentos, los EU han optado por no hacer un escrutinio del funcionamiento interno de países amigos a fin de garantizarse un flujo continuo de petróleo; de contener el expansionismo soviético, iraquí e iraní; de manejar cuestiones relacionadas con el conflicto árabe-israelí; de resistir al comunismo en Asia oriental; o de procurarse bases militares. Al no promover una democratización gradual (y ceder ante una "excepción democrática" en algunas zonas del mundo musulmán) Estados Unidos desperdició la oportunidad de ayudar a esos países a adaptarse a las presiones de un mundo globalizado.
Seguir con esta política no favorece los intereses de Estados Unidos. Según la Estrategia de Seguridad Nacional de 2002 de la administración Bush, la política de los EU se involucrará de manera más activa en el apoyo de tendencias democráticas a nivel mundial, sin excluir al mundo musulmán.
Este compromiso se hizo con el pleno conocimiento de que las democracias son imperfectas y tremendamente complicadas. Los líderes de ciertos Estados musulmanes contrastan los sistemas democráticos con sus esquemas más ordenados y señalan con satisfacción la aparente estabilidad que ofrecen las alternativas a la democracia. Pero la estabilidad basada únicamente en la autoridad es ilusoria e imposible de mantener a la larga. Irán, Rumania y Liberia son ejemplos de que los sistemas autoritarios rígidos no pueden aguantar el impacto de los cambios sociales, políticos y económicos, sobre todo al ritmo que caracteriza al mundo actual.
Cualquier duda de que la política exterior de los EU está poniendo más énfasis en la promoción de la democracia quedó disipada después del discurso del presidente Bush en noviembre pasado, en el que dejó claro que el déficit democrático del mundo musulmán no está vinculado con la religión, sino con "fallas de las doctrinas políticas y económicas".
El presidente Bush también señaló que los estadounidenses han aprendido del pasado. "Los sesenta años en que las naciones occidentales disculparon y facilitaron la falta de libertad en el Medio Oriente no hicieron nada por nuestra seguridad--ya que, a la larga, la estabilidad no se puede comprar a costa de la libertad. Mientras el Medio Oriente siga siendo un lugar donde la libertad no florezca, seguirá siendo en lugar de estancamiento, resentimientos y violencia para exportación".
Así, los EU ahora apoyan activamente la expansión de la democracia en los mundos árabe y musulmán, no sólo por razones humanitarias o teóricas, sino por interés propio. La historia muestra que las sociedades donde las oportunidades están garantizadas tienden a ser sociedades que son buenas ciudadanas internacionales.
Pero, como el juramento hipocrático de los médicos, los Estados Unidos y otros deben jurar no hacer daño al promover la democracia. Un fervor desmedido por hacer del mundo un lugar mejor pude empeorarlo. La promoción de la democracia debe emprenderse con humildad, cuidado y sabiduría.
Existen muchos modelos de democracia, y algunos no se pueden exportar. Además, nunca se debe confundir a unas simples elecciones con la democracia. Más bien, lo que distingue a la democracia de otros sistemas es la distribución del poder al interior tanto del gobierno como de la sociedad. Hasta que exista ese equilibrio, las elecciones pueden amenazar a la libertad si se concentra demasiada autoridad en una persona o un órgano sin que haya contrapesos adecuados, incluyendo medios de comunicación independientes. Eso requiere tiempo, recursos y esfuerzo.
Por último, la reforma política debe ir de la mano de las reformas económica y educativa para todos los ciudadanos de una sociedad, incluyendo al 50% que representan las mujeres. Ningún país puede tener éxito si se priva del talento de la mitad de su gente.
Es cierto que sólo el pueblo y los líderes de un país pueden construir y sostener la democracia, desde adentro. Los extranjeros, sin embargo, pueden y deben ayudar: gobiernos, organizaciones internacionales, empresas, universidades y periodistas (de los EU, pero también de Europa y de los países de América Latina, Asia y Africa donde se ha arraigado la democracia). En efecto, es difícil imagina una tarea más importante para las democracias ya establecidas que ayudar a otros países a unirse a sus filas.


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