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Para acabar con el mal nuclear

CIUDAD DEL CABO – La eliminación de las armas nucleares es el deseo democrático de los habitantes del mundo. Sin embargo, ninguno de los países que actualmente tienen armas nucleares parece prepararse para un futuro sin esos aterradores artefactos. En realidad, todos ellos están despilfarrando miles de millones de dólares en la modernización de sus fuerzas nucleares, con lo que se burlan de las promesas de desarme hechas en las Naciones Unidas. Si permitimos que continúe esa locura, la utilización en algún momento de esos instrumentos de terror parece casi inevitable.

La crisis de la energía nuclear en la central de Fokushima del Japón ha servido de espantoso recordatorio de que acontecimientos considerados improbables pueden ocurrir y, en efecto, ocurren. Ha sido necesaria una tragedia de grandes proporciones para mover a algunos dirigentes a actuar con miras a evitar calamidades similares en reactores nucleares del resto del mundo, pero no debe ser necesario otro Hiroshima o Nagasaki –o un desastre aún mayor– antes de que por fin despierten y reconozcan la urgente necesidad del desarme nuclear.