The Energy Challenge
La energía nuclear en la balanza
Mohamed ElBaradei
VIENA – Con frecuencia me preguntan si la energía nuclear es segura. Mi respuesta habitual es: “Sí... tanto como los viajes en avión”. Accidentes de avión ocurren, pero unos sistemas de seguridad muy eficaces garantizan que sean extraordinariamente escasos... tanto, que la mayoría de nosotros monta en aviones sin preocuparse por la posibilidad de que pudiera no llegar a nuestro destino. Lo mismo se puede decir de la energía nuclear, aunque siempre hay la preocupación por que un accidente muy grave tenga importantes consecuencias medioambientales y humanas.
Se trata de una cuestión que tiene un interés más que meramente académico. El futuro de la energía nuclear será uno de los asuntos sobre la mesa en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que se celebrará en diciembre en Copenhague. En los veinte próximos años podría duplicarse la capacidad mundial en materia de energía nuclear. Ya hay treinta países que utilizan la energía nuclear y muchos de ellos, incluidas China, Rusia y la India, tienen previstas importantes ampliaciones de sus programas vigentes. Otros sesenta países –la mayoría de ellos del mundo en desarrollo– han informado al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de que están interesados en introducir la energía atómica.
La energía nuclear presenta atractivos evidentes tanto para los países ricos como para los pobres. El mundo en desarrollo necesita apremiantemente el acceso a la electricidad para que contribuya a sacar a su población de la pobreza y garantizar un desarrollo sostenible. En algunos países africanos, el consumo de electricidad por habitante asciende a unos 50 kilovatios-hora al año, frente a 8.600 kilovatios-hora, por término medio, en los países de la OCDE.
Todos los países están preocupados por la seguridad de los suministros energéticos, a medida que disminuyen las reservas de combustibles fósiles, como también por las profundas fluctuaciones del precio del petróleo, del carbón y del gas que a veces se producen. El cambio climático es también un motivo de preocupación cada vez mayor. La energía nuclear no es una panacea para todos los problemas energéticos del mundo, pero seguirá formando parte de la combinación de fuentes de energía mundiales en el futuro previsible.
Como en el caso de otras tecnologías, los países deben sopesar los costos y los beneficios de la energía nuclear. Todos los países tienen derecho a introducir la energía nuclear, como también la responsabilidad de hacerlo correctamente. El OIEA no es un organismo de presión a favor de la energía nuclear. Nuestra misión es la de brindar información y asesoramiento imparciales, pero, si un país decide introducir la energía nuclear, nos corresponde velar por que se haga de forma segura e inocua... y exclusivamente para fines pacíficos.
Recalcamos ante los posibles nuevos miembros la necesidad de que planifiquen adecuadamente, capaciten al número necesario de ingenieros y científicos nucleares muy expertos, construyan la compleja infraestructura técnica, creen órganos reguladores eficaces e independientes y se atengan a las normas y las directrices internacionales de seguridad, proceso que puede durar un decenio o dos. A veces, mi misión es la de decir a los países que, sencillamente, no están preparados para la energía nuclear.
Los riesgos para las personas y el medio ambiente que entraña la energía nuclear son bien conocidos. Se pueden evaluar y controlar. Actualmente existe un amplio régimen mundial de seguridad, compuesto, entre otras cosas, de instrumentos jurídicos internacionales vinculantes, normas de seguridad internacionalmente acordadas, exámenes y evaluaciones técnicos, sistemas integrados de control regulador y estatal e investigación e innovación.
Gracias a ello, la seguridad nuclear ha mejorado en gran medida desde el peor accidente nuclear mundial, sucedido en Chernóbil en 1986, pero nunca se puede eliminar del todo el riesgo de accidentes. Siempre hay margen para mejorar, por lo que se requiere una vigilancia constante. Así, pues, es esencial velar por que arraigue una auténtica cultura de la seguridad a escala mundial y muy en particular en los países que acaban de empezar a utilizar la energía nuclear.
Los diseños de los reactores actualmente disponibles en nada se parecen a los reactores de Chernóbil. Para velar por que las instalaciones nucleares funcionen conforme a los más estrictos criterios de seguridad, existen medidas para, por ejemplo, controlar la emisión de material radioactivo al medio ambiente, impedir que se produzcan sucesos que puedan propiciar la pérdida de control de un reactor nuclear y mitigar las consecuencias de semejantes sucesos, en caso de que ocurran.
¿Qué más queda por hacer? La seguridad nuclear es una responsabilidad primordialmente nacional, pero, como los riesgos transcienden las fronteras nacionales, se necesita una estrecha cooperación internacional. Debemos procurar ampliar el alcance de los convenios y los códigos de conducta internacionales. En algunos países, vemos aún una preocupante combinación de reactores antiguos y reguladores débiles. Es necesario lograr avances en la demostración de la seguridad de la eliminación de desechos radioactivos a largo plazo.
Aunque las normas de seguridad del OIEA son el punto de referencia internacional reconocido y ahora se va a incluirlas en legislación de la Unión Europea, son voluntarias, no vinculantes. Lo mismo ocurre con las misiones de exámenes técnicos, compuestas de expertos de todo el mundo, que reunimos para evaluar francamente la seguridad de un programa de energía nuclear de un país. Todos los países deben aceptar las normas de seguridad y las misiones periódicas de exámenes técnicos, que deberían ser –porque sería lo ideal– vinculantes.
La energía es el motor del desarrollo y éste mantiene la vida. Debemos hacer todo lo posible para velar por que, cuando un país opte por la utilización de la energía nuclear para fines pacíficos, ésta siga estando al servicio de la Humanidad.
Copyright: Project Syndicate, 2009.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por Carlos Manzano.
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