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¿La cuenta regresiva del euro?

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2010-02-08

Cuando se introdujo el euro en 1999, se presentó como un instrumento que permitiría reducir las diferencias económicas entre los estados miembros de la unión monetaria. Los índices de desempleo convergerían, al igual que otras importantes variables macroeconómicas como los costes de la mano de obra, la productividad, los déficits fiscales y deuda pública. A la larga, también disminuirían las diferencias de riqueza, medida en términos de ingreso per cápita.

Sin embargo, transcurrida la primera década de la moneda común, la norma dentro del área del euro ha sido una divergencia creciente, en lugar de una rápida convergencia, y se espera que las tensiones sigan aumentando.

Las diferencias entre los estados miembros ya eran grandes hace una década. El euro se convirtió en la moneda común de países muy ricos, como Alemania y Holanda, y países mucho más pobres, como Grecia y Portugal. También se convirtió en la moneda de los finlandeses, a la vanguardia de la innovación y la flexibilidad del mercado, y de Italia, que carecía de ambas cualidades y se había ganado el apto calificativo del "enfermo de Europa".

Estas diferencias fueron un factor de grandes complicaciones para el recién creado Banco Central Europeo (BCE), que tenía que determinar el tipo de interés apropiado para todos los miembros (la así llamada política de "una talla para todos"). A mayores las diferencias surgidas en la última década en la eurozona, más se puede decir que esta política es en realidad "una talla que no le queda a ninguno".

Hemos comparado el desempeño de los países de la eurozona cuyas economías tienen los mejores y los peores índices entre 1999 y 2009. Para evitar comparar manzanas con peras, comparamos los datos para los 11 países que ingresaron a la Unión en la "primera oleada" de 1999, además de Grecia, que se unió poco después. (Todos los datos proceden de Eurostat, la oficina europea de estadísticas.)

Puesto que el BCE tiene por única misión lograr y mantener estabilidad en los precios del área del euro, los índices de inflación parecen el punto de partida de comparación más lógico. En 1999, la diferencia entre los países de la eurozona con el índice inflacionario más alto y más bajo era de dos puntos porcentuales. Para fines de 2009, se había casi triplicado, a 5,9 puntos porcentuales.

En cuanto al crecimiento económico, hemos hecho una excepción. Para esa variable examinamos el crecimiento anual promedio del PGB en los cinco primeros años tras la introducción de los billetes y monedas del euro en 2002. La diferencia entre Irlanda y Portugal en la primera mitad de la década fue de 4,8 puntos porcentuales. Para 2009, había llegado a los 6 puntos porcentuales. Más aún, la diferencia de productividad aumentó de 25 puntos indexados en 1999 a 66,2 en 2008; la diferencia en el coste unitario de la mano de obra subió de 5,4 puntos porcentuales a 31,8, y la diferencia del índice de desempleo se elevó de 10,1 a 15,4 puntos porcentuales.

Tampoco pudimos encontrar convergencia alguna al analizar los déficits fiscales y la deuda pública. En 1999, Finlandia tenía la mayor deuda pública, igual al 45,5 del PGB. La diferencia con el mayor deudor del área del Euro, Italia, era de 68,2 puntos porcentuales. A pesar de la mayor crisis financiera y económica en casi un siglo, la deuda pública finlandesa había disminuido para 2009 a un 39,7%.

Por su parte, Italia no aprovechó para corregir su nivel de deuda con los significativos recursos derivados de la acusada baja de los tipos de interés de largo plazo, que fue posible gracias a la introducción del euro y una década de rápido crecimiento económico. La deuda italiana apenas disminuyó y se mantuvo bien por encima del 100% del PGB. Como resultado, las diferencias en las posiciones de deuda de Finlandia e Italia, el miembro más prudente y el más gastador de la eurozona, respectivamente, llegó a los 73,3 puntos porcentuales en 2009. (La situación es todavía peor para los déficits fiscales.)

Las implicancias de estas crecientes diferencias podrían ser graves. Es probable que aumenten las tensiones entre los países de la eurozona acerca de las políticas económicas, así como las disputas en el consejo de gobierno del BCE en los próximos años. Puede que tengamos una imagen preliminar este año y el 2011, cuando los líderes europeos deban seleccionar un nuevo presidente y vicepresidente del BCE. Como siempre, habrá mucha competencia por esos cargos, pero como habrá más cosas en juego que nunca, es posible que la lucha sea más intensa que lo normal.

Las tensiones entre el BCE y los países de la eurozona no son muy auspiciosas para la estabilidad de la moneda común, tanto en lo externo, de cara a otras monedas, como en lo interno, en términos de inflación. El BCE hará de chivo expiatorio si así ocurre. Si mantiene su tipo de interés demasiado bajo durante un tiempo muy prolongado, países como Alemania y Holanda protestarán. Si sube el tipo de interés, los países del sur de la eurozona elevarán sus quejas. En cualquier caso, el apoyo al euro -que ya es frágil- seguirá disminuyendo, debilitando la moneda común y alimentando mayores tensiones.

En 1990 el cantante italiano Toto Cotugno ganó la competencia musical anual de Eurovisión con su apasionado llamado a la unión de los europeos. El estribillo de su tema, "Juntos: 1992" era “Únete, únete, Europa”. Casi 20 años después, el famoso tema de la banda sueca Europe, “La cuenta regresiva”, parece cada vez más adecuada para el área del euro.

Sylvester Eijffinger es profesor de Economía financiera en la Universidad de Tilburg (Holanda). Edin Mujagic es economista monetario en ECR Euro Currency Research y la Universidad de Tilburg.

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AUTHOR INFO

Sylvester Eijffinger is Professor of Financial Economics at Tilburg University in the Netherlands.
Edin Mujagic is a monetary economist at ECR Research and Tilburg University.