Wednesday, November 26, 2014
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Egipto, Jordania piensa en ti

AMÁN.– El comportamiento de la Corte Real Jordana en los días siguientes al anuncio oficial de la victoria en la elección presidencial egipcia de Mohamed Morsi, miembro de los Hermanos Musulmanes, relata una historia intrigante. Inicialmente, el rey jordano Abdalá II, dudó antes de firmar una ley electoral largamente anhelada. Luego de esto llegaron la aprobación de la ley, un pedido para su revisión, y una reunión oficial sorpresa con el líder de Hamás.

Durante el año pasado, el rey Abdalá se mantuvo firme sobre la necesidad de elecciones libres y justas en Jordania, a más tardar, a fines de 2012. Se adoptaron cambios constitucionales. Se creó por ley una comisión electoral independiente. Y un respetado jurista jordano que se había desempeñado como juez en la Corte Internacional de Justicia recibió una reprimenda por demorar la aprobación de la ley.

¿Por qué entonces esperó el rey durante cuatro días para firmarla luego de su aprobación por ambas cámaras del parlamento?, ¿y por qué pidió cambios inmediatamente?

La ley, que establece fundamentalmente un sistema mayoritario basado en distritos uninominales, en el cual solo 17 de los 140 miembros del parlamento deben ser elegidos según listas partidarias nacionales, fue aprobada por el senado jordano tan solo horas antes de que la comisión electoral independiente egipcia declarase ganador a Morsi. Las personas con quienes hablé en el gobierno y el palacio jordanos dicen que habían creído que el puesto sería para el último primer ministro de Mubarak, Ahmed Shafik.

La victoria de Morsi cambió todo. Los Hermanos Musulmanes boicotearon la elección parlamentaria del país en 2010, sosteniendo que el gobierno «no brindó ninguna garantía sobre su integridad». En elección de 2007, los Hermanos acusaron de «fraude» al gobierno, y se opusieron al sistema electoral mayoritario.

Los funcionarios jordanos de mayor rango se han alejado lentamente de las reformas políticas integrales que se prometieron durante la euforia inicial de la Primavera Árabe. Muchos, incluido el ex primer ministro Awn Khasawneh, creen que esto refleja la sensación entre los funcionarios jordanos de mayor rango de que la Primavera Árabe ha llegado al final de su ciclo en Jordania y la región. Después de todo, las propuestas populares no han logrado ganar impulso, el régimen de Bashar al-Assad se ha mantenido firme en Siria; y Egipto, sin constitución ni parlamento, aparentemente se ha apartado de la democracia, si no caído directamente en el caos.

Pero Khasawneh, quien había impulsado a los islamistas a unirse al político proceso, y forjar un acercamiento con el movimiento islámico palestino Hamás, previno que es un error dar por finalizada la Primavera Árabe. En mayo, poco después de su renuncia, previno a los líderes jordanos sobre su autocomplacencia en el proceso de reforma. Su último comentario antes de ser reemplazado por un conservador fue recordar a los líderes jordanos que la primavera es una estación que siempre vuelve.

Con el anuncio de la victoria de Morsi en Egipto, la primavera parece haber vuelto a Jordania incluso antes de lo que Khasawneh había previsto. El Frente de Acción Islámica, el partido político de los Hermanos en Jordania, continúa rechazando el sistema electoral mayoritario, que favorece a las tribus respecto de los partidos políticos y otros grupos sociales importantes. En especial, debido a la relativa insignificancia de las listas de los partidos nacionales, lo jordanos de origen palestino, quienes constituyen aproximadamente la mitad del electorado, solo obtienen un pequeño porcentaje de los funcionarios electos.

La aprobación de la ley por parte del rey permitirá que la flamante Comisión electoral comience su trabajo. Pero ahora él desea además que el parlamento mejore la representatividad de la ley. Efectivamente, recibió al líder de Hamás, Khaled Meshaal, en una reunión oficial que incluyó un almuerzo real, reuniones con el primer ministro Fayez Tarawneh y, lo más importante, conversaciones con el director del servicio de inteligencia jordano, quien en 1999 había recomendado expulsar de Jordania a Mashal y a otros cuatro funcionarios de alto rango de Hamás.

Las decisiones sobre las mejoras a la ley electoral y recibir a Mashal no solo apuntan a persuadir a los propios islamistas jordanos de unirse al proceso político. Como otros países árabes, Jordania, con siete millones de habitantes, admira a Egipto, su vecino árabe más numeroso y poderoso. Y, económicamente, Jordania aún depende del gas natural egipcio, que recibe a tarifas reducidas.

Jordania parece haber mirado el fondo de la taza política de café y adivinado que tiene más sentido mejorar sus relaciones con los líderes egipcios en ascenso que luchar contra ellos. Y mejorar las relaciones con Egipto implica vínculos más estrechos con Morsi y los Hermanos Musulmanes.

Traducido al español por Leopoldo Gurman

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