Latin America
LA DICTADURA DE LA MACROECONOMIA EN AMERICA LATINA
Enrique Dussel Peters
Al menos desde la segunda mitad de la década de los noventa en América Latina se ha gestado un nutrido debate sobre política económica, el cual se ha recrudecido desde 2000 ante la falta de crecimiento económico en la región. ¿Cuáles son los beneficios de las restrictivas políticas macroeconómicas implementadas desde la crisis de la deuda en los ochenta en la década de los noventa?, ¿qué se ha aprendido de las mismas y cuáles son sus limitaciones a 2003 y hacia el futuro?
A inicios de los ochenta la mayor parte de América Latina se encontraba en una profunda crisis de la sustitución de las importaciones, estrategia seguida por varias décadas en la región, la cual se manifestó en tasas de inflación de tres dígitos, déficit fiscales con respecto al PIB de dos dígitos y tasas de crecimiento del PIB per cápita negativas en los ochenta. En este contexto, un grupo de economistas de la región -la mayoría con estudios en el "Ivy League" de los Estados Unidos y en base a los planteamientos de la industrialización orientada hacia las exportaciones de autores como Bela Balassa, Jagdish Bhagwati y Anne Krueger- presentaron un esquema de desarrollo diferente al seguido durante décadas en América Latina, una verdadera "contrarevolución" según autores como Paul Krugman.
La integración al mercado mundial debe gestarse particularmente vía la estabilidad macroeconómica y la reorientación del aparato productivo hacia las exportaciones. Según esta visión de desarrollo, la estabilidad macroeconómica se restringe al control de la inflación y del déficit fiscal, así como a la atracción de inversión extranjera como principal fuente de financiamiento. La propuesta, desde entonces, ha sido duramente criticada por diversos sectores, también por su primitivismo: la "supremacía" y dictadura de la macroeconomía no considera variables fundamentales y tradicionales de la macroeconomía, incluso bajo la teoría neoclásica desde la década de los sesenta, como la demanda, producción, inversión, el consumo, empleo, salarios y la distribución del ingreso, entre otras variables.
Independientemente del debate anterior, ¿cuáles han sido algunos de los efectos de esta estrategia en América Latina? La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha realizado un importante esfuerzo para comparar el período 1945-1980 y 1990-2000, y con el objeto de no incorporar la "década perdida" de los ochenta. Entre los principales resultados destacan:
La tasa de inflación promedio anual aumentó 20% durante 1945-1980, fue de 400% en los ochenta y cayó a 170% para los noventa.
Las exportaciones crecieron cuatro veces más durante 1990-2000 que durante 1945-1980, aunque también las importaciones duplicaron la tasa de crecimiento.
De la totalidad de los países latinoamericanos, sólo Argentina y Chile presentaron una dinámica superior del crecimiento económico durante 1990-2000 con respecto al período anterior. A 2003, claramente sólo Chile pudiera mantenerse bajo este rubro. En términos del PIB per cápita, la región logró una tasa de crecimiento promedio anual de 3.1% durante 1945-1980, versus un 1.6% para el segundo período.
La distribución del ingreso empeoró durante 1945-1980 a 1990-2000, dado que los hogares bajo la línea de pobreza aumentó del 35% al 38% del total de los hogares.
No obstante los diversos resultados -y que han sido analizados a detalle en base a múltiples otras variables-, "la dictadura de la macroeconomía" se mantiene a 2003, y después de varios años de pésimos resultados con respecto al crecimiento, la generación de empleo, inversión, salarios reales y distribución del ingreso: los respectivos gobiernos siguen "obstinados" en dar prioridad absoluta, con matices, a la inflación, el déficit fiscal y la atracción de inversión extranjera, y no obstante los debatibles resultados de la estrategia seguida.
México es un excelente ejemplo al respecto: durante 2001-2003 el PIB per cápita ha disminuido anualmente en promedio en 0.7%, 933 empresas maquiladoras han cerrado sus operaciones perdiéndose más de 290,000 empleos (o el 27.12% del total de la maquiladora) y la manufactura ha perdido 660,000 empleos o el 15% de su total. No obstante lo anterior, la égida de la macroeconomía continúa imperando, y ante una sobrevaluación del tipo de cambio real estimada en un 30% y la caída del financiamiento del sector bancario comercial a las empresas, con respecto al PIB, representando en 2003 apenas el 21.7% de 1995. En aras de controlar la tasa inflacionaria y el déficit fiscal se sacrifica al sector productivo, una de las principales causas de la crisis argentina.
A diferencia de esta visión simplista e ideológica, un grupo creciente de académicos -pero también empresarios como Carlos Slim en México- e instituciones regionales han propuesto la necesidad de las "reformas de las reformas", es decir, implementar
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