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Los fondos de los donantes son necesarios para remediar la pobreza, no para el Iraq

Los Estados Unidos quieren que el mundo haga promesas de contribuciones de miles de millones de dólares para la reconstrucción del Iraq en una reunión de donantes que se celebrará en octubre en Madrid. La respuesta del mundo debe ser un inequívoco "¡No!". La reconstrucción a largo plazo del Iraq no necesita una asistencia financiera extranjera. Lo que necesita es una solución política, que sólo será posible con la retirada del ejército estadounidense ocupante. Los miles de millones de dólares que los Estados Unidos pretenden conseguir deben ir destinados a afrontar las verdaderas emergencias mundiales, como, por ejemplo, la lucha contra el SIDA y el hambre.

Es probable que el Gobierno de Bush lanzara su guerra contra el Iraq porque se proponía hacer del país una nueva base de operaciones militares a largo plazo en la región del Golfo. Después de los ataques terroristas de septiembre de 2001, quería retirar las tropas de Arabia Saudita y es de suponer que eligiera el Iraq como su nueva base de operaciones a largo plazo. Ésa es -creo yo- la razón por la que los Estados Unidos se oponen tanto a un traspaso rápido de la soberanía a los iraquíes. Un Iraq de verdad soberano podría decir a los Estados Unidos que se retiraran del país.

Mientras los Estados Unidos sigan siendo una fuerza de ocupación en el Iraq, no es probable que haya estabilidad política en ese país. Sin estabilidad política también la recuperación económica del Iraq resulta improbable. Muchos iraquíes ven a los Estados Unidos como un ocupante colonial, razón por la cual es un objetivo para los ataques no sólo de los leales a Sadam Husein, sino también de los nacionalistas iraquíes de diversos tipos, como también de luchadores árabes procedentes de países colindantes.

Los ataques contra la ocupación estadounidense están destruyendo la economía iraquí, además de acabar con vidas humanas. Los atacantes han logrado detener la corriente de gran parte de las exportaciones de petróleo del Iraq. El oleoducto del Norte, en dirección a Turquía, ha sido bombardeado repetidas veces y funciona esporádicamente, cuando lo hace. Los yacimientos petrolíferos del Sur no disponen de electricidad suficiente para funcionar con toda su capacidad, porque la rejilla eléctrica es también el objetivo de repetidos bombardeos. De hecho, según se ha informado, el Iraq está bombeando de uno a dos millones de barriles de petróleo al día, en lugar de los de dos a tres millones que ese país podría conseguir rápidamente en circunstancias pacíficas.

Ese déficit en los ingresos por petróleo -y no la falta de asistencia extranjera- es la causa real de la crisis financiera del Iraq. Cada reducción de un millón de barriles al día tiene como consecuencia una pérdida de ingresos de unos 30 millones de dólares al día al precio actual en el mercado de 30 dólares por barril. Eso significa que, si el Iraq aumentara sus exportaciones de petróleo en un millón de barriles al día -cosa que podrá lograr rápidamente con el cese de los ataques a sus infraestructuras-, dispondría de unos 10.000 millones de dólares al año de ingresos suplementarios para iniciar la reconstrucción.

Es probable que la producción de petróleo del Iraq aumentara hasta unos cinco millones de barriles al día en el plazo de tres años, lo que representaría de tres a cuatro millones de barriles al día, además de la producción actual, es decir, de 30.000 a 40.000 millones de dólares al año: lo suficiente no sólo para restaurar los servicios básicos, sino también para lograr grandes mejoras en el nivel de vida y en el crecimiento económico a medio plazo. En ese nivel de la producción, el Iraq sería un país de ingresos medianos, con un producto nacional bruto por persona de varios miles de dólares al año, incluida la producción no petrolera. En una palabra, el Iraq no necesitaría la menor asistencia oficial para el desarrollo.

Los mayores costos en el Iraq no son los que pueda entrañar la reconstrucción, sino los necesarios para el mantenimiento de las tropas de los Estados Unidos. Este país está pagando la asombrosa suma de 51.000 millones de dólares al año para mantener a 140.00 soldados en el país, con el asombroso costo de unos 360.00 dólares al año por soldado. Los Estados Unidos podrían ahorrarse decenas de miles millones de dólares al año retirando sus tropas del Iraq. Si después los Estados Unidos entregaran simplemente una fracción de ese ahorro al Iraq en 2004, habría muchos ingresos suplementarios para gestionar la Administración iraquí y sufragar la recuperación de la producción de petróleo.

Además del escandaloso derroche de vidas y dinero provocados por la guerra del Iraq, los Estados Unidos han hecho de nuevo un muy flaco favor al mundo. Al centrar la atención mundial en una crisis económica que en realidad no existe, han desviado la atención pública de crisis graves que sí que existen. Si los Estados Unidos pidieran a los asistentes a la reunión de donantes de octubre que abordaran cuestiones en verdad de vida o muerte, como la lucha contra el SIDA y el hambre, el mundo se pondría en pie y los ovacionaría.

Tomemos, por ejemplo, la lucha contra el SIDA, la tuberculosis y el paludismo. En 2004, unos ocho millones de personas depauperadas morirán de esas tres enfermedades prevenibles y tratables. En 2001, el mundo creó un Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y el Paludismo. Sin embargo, en el ejercicio fiscal de 2004, el gobierno de Bush va a asignar 71.000 millones para el Iraq y tan sólo 200 millones para el Fondo Mundial. Por cada dólar que entregue al Fondo Mundial, el gobierno de Bush va a asignar 350 para el Iraq. Se trata de unas prioridades grotescamente distorsionadas. Peor aún: los Estados Unidos están alentando a otros países a que también malgasten su dinero.

Ya es hora de que el mundo dé a los Estados Unidos alguna mala noticia. Otros países no van a pagar la ocupación del Iraq por los Estados Unidos. Este país tiene que decir con claridad que se propone retirar sus tropas rápida y totalmente. Además, los Estados Unidos deben dejar de derrochar tanto dinero en gastos militares y reorientar sus actividades para remediar las necesidades de los más pobres del mundo. Ése es un esfuerzo financiero al que el mundo puede -y debe- unirse.

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