Saturday, November 1, 2014
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No sigan a la Reserva Federal

La Reserva Federal de los Estados Unidos enfrenta un dilema, ya que necesita seguir elevando las tasas de interés de cara a una economía devastada por los huracanes. El hecho de que no lo hiciera con más anticipación constituye una potente lección para el Banco Central Europeo: después de un prolongado periodo de estabilidad monetaria a tasas de interés inusualmente bajas, esperar demasiado para elevar las tasas a niveles más normales y adecuados puede tener consecuencias peligrosas.

La Reserva comenzó tarde el proceso de normalización de las tasas de interés, y ahora está sufriendo las consecuencias. El BCE no debe cometer el mismo error, incluso si se tiene en mente que los dos bancos centrales funcionan en diferentes ambientes y con distintas limitaciones.

En la zona del euro abundan los signos de advertencia acerca de una inflación inminente. De un tiempo a esta parte, el crecimiento de la oferta de dinero ha estado muy por encima de los niveles planteados como objetivo, lo que indica un exceso de liquidez. La inflación anunciada de septiembre, de un 2,6%, está por sobre el objetivo del BCE de un 2%, y lo mismo ocurre en el caso del último pronóstico para la inflación de 2006 (los pronósticos actualizados se harán públicos a comienzos de diciembre). Otmar Issing, economista en jefe del BCE advierte que “el periodo de moderación salarial debe llegar a su fin”, implicando que el encarecimiento de la energía ahora está pasando al nivel general de precios (los así llamados “efectos de segunda ronda”.)

En estas circunstancias, no hay buenas razones para esperar a elevar las tasas de interés. Mientras más tiempo permanezcan los precios de la energía en los altísimos niveles actuales, mayor es la probabilidad de que las expectativas inflacionarias aumenten y se materialicen los efectos de segunda ronda. Si el BCE sigue dilatando la normalización de las tasas de interés, bien podría producirse una grave explosión inflacionaria. Esto sería desastroso para la recuperación económica de Europa, ya que el BCE no tendría otra opción que aplicar fuertes frenos en su política monetaria.

Nadie quiere esto. Es mejor un aumento de 50 puntos base ahora, permitiendo de este modo que continúe la recuperación económica al mantener la inflación a raya, que tres o cuatro veces esa cifra más adelante. El viejo adagio de que “más vale prevenir que lamentar” se aplica con particular fuerza a la política monetaria.

A juzgar por el resultado de la reunión del Consejo de Gobierno del BCE realizada el último mes, la "prevención" parece estar a la vuelta de la esquina para la economía de la eurozona.

De hecho, el ritmo de las advertencias del BCE acerca de los riesgos de la inflación se ha acelerado en los últimos meses. Si antes era “estamos atentos”, en septiembre el mensaje de convirtió en "estamos particularmente atentos", para pasar a ser en octubre "se garantiza una gran vigilancia acerca de los riesgos al alza a la estabilidad de los precios". El Consejo de Gobierno corre el riesgo de que se le acaben los adjetivos, así como la credibilidad, si no actúa pronto.

El tono de los comentarios del Presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, en la parte de preguntas y respuestas de la conferencia de prensa posterior a la reunión de octubre fue inusualmente duro. Trichet parecía estar haciendo un llamado a un enfoque preventivo cuando dijo que “no debemos permitir que se materialicen los efectos de segunda ronda”. Por primera vez, el presidente del BCE estaba dispuesto a admitir públicamente que el Consejo de Gobierno había debatido los pro y los contra de un aumento de las tasas en la reunión.

No obstante, las actuales tasas de interés fueron descritas en octubre como “todavía adecuadas", lo que dio señales de que el BCE aún no había llegado a la decisión de tomar el toro por las astas. No hay duda de que una desaceleración inesperada de la actividad económica o una fuerte alza del valor del euro podría posponer el inevitable aumento de las tasas. Pero lo que parece claro es que el BCE usó la conferencia de prensa de octubre para advertir a los políticos, sindicatos y mercados de que su prolongado periodo de inactividad en cuanto a la política monetaria está llegando a su fin. El proceso de salida ha comenzado.

No todos están contentos con estas noticias. Los políticos -como Jacques Chirac en Francia, Silvio Berlusconi en Italia, y la ECOFIN (los ministros de finanzas de los estados miembros de la Unión Europea)- siguen presionando para que haya tasas de interés fijas e incluso más bajas.

Sin embargo, es fácil para los políticos ser irresponsables en lo referente a la política monetaria. No son ellos a quienes se culpará por el aumento de los precios, ni quienes tendrán que hacer que el genio de la inflación vuelva a su botella.

Al presionar constantemente por tasas de interés más bajas que las que el BCE puede aplicar, los políticos convierten a la entidad en un chivo expiatorio por el mal desempeño económico de Europa. Argumentan que Europa está teniendo malos resultados no debido a sus propios fracasos en impulsar el proceso de reforma estructural, sino debido a que las tasas de interés son demasiado altas.

Al mismo tiempo, el BCE no tiene por qué ir tan lejos como la Reserva Federal, que ha aumentado las tasas de interés en alzas graduales de 25 puntos base en 12 reuniones consecutivas, con todavía otras en el futuro. Para el BCE, un aumento de 50 puntos base haría el trabajo en este momento, después de lo cual las tasas probablemente se podrían dejar sin cambios por algún tiempo.

La Reserva Federal esperó demasiado tiempo para comenzar el proceso de normalización y, debido a que mostraba más iniciativa en la reducción de las tasas en la fase descendente del ciclo de las tasas de interés, tenía que ser más activa para elevarlas en la fase ascendente.

Este no es el tipo de política monetaria volátil que Europa desea ni necesita.

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