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Los pueblos europeos de habla inglesa

Abram de Swaan

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2005-09-07

La Unión Europea tiene una moneda única, pero en el caso de un idioma único ¿qué sucede? Desde sus inicios, la Unión Europea ha hecho idiomas oficiales de las lenguas de sus Estados miembros. Recientemente, incluso al irlandés, hablado a nivel local por una pequeña minoría, se le otorgo estatus oficial pleno.

El tratar a todos los idiomas de la Unión Europea en las mismas condiciones es una consecuencia directa de la igualdad formal de los Estados miembros bajo los tratados constitutivos. Que la legislación esté escrita en el idioma de todos los lugares en donde se aplique es también una cuestión de principios democráticos.

Pero la postura de la Unión Europea como protector de la diversidad lingüística no puede ocultar la estampida hacia el inglés que está en marcha. Parece que mientras más idiomas haya más inglés se habla. Con todo, la Comisión Europea aún alienta a los jóvenes a aprender tantos idiomas como les sea posible. Sería políticamente letal reconocer el estado real de las cosas, aun cuando la política oficial solamente incremente las probabilidades de que los europeos, con todos sus esfuerzos, no se entiendan los unos a los otros.

Tal resultado es poco probable pero sólo porque el problema del idioma en Europa está en camino de resolverse por sí mismo. En toda la Unión  Europea, así como en gran parte del mundo, desde el subcontinente indio hasta grandes partes de África, el inglés funciona cada vez más como el idioma para las comunicaciones internacionales.

Ciertamente, en las reuniones públicas y ceremoniales de la UE, la traducción y la interpretación deben estar igualmente disponibles, al menos en principio, desde cada uno de los idiomas a todos los demás. Cada día, cientos de interpretes apoyan este noble precepto y millones de páginas se traducen anualmente para que los ciudadanos puedan consultar la legislación de la Unión Europea en su propio idioma.

En un principio la Unión Europea invirtió fuertemente en el desarrollo de la traducción automatizada pero esencialmente ha abandonado el proyecto. Como resultado, la traducción y la interpretación se realizan cada vez más en dos pasos, de los idiomas menos utilizados a una  media docena de idiomas "intermedios" y desde estos a otros idiomas más pequeños. Esto ahorra recursos pero también implica una pérdida considerable de significado.

Además, se usan menos idiomas en las oficinas traseras cuando hay reuniones informales con participantes no tan prestigiosos. Cuando los funcionarios de la Unión Europea se reúnen o redactan documentos internos sólo utilizan los "idiomas de trabajo": el francés y, más frecuentemente, el inglés. El alemán, el idioma materno más extendido de la Unión Europea apenas si figura. Los representantes pueden pedir interpretación a su propio idioma pero es probable que pronto se acepte una propuesta para limitar el presupuesto de traducción de cada país.

En las comunicaciones entre los ciudadanos de la Unión Europea, el predominio del inglés es aún más marcado pues es el primer idioma extranjero en todos los países de la "vieja" Europa. Entre los nuevos miembros de la Unión Europea, el inglés esta reemplazando rápidamente al ruso como el idioma extranjero más usado.

En efecto, nueve de cada diez niños en las escuelas de la UE ahora aprenden inglés. Casi la mitad aprenden francés, una cuarta parte aprende alemán y un octavo aprende español, y a pesar de los esfuerzos de la Comisión estas cifras están cayendo, porque la gente tiende a escoger un idioma extranjero que cree que es el más hablado y estudiado por otros.

El proceso se parece a la selección de una norma, digamos, entre productos electrónicos. La gente tiende a optar por la norma (VHS, Windows, DVD) que creen que estará a la cabeza y contribuyen así a su triunfo. El inglés parece haber alcanzado el punto de no retorno en su acelerada expansión global y compite con los idiomas nacionales en campos tan distintos como la música popular, los transportes,  internet, la banca, el cine y la televisión, las ciencias y los deportes.

Pero mientras la presencia y presión del inglés tiene un poderoso impacto en el vocabulario de los idiomas locales, casi no afecta la sintaxis, la gramática y la pronunciación. A diferencia de los idiomas indígenas que fueron desplazados por las lenguas de los colonizadores europeos, los idiomas oficiales de la Unión Europea son "robustos": están equipados con gramáticas, diccionarios, archivos, bibliotecas y facultades de lingüística. Tienen literaturas centenarias impresas y, sobre todo, están celosamente resguardados por Estados fuertes.

Como resultado, el inglés no va a marginar tan fácilmente a los idiomas europeos, aun cuando una amplia mayoría de la población lo ha aprendido. Pero el inglés y los idiomas nacionales pueden coexistir sólo si el Estado protege el idioma nativo y los ciudadanos no permiten que el inglés tome todos los ámbitos de prestigio.

La diversidad de Europa es, en efecto, innata, pero aún falta lograr su unidad. El compromiso con la integración europea requiere un lenguaje vernáculo común y ese es el inglés. El reto para Europa es usar el inglés como tal instrumento y evitar al mismo tiempo sumergirse en las culturas estadounidense y británica.

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AUTHOR INFO

Abram de Swaan is Distinguished Research Professor at the University of Amsterdam, Chairman of the Amsterdam School for Social Science Research and Director of the Academia Europea de Yuste (Spain). His most recent book is Words of the World; the Global Language System.