Thursday, July 24, 2014
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Las mafias cambian y crecen

BOGOTÁ – En décadas recientes los países de América Latina han realizado esfuerzos significativos en el fortalecimiento del Estado y la consolidación de la democracia en la región. Al mismo tiempo las redes criminales – entendidas como el conjunto de relaciones entre los agentes legales e ilegales que participan en actividades criminales – se han fortalecido. Ahora tienen un papel importante en las economías formales e informales de la región y en las instituciones políticas, erosionan el tejido social y amenazan los avances conseguidos en la región.

Las redes criminales distorsionan las más importantes fuerzas de cambio en América Latina: la globalización, la tecnología, la apertura de nuevos mercados, la cooperación regional y la democracia. En contextos de debilidad institucional, de desigualdades persistentes y de altos niveles de marginalidad y exclusión, estas fuerzas han abierto nuevas oportunidades para la difusión de la estructuras criminales. Hoy Latinoamérica tiene más democracia (formal), un mayor flujo de inversión y comercio exterior, una clase media en crecimiento y mayor desarrollo tecnológico que 20 años atrás. Y también más crimen organizado.

Las redes criminales han pasado por encima las instituciones legales y han tomado  ventaja de los cambios en las décadas recientes, aprovechando las lagunas del sistema internacional y las vulnerabilidades de las democracias latinoamericanas.  El resultado ha sido su expansión en los mercados internacionales, a través de un sistemas que se encuentra por fuera de la legalidad, basado en relaciones de clientelismo y corrupción. Antes de resistirse al cambio, las redes delictivas han adaptado las fuerzas de la modernización en su propio beneficio.

Las facciones criminales – ya sean los “cárteles” en México, las “bandas” en Colombia o los “comandos” en Brasil – son sólo la parte más visible de estas redes. El crimen organizado es más que esto: un sistema basado en una serie de relaciones complejas que conectan el mundo legal con el ilegal, del cual hacen parte políticos, jueces y fiscales que están dispuestos a modificar decisiones y sentencias por dinero; policías y personal militar implicados en actividades ilegales y empresarios involucrados en el lavado de dinero.

La fuerza de estas redes criminales radica en personas y organizaciones – presentes en los distintos niveles de la sociedad – que se relacionan con el mundo ilegal según dicte su conveniencia. Este sistema se expande global y localmente para satisfacer las exigencias del mercado, proporcionando los bienes y servicios que las sociedades demandan.

Los ingresos obtenidos por dichos mercados ilegales son enormes y compiten en tamaño con los mercados de commodities más relevantes de América Latina. Considérese solo las ganancias de las ventas de cocaína en Norteamérica, que según la Oficina de las Naciones Unidas contras la Drogas y el Delito (UNODC), ascienden aproximadamente a US$35 mil millones. A esto hay que agregarle, otros US$26 mil millones de la venta de esta sustancia en Europa Occidental y Central.

La inmensa mayoría de estos recursos se quedan en poder de las organizaciones delictivas de los países desarrollados y se lavan en los centros financieros mundiales, mientras que sólo una pequeña cantidad regresa a Latinoamérica. Según los economistas Alejandro Gaviria y Daniel Mejía, solo el 2,6 por ciento del valor total de la cocaína colombiana que se vende en las calles de Estados Unidos regresa a este país. En México, según un informe reciente publicado por la revista Nexos, las ganancias totales de la delincuencia organizada ascienden a US$ 8 mil millones de dólares al año, una porción pequeña de las rentas totales, pero suficiente para comprar a policías con bajos salarios, funcionarios públicos corruptos así como para influir en las economías locales.

La expansión de las redes criminales no sólo ocurre a través de las fronteras; los mercados ilegales han aumentado también dentro de los países. Brasil es el segundo consumidor de cocaína en el mundo en términos relativos, y Argentina tiene la mayor tasa de prevalencia, según los datos de UNODC. Asimismo, la extorsión está aumentando en Centroamérica y la minería ilegal es un prospero negocio en Colombia, con el oro convirtiéndose en la nueva cocaína – más fácil de comercializar y con un menor nivel de riesgo.

La violencia es la otra moneda de cambio en América Latina. Con la excepción de unos pocos grupos guerrilleros, el crimen organizado es el único actor estratégico en la región que tiene la capacidad de disputar al Estado el monopolio del uso legítimo de la fuerza. Dada la inexistencia de formas legales de mediación, la violencia es el lenguaje utilizado por las redes delictivas para resolver sus disputas. Cuando la corrupción y las alianzas con los funcionarios públicos no funcionan, las redes criminales enfrentan a las instituciones estatales directamente.

De hecho, la mayoría de los países latinoamericanos superan por mucho el umbral de los diez homicidios por 100.000 habitantes, que la Organización Mundial de la Salud utiliza para determinar un nivel “epidémico” de violencia. Países como Honduras, El Salvador y Guatemala tienen las más altas tasas de homicidios del mundo, relacionados con una notable densidad de estructuras criminales. La obsesión de los políticos con la imposición del imperio de ley mediante métodos de mano dura y la guerra contra los criminales, solo ha provocado más inseguridad para los ciudadanos.

Para quebrar el poder distorsionador de las redes criminales es necesario primero confrontar las distorsiones que las perpetúan: la fracasada guerra contra las drogas y la penalización de los consumidores; la creciente privatización de la seguridad privada, sistemas carcelarios que incrementan las capacidades de los delincuentes y sistemas judiciales que revictimizan a los ciudadanos afectados por los delitos.

En última instancia, la clave está en construir instituciones democráticas que sean lo suficientemente fuertes como para contener la violencia y proteger a los ciudadanos, lo que a su vez requiere de líderes políticos que propongan nuevas opciones, y sociedades que asuman más responsabilidad acerca de su destino. Estos debates están actualmente en curso en América Latina y han llegado a un punto crucial: Los gobiernos y ciudadanos de Latinoamérica pueden reconocer y abordar las distorsiones de sus propias concepciones o pueden seguir por una senda de corrupción y violencia que erosiona tanto los Estados como la misma idea de la ciudadanía.

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  1. CommentedGabriel Nagy

    This explains why no 'war on drugs' is fought in the streets of New York, London, Sidney or Frankfurt. Fighting the war in Latin America pushes profits upwards benefiting bankers, politicians and investor in rich economies.

  2. CommentedLuis Maria

    "Rome was not made in one day" . The LATAM development is in this respect amiracle. If needed let' s me remind you what CA and SA were in the 80's and the 90's. in Mexico real democracy arrived in Los pinos 12 years ago (only). And OC is for sure an externality of quick and ungoverned economic growth and democracy (see the fall of the USSR and the growth of Russian mafias and kleptocracy under the protection of former KGB agents). In mexico the homicide rate was 19.8 in 1992 against 24.6 in 2012 . Violence was there without the war on drugs.
    As data , for mexico check INEGI and UNODC

  3. CommentedBarbara Schieber

    We are trying to survive in Guatemala. We know the region and suffer the consequences of the failed US Foreign Policies that you are part of.

    We advocate immediate drug legalization. As you write, the developed nations get rich by the war on drugs, we get poorer. You know exactly who is to blame.

    We invite you to come here and try “democratizing” in a war zone. Preaching is easy from behind a desk.

    We are sick and tired of all these politically correct policy makers and “opinionators” in the US that make a living advocating policies that result in our deaths, violence, and economic disadvantages.

    Where are the master mind gangsters? In the developed world.

      Portrait of Juan Carlos Garzón Vergara

      CommentedJuan Carlos Garzón Vergara

      Barbara, thank you for your comments. This is a good opportunity to highlight some of the points that I wrote in my column. I identify “…the failed war on drugs and criminalization of consumers” as one of the distortions that contributes to perpetuate the presence and influence of organized crime. Additionally, I made explicit my disagreement with the “iron fist” policies that cause many deaths and human rights violations in countries like Guatemala. It is clear that I am not part of the “US Foreign Policies”. I also would like to share with you that I worked in Guatemala for two years, during which time I had the opportunity to travel across different regions and see the difficult situation of this country. As a Colombian I am deeply committed to Guatemalans and the need to rethink the way security is built.

  4. Portrait of Michael Heller

    CommentedMichael Heller

    You paint a grim broad-brush picture for the whole of Latin America with a hint of panic (“epidemic”) as though something new is happening. Certainly the violence has become more explosive in a few countries like El Salvador for specific reasons. Yet the general problems of the networked nexus of violence, crime, politics, and drugs in Latin America have been discussed with intensity and sociological fuzziness ever since I can remember (the 1980s).

    What’s really new in Latin America? Sure, one would expect crime to have adapted and modernised. It has everywhere in the world.

    The document on homicide rates you link to has only 2004 data! That is very old! More recent and detailed multi-level data is available through the World Bank and IDB (e.g. below). It is noticeable that homicide rates are always lowest (and declining) in Chile. Does capitalist development explain that? Yet rates are also low in Bolivia (does indo-socialist communitarianism explain that?).

    Not having read on this issue for many years I just spent an hour looking for new material (I cannot find your ‘Mafia’ publication on Amazon by the way).

    What struck me was the widely acknowledged poverty of data. Even a 2011 World Bank report is using old data (though more recent than yours) --
    http://siteresources.worldbank.org/INTLAC/Resources/FINAL_VOLUME_I_ENGLISH_CrimeAndViolence.pdf

    The Inter-American Development Bank have an interesting new project on violence and crime prevention (2012-13) which will be worth keeping an eye on -
    http://idbdocs.iadb.org/wsdocs/getdocument.aspx?docnum=37079182

    I found an IDB debate from 2007 which was very revealing about the hideous complexity of discussion in this field.

    “Policy discussions over crime and violence in Latin America have oftentimes been framed using political and ideological themes. Thus, for example, calls for more police and tougher prison sentences are often seen as attempts by the “right” to control the underclass. Similarly, calls for prevention programs through better education, jobs, and an enhanced standard of living to reduce the desirability of illegal occupations are often seen as “socialist” solutions by the right. Given this political backdrop as well as the fact that the field of criminology itself has historical roots in sociology, there is scant empirical evidence on either the extent of criminal behavior or the effectiveness of prevention or control strategies in Latin America. Police records are notoriously poor – and often generated by corrupt politicians or police administrations to support their point of view. There have only been a few comprehensive victimization surveys in some countries, and any significant crosscountry comparisons that can be made are of only limited value unlike more detailed
    surveys in the U.S. and Europe. There are also no reliable indicators of drugs or arms trafficking or the influence of organized crime. Measures of these problems are largely indirect and subject to considerable uncertainty.”
    http://idbdocs.iadb.org/wsdocs/getdocument.aspx?docnum=1186239

    There was a hot reply from a World Bank expert advocating “hot-spot policing” solutions. http://idbdocs.iadb.org/wsdocs/getdocument.aspx?docnum=1186222

    Though it does not come across clearly in your article, I guess you might be on the side of the World Bank’s new thinking about “community responses to urban violence”?
    http://siteresources.worldbank.org/EXTSOCIALDEVELOPMENT/Resources/244362-1164107274725/Violence_in_the_City.pdf

    Now that might have been an interesting and manageable state of the art topic to discuss. Or the legalisation of drugs which I support. Jeffrey A. Miron of Harvard University is doing excellent economic analysis of this.

  5. CommentedKarina P

    I see Max Weber! I think that in arguing that political leaders must try new options you're forgetting your previous acknowledgment of corrupt politicians. A huge issue with many LatAm countries is the empowerment of irresponsible and inappropriate leadership. Corruption enables the least qualified leaders to rise to power, even the presidency. Given this, I would argue that change must come from the people and their rejection of corruption and support for leaders who will be powerful enough to stamp out crime and corruption and be champions for rule of law. Capriles ALMOST got through, perhaps others throughout the region will be courageous enough to try.

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