Saturday, April 19, 2014
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La desmilitarización de la política de los gobiernos musulmanes

ISLAMABAD – ¿Pueden los gobiernos musulmanes liberarse de los poderosos ejércitos de sus países y establecer control civil comparable al que se encuentra en las democracias liberales?  Esta pregunta es ahora de suma importancia en países tan dispares como ser Egipto, Pakistán y Turquía.

Entender el pasado de la región ayuda a predecir cómo se desarrollará esta lucha. Desde la fundación del Islam en el siglo VII, se ha mantenido una tradición de profundo compromiso de participación de los militares en la política y la gobernabilidad. De hecho, el aumento de la capacidad militar del Islam ayudó a que éste se extienda rápidamente por todo el mundo.

El ejército fue el responsable de la implantación del Islam en todo el Oriente Medio, así como en Persia, el sur de Europa, y el sub-continente indio. Además, una vez que un estado musulmán se establecía en las tierras recién conquistadas, el ejército se convertía en parte integral de su gobierno.

La incorporación de los militares en el estado fue más prominente en el Imperio Otomano, cuyos gobernantes crearon un nuevo tipo de fuerza militar que reclutó a sus miembros, en su mayoría, de las partes de Europa gobernadas por el Islam. Estos jenízaros (jóvenes cristianos reclutados para servir en las unidades de infantería otomana) o eran reclutados en Europa o eran secuestrados de los países que estaban bajo control otomano.

A los Jenízaros no se les permitía casarse o tener bienes propios, lo que evitaba que desarrollen lealtades fuera de la corte imperial. Pero, después de que se levantaron estas restricciones en el siglo XVI y hasta su exterminio en el siglo XIX, los jenízaros se convirtieron en un grupo extremadamente poderoso en Estambul (e incluso establecieron su propia dinastía en Egipto).

El dominio militar en los países musulmanes sobrevivió hasta la caída del Imperio Otomano a principios del siglo XX. Las potencias coloniales que llenaron el vacío dejado por este imperio en decadencia tenían sus propios ejércitos, y por lo tanto no necesitan las fuerzas locales para gobernar. Sin embargo, cuando los europeos se retiraron del mundo musulmán en el siglo XX, estas fuerzas se apresuraron a regresar para capturar el control de la política.

Los militares llegaron al poder en Egipto, Pakistán y otros países árabes a principios y mediados del siglo XX. En Turquía, los militares se proclamaron los guardianes de la República laica de Turquía, fundada en el año 1923 por Mustafa Kemal Atatürk, quien, también, era militar.

Hoy en día, las revoluciones que desestabilizan gran parte del mundo musulmán están plagadas del pasado militar del Islam. En la primera fase de estos levantamientos populares, aquellos que habían sido excluidos política y económicamente  comenzaron a exigir inclusión y participación. Ahora, una segunda fase está en marcha, esta fase está marcada por un esfuerzo serio por despojar a la antigua clase militar de su poder. Esta lucha se manifiesta de diferentes maneras en Egipto, Turquía y Pakistán.

En Egipto, la toma de control por parte los militares de la transición política tras el derrocamiento del ex presidente Hosni Mubarak no es aceptable, tanto para las fuerzas musulmanas como para las laicas. La mayoría de los egipcios quiere que los soldados abandonen la política y regresen a sus cuarteles.

Essam el-Erian, cuya Partido Islamista Libertad y Justicia ha ganado recientemente la mayoría de los escaños en las elecciones parlamentarias de Egipto, dijo recientemente que los hermanos musulmanes (a los que el partido está estrechamente vinculado), no esperan que los gobernantes militares abandonen el poder voluntariamente. Se tendrá que persuadir a los militares para que abandonen el poder, y si eso no funciona, deberán ser obligados a abandonarlo. En última instancia, el primer paso del parlamento para la eliminación de los militares sería defender la autoridad que tiene dicho parlamento tiene para elegir a los miembros de una Asamblea Constituyente de 100 personas que ya ha sido planificada.

Mientras tanto, en Turquía, el Partido Justicia y Desarrollo, que tiene fuertes raíces en la tradición islámica del país, en la actualidad está tratando de limitar el rol que desempeñan los militares. Las fuerzas armadas, sin embargo, reclamar un mandato constitucional para proteger las tradiciones laicas de la República. Y, los generales de Turquía han intervenido en la política en varias ocasiones para defender al kemalismo – la ideología laica de modernización de Atatürk que condujo a la Turquía islámica hacia un liberalismo de estilo europeo.

Sin embargo, de los tres países, Turquía es el país que ha tenido más éxito en la desmilitarización de su política. El carismático primer ministro, Recep Tayyip Erdoğan, tras haber ganado tres elecciones consecutivas, ha sido capaz de ejercer su autoridad sobre los militares. De forma polémica, ha encarcelado al general de más alto rango del ejército, İlker Basbug, a quien los fiscales turcos han acusado – según la opinión de muchos de manera inverosímil – de conspirar para derrocar al gobierno.

Finalmente, el ejército de Pakistán, que ha gobernado el país durante la mitad de sus 64 años de historia, está luchando enérgicamente por retener su influencia sobre la formulación de políticas. Humillado por su incapacidad para controlar las operaciones militares de Estados Unidos, incluyendo la que mató a Osama bin Laden, el ejército está tratando de tener participación en el actual desarrollo de las relaciones del país con India y los EE.UU. Sin embargo, temerosos de provocar una hostilidad generalizada, los líderes militares recientemente han indicado que no tienen ninguna intención de intervenir en la política.

Desde que comenzó la Primavera Árabe, cuatro regímenes establecidos desde larga data han sido removidos del poder, mientras que otros están bajo creciente presión; todo ello da esperanzas a los árabes de a pie sobre que sus demandas ya no serán ignoradas, y que aquellos que los gobiernan estarán atentos a las necesidades de los ciudadanos. Pero eso – la verdadera revolución – sucederá sólo cuando los verdaderos representantes de los ciudadanos, en vez de los militares, sean quienes empiezan a fijar el rumbo de la política de sus países.

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