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La justicia del rescate financiero

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2009-12-29

Berkeley – Quizá la mejor manera de analizar una crisis financiera sea considerarla un colapso en la tolerancia del riesgo por parte de los inversores en los mercados financieros privados. Tal vez el colapso surja de pésimos controles internos en las firmas financieras que, protegidas por garantías gubernamentales implícitas, prodigan a sus empleados enormes recompensas a cambio de un comportamiento riesgoso. O quizás una larga racha de buena suerte haya dejado al mercado financiero en manos de optimistas disparatados que finalmente lo descifraron. O quizá simplemente surja de un pánico irracional.

Cualquiera fuera la causa, cuando sucumbe la tolerancia del riesgo del mercado, también lo hacen los precios de los activos financieros riesgosos. Todos saben que existen inmensas pérdidas no realizadas en los activos financieros, pero nadie está seguro de saber dónde están esas pérdidas. Comprar -o incluso tener- activos riesgosos en una situación semejante es una receta para el desastre financiero. Al igual que comprar o tener acciones de empresas que pueden tener activos riesgosos, más allá de lo "seguras" que antes podían parecer las acciones de una empresa.

Al resto de nosotros, esta caída de los precios de los activos financieros riesgosos no nos preocuparía excesivamente si no fuera por la confusión que generó en el sistema de precios, que le está enviando un mensaje peculiar a la economía real. El sistema de precios está diciendo: cierren las actividades de producción riesgosas y no emprendan ninguna actividad nueva que pudiera resultar riesgosa.

Sin embargo, no hay suficientes empresas seguras y sólidas que puedan absorber a todos los trabajadores despedidos de las empresas riesgosas. Y si la caída de los salarios nominales es una señal de que existe un exceso de oferta de mano de obra, las cosas se ponen aún peor. La deflación general elimina el capital de cada vez más intermediarios financieros, y hace que una porción aún mayor de activos que antes se habían considerado seguros se vuelva riesgosa.

Desde 1825, la respuesta convencional de los bancos centrales en este tipo de situaciones -excepto durante la Gran Depresión de los años 1930- siempre fue la misma: aumentar y respaldar los precios de los activos financieros riesgosos, e impedir que los mercados financieros le envíen una señal a la economía real de cerrar las empresas riesgosas y evitar las inversiones riesgosas.

Esta respuesta es entendiblemente polémica, ya que recompensa a quienes apuestan a activos riesgosos, muchos de los cuales aceptaron el riesgo con los ojos abiertos y hoy deben asumir cierta responsabilidad por haber causado la crisis. Pero un rescate efectivo no se puede hacer de otra manera. Una política que deja empobrecidos a los dueños de activos financieros riesgosos es una política que le pone un cerrojo al dinamismo en la economía real.

El problema político se puede resolver: como observó recientemente Don Kohn, vicepresidente de la Reserva Federal, enseñarles a unos pocos miles de financistas irresponsables a no especular en exceso es mucho menos importante que asegurar los empleos de millones de norteamericanos y decenas de millones de personas en todo el mundo. Las operaciones de rescate financiero que benefician incluso a quienes no lo merecen pueden resultar aceptables si benefician a todos -aún si quienes no lo merecen obtienen más beneficios de los que les corresponden.

Lo que no se puede aceptar son las operaciones de rescate financiero que benefician a quienes no lo merecen y le ocasionan pérdidas a otros grupos importantes -como los contribuyentes y los asalariados-. Y esa, desafortunadamente, es la percepción que tienen muchos hoy en día, particularmente en Estados Unidos.

Es fácil entender por qué.

Cuando el candidato a la vicepresidencia Jack Kemp atacó al vicepresidente Al Gore en 1996 por la decisión de la administración Clinton de rescatar al gobierno irresponsable de México durante la crisis financiera de 1994-1995, Gore respondió que Estados Unidos ganó 1.500 millones de dólares con el trato.

De la misma manera, el secretario del Tesoro de Clinton, Robert Rubin, y el director del FMI Michel Camdessus fueron atacados por comprometer dinero público para rescatar a bancos de Nueva York que les habían otorgado préstamos a irresponsables del este de Asia en 1997-1998. Ellos respondieron que no habían rescatado al actor especulativo verdaderamente nefasto, Rusia; que habían “comprometido”, no rescatado, a los bancos de Nueva York, exigiéndoles que entregaran dinero adicional para respaldar la economía de Corea del Sur, y que todos se habían beneficiado masivamente, porque se había evitado una recesión global.

Hoy en día, en cambio, el gobierno norteamericano no puede esgrimir ninguno de estos argumentos. Los funcionarios no pueden decir que se ha evitado una recesión global; que "comprometieron" a los bancos; que -con excepción de Lehman Brothers y Bear Stearns- forzaron a los actores especulativos nefastos a la quiebra; o que el gobierno ganó dinero con el trato.

Es cierto que las políticas del sector bancario que se implementaron fueron buenas -o al menos mejores que no hacer nada-. Pero la certeza de que las cosas habrían sido mucho peores si se hubiera adoptado una estrategia de no intervención, a la Andrew Mellon, el secretario del Tesoro republicano, en 1930-1931, no es lo suficientemente concreta como para alterar las percepciones públicas. Lo que sí es bastante concreto son los crecientes sobresueldos de los banqueros y una economía real que sigue pediendo empleos.

J. Bradford DeLong es profesor de Economía en la Universidad de California en Berkeley y adjunto de investigación en la Oficina Nacional de Investigación Económica.

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CautiousInvestor 11:03 29 Dec 09

That some form of rescue of financial sector was required cannot be debated or argued; it was. Unfortunately Mr DeLong scrupluously avoids  the more interesting debate over the form the rescue should take.

Given the scale of miscalculations, the breakdown in risk models and the perverse financial incentives, it's abundantly clear that the existing financial system is broken; reform beyond what is being discussed in congress is required.

Rather than simply propping up failed institutions, the administration and Treasury should have made assistance conditional upon changes in management, divestiture of activities outside the realm of taking deposits and making loans and writing-off all impaired assets.

We would have rescued the banks through saving them from themselves and through financial assistance.

 


lambert 05:04 30 Dec 09

Given the role that systemic accounting control fraud played in the crisis (William Black http://www.pbs.org/moyers/journal/04032009/watch.html and http://online.barrons.com/article/SB123940701204709985.html#articleTabs_panel_article%3D1)

perhaps the best way to view a financial crisis -- or at least this one -- is the panic that results when the perps realize that the jig is up. 



AUTHOR INFO

J. Bradford DeLong, a former assistant secretary of the US Treasury, is Professor of Economics at the University of California at Berkeley and a research associate at the National Bureau for Economic Research.