Anatomy of the Global Economy
¿Por qué las buenas políticas no son buenas compañeras de los políticos?
J. Bradford DeLong
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BERKELEY – Desde el día posterior al colapso de Lehman Brothers el año pasado, las políticas seguidas por el Tesoro de los Estados Unidos, la Reserva Federal de Estados Unidos y las administraciones de los Presidentes George W. Bush y Barack Obama han sido sólidas y útiles. La alternativa -hacerse a un lado y dejar que los mercados se ocuparan de todo- habría causado en Estados Unidos y el resto del mundo un desempleo más alto que el que ya existe. La facilitación del crédito y el apoyo al sistema bancario ayudaron de manera importante a que las cosas no empeoraran.
El hecho de que los bancos de inversiones no fueran a la quiebra el diciembre pasado y de que este año estén cosechando enormes utilidades es un tema secundario. Cada punto porcentual de desempleo adicional que dura dos años cuesta 400 mil millones de dólares. Una recesión el doble de profunda que la que tuvimos le habría costado cerca de 2 billones de dólares a Estados Unidos, y cuatro veces esa suma al mundo como un todo.
En comparación, los bonos en Goldman Sachs son un error de redondeo. Y cualquier intento de penalizar más a los banqueros de inversión en el otoño e invierno últimos habría puesto en peligro toda la operación de recuperación. Como dijera el Vicepresidente de la Fed, Don Kohn, asegurar que unos pocos miles de banqueros de inversión reciban un justo castigo financiero no es un buen comienzo si eso pone en riesgo los empleos de millones de estadounidenses, y decenas de millones fuera de los Estados Unidos.
El estímulo fiscal de la administración Obama también ha servido de gran ayuda para la economía. Aunque todavía está por determinarse el efecto de los recortes de impuestos en el estímulo, la ayuda a los estados ha logrado salvar empleos, y el flujo de gastos del gobierno en una gran variedad de proyectos relativamente útiles impulsará la producción y el empleo de la misma manera como lo hace el gasto de los consumidores.
Y el costo de la deuda adicional en la que se ha incurrido es extraordinariamente bajo: 12 mil millones de dólares al año por concepto de impuestos adicionales serían suficiente para financiar el programa de estímulo fiscal a los tipos de interés actuales. Por ese precio, los contribuyentes estadounidenses obtendrán un billón de dólares en bienes y servicios, y el empleo crecerá en cerca de diez millones de puestos de trabajo al año.
Las críticas válidas a la política fiscal en los últimos 14 meses no giran en torno al aumento de la deuda nacional ni al botín cosechado por los príncipes de Wall Street, sino a que ha sido demasiado limitada, es decir, deberíamos haber hecho más. Sin embargo, hoy estas políticas no son buenas compañeras de los políticos: nadie está proponiendo más medidas de estímulo.
Esto es extraño, porque normalmente cuando algo funciona el impulso natural es a repetirlo. Las buenas políticas que impulsan la producción y el empleo sin causar inflación deberían ser políticamente populares, ¿no es así?
Con respecto al paquete de estímulo de Obama, me parece que en la derecha estadounidense ha habido una extraordinaria deshonestidad intelectual y política, que la prensa se niega a ver.
Por dos siglos y medio, los economistas han creído que el flujo del gasto en una economía aumenta siempre que haya grupos de personas que deciden gastar más. Algunas veces crece porque hay más dinero disponible en la economía, y a veces porque los cambios en los costes de oportunidad (el coste de renunciar a otra acción, como ahorrar) hace que la gente desee gastar más rápidamente su dinero. Algunas veces, y en cierta medida, estos aumentos se expresan como alzas en los precios, y otras veces se expresan como alzas en la producción y el empleo.
No obstante, sean cuales sean la causa o el efecto, el gasto siempre aumenta cuando hay grupos que deciden gastar más, y las decisiones del gobierno de gastar más son tan buenas como las de cualquiera. Son tan válidas como las decisiones de las compañías hipotecarias o los nuevos propietarios de viviendas de gastar más en nuevas propiedades durante la burbuja inmobiliaria de mediados de esta década, o de los príncipes de Silicon Valley de destinar más dinero a la creación de nuevas compañías durante la burbuja de las punto com a fines de los 90.
Los opositores republicanos a Obama, que plantean que el estímulo fiscal no puede funcionar, son incoherentes en el mejor de los casos y se equivocan rotundamente, si es que no están mintiendo. Recordemos que en 1993, cuando los análisis de la administración Clinton la llevaron a tratar de gastar menos y reducir el déficit, los republicanos también dijeron que eso iba a destruir la economía.
Esos planteamientos estaban tan errados entonces como ahora. Sin embargo, ¿cuántos medios hacen un esfuerzo siquiera mínimo por evaluarlos?
Un argumento más sólido, aunque no por mucho, es que el estímulo fiscal está impulsando el empleo y la producción, pero a un coste demasiado alto en el largo plazo, ya que ha acrecentado demasiado la deuda nacional de EE.UU. Si los tipos de interés sobre el Tesoro de EE.UU. fueran altos y aumentaran rápidamente a medida que crece la deuda, estaría de acuerdo. No obstante, los tipos de interés sobre valores del Tesoro son muy bajos y no están al alza. Cada venta de papeles del Tesoro, en que el mercado engulle enormes emisiones de deuda pública a altos precios, desmiente el argumento de que la economía carga con una deuda demasiado alta.
Quienes plantean que Estados Unidos tiene un problema de deuda, y que éste no se puede curar con más deuda, pasan por alto (a veces, de manera deliberada) que la deuda privada y la deuda del Tesoro de EE.UU. han sido animales muy diferentes –moviéndose en diferentes direcciones y comportándose de maneras distintas- desde el comienzo de la crisis financiera.
Lo que el mercado está diciendo no es que la economía tenga demasiada deuda, sino que tiene demasiada deuda privada, lo que explica por qué los precios de los bonos corporativos están bajos y las firmas encuentran costoso el financiamiento. El mercado también está diciendo -claramente, y una y otra vez- que la economía tiene demasiado poca deuda pública del gobierno de EE.UU., que es la razón por la cual todos quieren adquirirla.
J. Bradford DeLong es profesor de economía en la Universidad de California en Berkeley e Investigador de la Oficina Nacional de Estudios Económicos.
Copyright: Project Syndicate, 2009.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por David Meléndez Tormen
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Stevew 07:16 01 Jan 10
Mr Delong- I believe you rely far too much on a short term phenomenon-current treasury rates- as proof that your dismissal of concern about the long term effect of higher debt is well founded. Interest rates change as peoples confidence in future conditions changes and we are but one good bout of inflationary expectations away from much higher treasury yields. My understanding is that the vast majority of US government debt is relatively short term and thus will need to be refinanced over the next 5 years. Are you actually willing to predict that interest rates over the next 5 years will not go up significantly?
I'd hazard a guess that you are not risking too great a sum of your own money on such a position.
At some point economies worldwide will use up the current slack in production and supply constraints will crop up. With the inflationary expectations that almost everybody in the world currently shares and the huge monetary expansion of governments around the world, how you can be so dismissive of those who believe we will relatively soon live to regret the very policies you seek to expand, eludes me.
On the one hand you admit to not knowing why the greatest financial panic in the last two generations occured while on the other you proclaim yourself firmly in possesion of the prescription for a cure. A little caution might be in order.