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Bernanke es el elegido

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2009-08-26

BERKELEY – William McChesney Martin, demócrata, fue reelegido dos veces para el cargo de Presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos por el Presidente republicano Dwight D. Eisenhower. Paul Volcker, demócrata, fue reelegido por el gobierno de Reagan (pero no dos veces: existen rumores persistentes de que el Secretario del Tesoro de Reagan, James Baker, pensaba que Volcker estaba demasiado interesado en la estabilidad monetaria y no lo suficiente en la producción de economías fuertes en años presidenciales con vistas a la elección de republicanos). Alan Greenspan, republicano, fue reelegido dos veces por Bill Clinton y ahora Barack Obama ha anunciado su intención de volver a nombrar para el cargo a Ben Bernanke, elegido por un gobierno republicano.

Como indica esa historia, es más notable que un Presidente de los Estados Unidos no reelija a un Presidente de la Reserva Federal nombrado por el partido opuesto que reelegir a uno que desee continuar. Las excepciones principales son la de Volcker con Reagan y la de Arthur Burns con Jimmy Carter. La presidencia de la Reserva Federal es el único cargo del Gobierno de los EE.UU. en el que se da esa circunstancia: es una señal de su estatuto excepcional como cargo tecnocrático no –o no demasiado– partidista y con un poder y una libertad de elección inmensos: casi una cuarta rama del gobierno, como dice David Vessel en su reciente libro In Fed We Trust (“En La Reserva Federal confiamos”).

La razón por la que los presidentes americanos están tan dispuestos a reelegir a presidentes de la Reserva Federal nombrados por el partido opuesto está estrechamente relacionada –creo yo– con una de las dos cosas que un presidente persigue: la confianza de los mercados financieros en que la Reserva Federal aplicará políticas no inflacionistas. Si los mercados financieros pierden esa confianza –si concluyen que la Reserva Federal está demasiado dominada por el Presidente para luchar contra la inflación o que su presidente no desea controlar la inflación–, las noticias económicas serán, casi con toda seguridad, malas.

Fuga de capitales, subidas bruscas de los tipos de interés, reducción de la inversión privada y desplome del valor del dólar son, todos ellos, efectos probables, en caso de que los mercados financieros pierdan la confianza en el presidente de la Reserva Federal y, si se producen, las posibilidades de que un Presidente obtenga la reelección –o un Vicepresidente que aspire a sucederlo sea elegido– son muy pocas. Al confirmar en el cargo a un presidente de la Reserva Federal elegido por otro, un presidente de los EE.UU. parece garantizar a los mercados financieros que la Reserva Federal no está demasiado dominada por él, lo que puede ser un activo valioso para un presidente en ejercicio de la Reserva Federal y que ningún otro candidato podría igualar.

Pero los presidentes de los EE.UU. buscan a algo más que un simple compromiso creíble ante los mercados financieros de que la Reserva Federal temerá la inflación y luchará contra ella. Buscan inteligencia, honor y un profundo sentido del interés público y del bien público. El futuro de los presidentes –su capacidad para obtener la reelección, para conseguir otros objetivos políticos y dejar un legado respetable– depende de la fuerza de la economía. Puede ser cierto –o puede que no, en particular en estos días– que lo que es bueno para la General Motors es bueno para los Estados Unidos y viceversa, pero de lo que no cabe duda es de que lo que es bueno económicamente para los Estados Unidos es bueno políticamente para el Presidente.

En eso es en lo que el Presidente Barack Obama ha tenido –creo yo– mucha suerte. La de Ben Bernanke es, a mi juicio, una buena elección para la presidencia de la Reserva federal, porque es muy inteligente, honrado y pragmático y tiene una concepción lúcida de la economía. Ya ha dirigido a la Reserva Federal durante dos años muy tumultuosos y sólo ha cometido un error importante: la quiebra de Lehman Brothers.

El profundo conocimiento que Bernanke tiene de la Gran Depresión y de las crisis financieras es exactamente lo que los Estados Unidos –y el mundo– necesitan ahora en la presidencia de la Reserva Federal y su compromiso de no errar subestimando la dificultad de la situación ni la importancia del mantenimiento del empleo al máximo harían de él –creo yo– uno de los mejores candidatos posibles para el cargo, aun cuando no fuera ahora su titular.

J. Bradford DeLong es profesor de Economía en la Universidad de California en Berkeley e investigador asociado en la Oficina Nacional de Investigaciones Económicas.

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aesop 09:16 08 Sep 09

Doubtless the reappointment of Bernanke sustains confidence in an "independent" Fed, by a the continuance of low inflation policies, as Mister Delong points out, the fed will continue to try and (Wall Street, evidently the White House along with most Economic prize fighters believe) succeed in maintaining financial market stability, on a--to say the least--shakey real economy base. Herr Bernanke will continue to get much credit for, shall we say, putting out the financial crisis fire, by drowning the system with liquidity. In time we'll see how clean an exit the central bankers will be able to engineer, so as to avoid this dreaded inflation so ballyhooed about by. It remains to be seen if and how soon this economy will again stimulate effective demand or be mired in stagnation. Nevertheless a more important issue exists other than Doc Delong's cute observations on the consonance of the two party ruling classes Fed Chair reappointments. No, the issue is that Bernanke did nothing to mitigate this disaster years before it occurred. Many, yes, many saw the housing bubble trend, pleaded and articulated, and yet got virtual media blackout. Our highest Financial priests though saw nothing and did nothing. As Dean Baker points out, only Allan Greenspan was better positioned to see and do something about the the housing bubble that led to this crisis. Again Baker notes Bernanke sat alongside as a fed governor from 2002-2005, overseeing the dubious low interest rate policy after the dot com bubble burst, prolonging and exacerbating the housing bubble, and then after moving on to the White House as an economic advisor, before the eventual 2006 appointment as Fed chairman. As a person charged to provide an environment conducive to economic stability, Bernanke failed miserably. And given the message being sent to future Fed regulators, there is to be no negative consequences for such failures. Such failure to spot a run up in housing prices, which skyrocketed from the previous 100 years, and the consequence is (drum roll, please): Fed Chairman reappointment. Wow, a Democratic president reappointed a Republican appointed Fed Chair. Geewillickers. So what? In two words, this is Moral Hazard on a truly large scale. What incentives do these guys have to crimp the financial excesses, when they may jeopardize future wall street career prospects? Given that nothing happens when they don't do their job, no incentives exist. Are we to believe exist without personal interests? No economist could be that naive. Not even Greenspan or Bernanke. And without a true regulator who is able to reign in casino capitalism (and since bailout, Banks are playing with house money), economic history, will, as they say, repeat. As of late this time would seem pure tragedy. But, Bernanke again as Fed Chair? Now thats a farce.



AUTHOR INFO

J. Bradford DeLong, a former assistant secretary of the US Treasury, is Professor of Economics at the University of California at Berkeley and a research associate at the National Bureau for Economic Research.