Anatomy of the Global Economy
La gran moderación
J. Bradford DeLong
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Ya han pasado 20 años desde que Alan Greenspan se convirtió en presidente del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos. Los años transcurridos desde entonces han sido testigos de la más rápida tasa de crecimiento del ingreso promedio global de cualquier generación, así como de escasísimos brotes de deflación masiva generadora de desempleo o de inflación destructiva de la riqueza. Sólo la década y media perdida de Japón y las dificultades de la transición del comunismo cuentan como verdaderas catástrofes macroeconómicas de una magnitud tal que fue aterradoramente común en décadas anteriores.
Esta “gran moderación” no fue anticipada cuando Alan Greenspan asumió el cargo. La política fiscal de Estados Unidos estaba absolutamente desquiciada por ese entonces –mucho más que hoy.
India parecía no poder salir del estancamiento. China crecía, pero los niveles de vida medios no superaban claramente los de los llamados “años dorados” de China de principios de los años 1950, después de la redistribución de la tierra y antes de que la colectivización forzada convirtiera a los campesinos en siervos. El desempleo europeo acababa de dar otro salto importante hacia arriba y los países “socialistas” eran tan incompatibles con el desarrollo económico racional que sus sistemas políticos colapsarían en el lapso de dos años. América latina estaba atascada en su propia década perdida después de la crisis de la deuda a principios de los años 1980.
Por supuesto, los años desde 1987 no transcurrieron sin grandes sacudones macroeconómicos. El mercado de acciones de Estados Unidos se derrumbó por razones técnicas en el otoño de ese año. La invasión de Kuwait por parte de Saddam Hussein en 1991 sacudió al mercado de petróleo mundial. El mecanismo de tipo de cambio fijo de Europa colapsó en 1992. El resto de la década estuvo salpicada por la crisis del peso mexicano de 1994, la crisis del este de Asia de 1997-98 y los problemas en Brasil, Argentina, Turquía y en otras partes, mientras que el nuevo milenio comenzó con el colapso de la burbuja de las empresas puntocom en el 2000 y el derrumbe económico ocasionado por los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.
Es más, los desequilibrios globales de hoy y los tipos de cambio reales desalineados no amenazan con generar apenas una recesión amortiguada, sino una depresión significativa y prolongada. Sin embargo, hasta el momento, ninguno de estos acontecimientos –más allá de Japón a principios de los años 1990 y los fracasos de la transición en las tierras al este de Polonia- causó una crisis prolongada.
Los economistas han propuesto tres razones para explicar por qué las catástrofes macroeconómicas no causaron más sufrimiento humano y alteraron el crecimiento económico de largo plazo en la generación pasada. Primero, algunos economistas sostienen que simplemente tuvimos suerte, porque no hubo un cambio estructural que haya vuelto resistente a la economía mundial. Según este punto de vista, simplemente echamos a rodar los dados y ganamos cinco veces seguidas. Deberíamos estar felices y agradecidos, pero no deberíamos esperar que esto continúe.
Segundo, los banqueros centrales finalmente aprendieron a hacer su trabajo. Antes de 1985, según esta teoría, los banqueros centrales cambiaban sus objetivos de un año a otro. Un año, podían buscar controlar la inflación, pero el año anterior querían reducir el desempleo y al año siguiente tal vez intentaran reducir los costos de refinanciación de la deuda del gobierno, y un año después de eso quizá les preocupara mantener el tipo de cambio en el valor que preferían sus amos políticos.
La falta de una toma de decisiones con visión de futuro de parte de los banqueros centrales implicó que la política económica se sacudiera y pasara de frenar a avanzar a acelerar a reducir la marcha. Sumada a los sacudones normales que afligen a la economía mundial, esta causa de volatilidad desestabilizadora dio lugar al mundo inestable antes de 1987 que llevó a muchos a preguntarse por qué alguien como Alan Greenspan –que anteriormente sólo había pasado un par de meses en el gobierno- querría el empleo.
La explicación final es que los mercados financieros se calmaron. Hoy, los inversores experimentados en los mercados financieros adoptan la visión a largo plazo de que los precios de los activos son, en su mayoría, expectativas racionales de valores fundamentales descontados a futuro. Antes de 1985, en cambio, los mercados financieros estaban abrumadoramente dominados por el comportamiento colectivo de los operadores cortoplacistas, gente que no pretendía identificar fundamentales, sino predecir lo que la opinión promedio esperaba que fuera la opinión promedio y predecirla antes de que lo hiciera la opinión promedio. En consecuencia, los banqueros centrales estaban atascados en su intento por controlar una economía mundial sacudida por cambios aleatorios en los espíritus animales de los inversores y los operadores.
Cuando analizo estas cuestiones, no veo ninguna evidencia a favor de la primera teoría. Nuestra suerte no ha sido buena desde 1985. Por el contrario, pienso que nuestra suerte –medida por la magnitud del sector privado y otros sacudones que han afectado a la economía global-, de hecho, ha sido relativamente mala.
Tampoco veo ninguna evidencia en absoluto a favor de la tercera explicación. Sería agradable que nuestros mercados financieros fueran más racionales que los de las generaciones previas. Pero no veo ningún cambio sustancial que los haya vuelto así.
De modo que mi hipótesis es que seríamos prudentes si apostáramos nuestro dinero a la teoría de que nuestros banqueros centrales hoy están más capacitados, tienen una visión más largoplacista y son menos proclives a avanzar a los tumbos con poca visión de futuro o ser sacudidos con fuerza por sus amos políticos que impredeciblemente cambian los objetivos que supuestamente deben perseguir año tras año. Que este estado de las cosas continúe.
J. Bradford DeLong, profesor de Economía en la Universidad de California en Berkeley, fue subsecretario del Tesoro de Estados Unidos durante la administración Clinton.
Copyright: Project Syndicate, 2007.
www.project-syndicate.org
Traducción de Claudia Martínez
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