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En busca de la demanda global

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2005-03-11

Una vez más, Alemania y Japón han caído en la recesión. Una vez más, la segunda y tercera economías industriales más importantes del mundo están restando y no sumando al crecimiento de la demanda agregada mundial. Desde el punto de vista de los ciudadanos alemanes y japoneses, estas son malas noticias. Las tecnologías globales, que mejoran rápidamente, deberían hacer que fuera relativamente fácil obtener niveles crecientes de producción y calidad de vida. Sin embargo, las economías alemana y japonesa han tenido dificultades para lograrlo en la última década y media. Ciertamente todo el mundo preveía hace quince años que el estado actual de ambas economías sería mucho mejor.

Desde el punto de vista de la estabilidad política global, la recesión y el estancamiento en Alemania y Japón son noticias aún peores potencialmente. Los gobiernos democráticos hacen un trato con sus pueblos en el que ganan su legitimidad a largo plazo a partir de su capacidad de suministrar niveles de vida crecientes y empleo alto.

La crisis, la depresión y el estancamiento hacen que el pueblo piense en la ineficacia y la corrupción de los políticos de las corrientes principales, en los poderes ilegítimos de los intereses especiales y en el cretinismo de los parlamentos. Los pensamientos de la gente en tiempos de crisis y depresión no son falsos. Los políticos de las corrientes principales a menudo son ineficaces y corruptos (moralmente, si no legalmente), los intereses especiales tienen poderes amplios e ilegítimos y las legislaturas con frecuencia padecen cretinismo. Pero no hay un país en el que los intentos por sacar conclusiones políticas a raíz de esos sentimientos populares no hayan acabado en el desastre.

Desde el punto de vista de la estabilidad económica global, el fracaso del crecimiento en Alemania y Japón es tal vez la peor noticia de todas. Hace seis o siete años había preocupaciones vagas de que el corazón desarrollado de la economía global no podría ser impulsado por una única locomotora, los Estados Unidos. Ahora, debido a la desastrosa política fiscal de la administración de George W. Bush y algo de mala suerte, la economía de los Estados Unidos se ha atascado en una posición muy incómoda, encerrada por sus monumentales déficits presupuestal y comercial.

Desatascar a Estados Unidos sin una crisis --y lograr el grial de los economistas de un "aterrizaje suave"-- exige que muchas personas e instituciones con enormes activos denominados en dólares se queden sin hacer nada mientras esos activos denominados en dólares pierden la tercera parte o más de su valor frente a otras divisas. Hay un precedente reciente al respecto: de 1985 a 1987, los poseedores de activos denominados en dólares tomaron un baño similar pero mucho menor. ¿Pero se puede uno bañar dos veces en el mismo río?

Además, lograr un aterrizaje suave exige no sólo que los poseedores de activos denominados en dólares entren en estado catatónico mientras pierden la camisa. También requiere que al menos ocho millones de trabajadores estadounidenses que actualmente tienen empleos en la construcción, los servicios al consumidor y otras industrias relacionadas encuentren empleos en industrias competidoras de importación-exportación.

Eso no es todo. Al menos dieciséis millones de trabajadores fuera de los Estados Unidos que ahora están empleados en la fabricación de exportaciones a ese país también tendrían que encontrar trabajo en otros sectores. Esos empleos tendrán que satisfacer la demanda proveniente de fuera de los Estados Unidos ya que, a medida que un dólar que cae y posiblemente una recesión interna cierran la brecha entre la demanda y la producción estadounidense, tiene que haber un impulso compensatorio a la demanda en relación con la producción fuera de los Estados Unidos. Cuando llegue el reequilibrio --y ya se retrasó más de lo que yo habría considerado probable-- es importante que, como solía decir el Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Larry Summers, la economía mundial se equilibre hacia arriba y no hacia abajo.

Sin una Alemania y un Japón con rápido crecimiento, ¿de dónde vendrá la demanda que se necesita para equilibrar la economía mundial "hacia arriba" en los próximos años? Dentro de una generación tal vez podremos señalar a China y la India como mercados de rápido crecimiento, hambrientos de capital, capaces de llenar huecos en la demanda global. Pero todavía no. Mientras que China y la India son enormes en términos de mano de obra, siguen siendo pequeños en términos de producción y demanda.

Sin un crecimiento acelerado de la demanda en algún lugar del mundo desarrollado fuera de los Estados Unidos --y Alemania y Japón son los mejores lugares para encontrarlo-- es difícil ver cómo la economía se podrá equilibrar a un nivel alto en los próximos años.

J. Bradford DeLong es profesor de economía en la Universidad de California en Berkeley y fue Secretario Asistente del Tesoro de Estados Unidos durante la administración Clinton.

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AUTHOR INFO

J. Bradford DeLong, a former assistant secretary of the US Treasury, is Professor of Economics at the University of California at Berkeley and a research associate at the National Bureau for Economic Research.