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La desactivación del arma de los energéticos de Irán

Al igual que Corea del Norte, el gobierno iraní no va a retroceder ante una confrontación provocada por su programa nuclear. ¿Por qué habría de hacerlo? Un arma nuclear es la mayor garantía de que Estados Unidos nunca le hará a Irán lo que le hizo a Iraq. Además, esta lucha con los Estados Unidos reúne un apoyo interno muy necesario.

Entonces, ¿qué puede hacer Estados Unidos para debilitar la postura de Irán? En su carácter de cuarto exportador mundial de petróleo, Irán se ha beneficiado enormemente de la triplicación de los precios mundiales del petróleo en los últimos cuatro años. Su estabilidad económica depende de los ingresos del petróleo, así que esa es la vulnerabilidad de los dirigentes iraníes.

Los diplomáticos estadounidenses nunca van a persuadir al Consejo de Seguridad de la ONU de que imponga sanciones a las exportaciones de petróleo de Irán. Pero la administración Bush puede buscar la forma de limitar los precios globales de los energéticos –y debería empezar por rehusarse a caer en tensiones crecientes cada vez que le plazca al Presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad.

Ahmadinejad ha mostrado ser astuto para manejar el conflicto diplomático. Su gobierno ha rechazado llamados internacionales para detener sus actividades de enriquecimiento de uranio, ha ignorado los plazos impuestos por la ONU, ha armado a milicias iraquíes, ha abastecido de armas a Jezbolá para atacar a Israel, ha negado el holocausto y ha realizado ejercicios militares cerca del estrecho de Ormuz, por donde pasa el 40% del comercio marítimo mundial de petróleo. Todas estas provocaciones ponen una presión adicional a la alza de los precios del petróleo, lo que enriquece al gobierno iraní.

Cuando el líder supremo, el Ayatola Ali Khamenei, insinuó que Irán podría jugar la carta del petróleo, la Secretaria de Estado estadounidense, Condolezza Rice, restó importancia a la idea. “Tan sólo recordemos que el presupuesto de Irán depende aproximadamente en un 80% del petróleo”, dijo, así que “realmente no es capaz de sobrevivir con una interrupción”.

Pero si Irán retira cantidades módicas de petróleo del mercado internacional, es probable que los precios compensen (tal vez en su totalidad) cualquier pérdida en los ingresos por la disminución de la oferta. Además, las amenazas al estrecho de Ormuz le permitirían a Irán presionar los precios a la alza sin reducir la producción. No es accidental que prácticamente todas las acciones públicas que el gobierno iraní ha emprendido en la escena internacional en el último año hayan añadido riesgos al mercado de los energéticos.

A veces, Estados Unidos efectivamente –aunque de forma no intencional- ha socavado la posición de Irán. Este verano la administración Bush le ofreció a Irán establecer pláticas directas. En septiembre, Bush pronunció, inesperadamente, un discurso de bajo perfil ante la Asamblea General de la ONU. La resistencia de Rusia, China y Francia a aplicar sanciones ha convencido a los funcionarios estadounidenses a “dar más tiempo a la diplomacia” antes de presionar en el Consejo de Seguridad por la adopción de medidas punitivas.

Todas estas decisiones han ayudado a dar un margen a los mercados energéticos. Los precios del petróleo han caído de más de 78 dólares por barril a mediados de julio, a menos de 60 dólares a principios de octubre. La caída –que se debió en gran medida a una mitigación de las tensiones sobre el programa nuclear de Irán –le está costando dinero al gobierno iraní y está complicando los problemas internos del régimen.

La inflación está aumentando en Irán, quizá hasta llegar al 20%. El primero de octubre, Khamenei pidió a Ahmadinejad que atendiera el creciente problema. Hay precios congelados en ciertos bienes y servicios subsidiados y la inflación en aumento hace que para el gobierno se encarezcan estos subsidios. En efecto, el gobierno ha señalado que puede empezar a racionar la gasolina. El desempleo es de aproximadamente un 12% y probablemente del doble entre los jóvenes.

Los Estados Unidos pueden socavar al régimen iraní evitando declaraciones o acciones que contribuyan al aumento de los precios de los energéticos y refuercen la economía de Irán. Los funcionarios de la administración deberían enfriar el clima político. Otra vez deberían de ofrecerle a Irán pláticas directas. Bush debería invitar a Ahmadinejad a Washington. Mejor aún, debería invitarlo a Crawford. Prepararle el desayuno.

Washington también puede presionar a los sauditas, que prácticamente controlan toda la capacidad de reserva del mundo, para que mantengan alta su producción a fin de contener los precios. Los gobernantes sunitas de Arabia Saudita están en mayor peligro que Estados Unidos por el apoyo de Irán a un cambio en el equilibrio de poder regional a favor de los musulmanes chiítas.

Con todo, Ahmadinejad probablemente encuentre la forma de hacer que el conflicto se intensifique nuevamente. Nadie puede detener las amenazas de Irán al Estrecho de Ormuz. Pero nadie puede culpar a Estados Unidos por eso cuando Bush está ofreciendo negociar.

Probablemente Irán necesita dos o tres años para desarrollar un arma nuclear. ¿Qué tan fuerte será la posición de Ahmadinejad entonces? Si los Estados Unidos no le hacen amenazas que le ayuden a conseguir apoyo interno, su incapacidad para reactivar la economía de Irán mermará su prestigio en casa. Con precios del petróleo más bajos habrá menos dinero para gastar en proyectos nacionales que mantengan a flote su popularidad –o en el programa nuclear.

Si el recorte a los ingresos de Irán procedentes del petróleo no logra debilitar a Ahmadinejad, a los Estados Unidos les quedarían las opciones militares. Pero socavando su prestigio interno al limitar los ingresos de Irán se tienen mayores probabilidades de éxito para convencer al régimen de que suspenda voluntariamente las actividades de enriquecimiento de uranio que con el uso de medios diplomáticos o con las sanciones coercitivas.

La mitigación de tensiones no hará ver mejor a Bush entre quienes prefieren una estrategia basada en la fuerza. Pero el enfoque de confrontación de la administración está fracasando porque eso es justo lo que quieren los gobernantes de Irán.

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