Friday, November 28, 2014
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La muerte y los impuestos al tabaco

Un asesino global está haciendo estragos en los países más pobres del mundo, casi sin obstáculos. En los próximos 25 años, causará 10 millones de muertes al año a nivel mundial –más que la malaria, las muertes maternas, las infecciones infantiles y la diarrea juntas-. Más de la mitad de las víctimas tendrán entre 30 y 69 años, lo que los hará perder 25 años de expectativa de vida. ¿El culpable? El tabaco. La misma adicción que se convirtió en la principal causa de muerte prevenible en los países occidentales ha causado una gran incursión en los países en desarrollo. El cigarrillo mató a 100 millones de personas en el siglo XX, principalmente en los países desarrollados. Con las tendencias actuales, matará aproximadamente 1.000 millones de personas en el siglo XXI, básicamente en los países en desarrollo.

En la India, fumar triplica el riesgo de muerte por tuberculosis en hombres y mujeres y puede incluso contribuir a la transmisión de la tuberculosis a otros. Aproximadamente 1 millón de personas por año morirán pronto como consecuencia del cigarrillo en China y la India. Tal vez 150 millones de adultos jóvenes morirán en manos del tabaco en estos dos países solamente, a menos de que se frene esta tendencia de manera generalizada.

Pero las tasas de mortalidad del pasado no tienen por qué convertirse en el futuro del mundo. Sabemos cómo controlar el consumo de tabaco. Se necesita que 1.100 millones de fumadores actuales dejen de fumar para reducir las muertes por tabaquismo en las próximas décadas. Un menor consumo de cigarrillo por parte de los chicos salvaría vidas principalmente después de 2050. Dejar de fumar funciona: incluso los que dejan de fumar entre los 40 y los 50 años reducen su riesgo de muerte considerablemente, y los que dejan de fumar entre los 30 y los 40 tienen riesgos de muerte cercanos a quienes no fumaron en toda la vida.

Las subas del impuesto al tabaco, la difusión de información sobre los riesgos que implica el cigarrillo para la salud, las prohibiciones de fumar en público, las prohibiciones totales en materia de publicidad y promoción y las terapias para dejar de fumar son efectivas a la hora de ayudar a los fumadores a abandonar el hábito. Los impuestos al tabaco probablemente sean la única intervención más eficiente en términos de costos para la salud adulta en el mundo. Si se triplica el impuesto al consumo, se duplicaría aproximadamente el precio de los cigarrillos (como sucedió en la ciudad de Nueva York), evitando unas tres millones de muertes por año para 2030. La mayoría de los países de la OCDE empezaron a tomarse en serio el control del tabaco en las últimas dos décadas, y redujeron desde entonces las muertes por tabaco entre los hombres. Pero en los países en desarrollo no se están implementando medidas efectivas de control del consumo de tabaco. Los impuestos representan aproximadamente el 80% del precio de venta de los cigarrillos en Toronto, pero menos del 30% en Beijing o Nueva Delhi. En muchos países, los impuestos al tabaco cayeron en términos reales. El conocimiento de los riesgos del cigarrillo para la salud es bajo: el 61% de los fumadores chinos en 1996 pensaba que el tabaco les hacía “poco o ningún daño”.

La oposición de la industria tabacalera es un obstáculo obvio para el control del tabaquismo. En Occidente se han rebatido los argumentos económicos espúreos contra una suba de los impuestos, pero estos se siguen escuchando con frecuencia en los Ministerios de Finanzas de los países en desarrollo. El dinero que no se gasta en tabaco se invertiría en otros bienes y servicios. Es más, una demanda marcadamente reducida de tabaco no traería aparejado desempleo en la mayoría de los países. Las subas de los impuestos reducen el consumo y aumentan los ingresos a mediano plazo: un impuesto 10% más alto implica un ingreso un 7% superior, aproximadamente, en el mediano plazo. Estos fondos son un recurso muy valioso en la lucha contra la pobreza. En China, un precio 10% superior reduciría el consumo un 5% y aumentaría lo suficiente los ingresos por consumo como para solventar un paquete de salud básico para 33 millones de chinos en zonas rurales pobres.

Incluso frente al contrabando, los mayores impuestos reducen el consumo y aumentan los ingresos. El contrabando es fomentado por la industria tabacalera para ganar una porción del mercado e inducir a los ministros de Finanzas a bajar los impuestos. Pero los gobiernos pueden contrarrestarlo de varias maneras: advertencias en idioma local con una prominente estampilla impositiva en los paquetes de cigarrillos son un ejemplo.

Otro argumento común contra el control del tabaco -que si la gente no perjudica a los demás, los gobiernos no deberían interferir en sus decisiones individuales- se contradice con el sentido común y con la evidencia. La mayoría de los fumadores se vuelven adictos de adolescentes o de adultos jóvenes, cuando la poca visión y la falta de información hacen que las decisiones racionales resulten difíciles. En los países con buena información sobre los riesgos del tabaco, cuando los fumadores infantiles se vuelven adultos, más del 80% desea nunca haberse iniciado en el hábito. Recientemente, nada menos que William F. Buckley sostuvo que la adicción a la nicotina no se puede desechar como libre elección.

Es más, la investigación económica reciente determina que los impuestos más elevados encuentran un justificativo en términos de bienestar social, ya que los costos para los fumadores son enormes (aunque los costos externos para los demás puedan ser reducidos) y los mayores impuestos al cigarrillo no afectan a los pobres (dado que el valor de autocontrol que imponen los impuestos más altos favorece más a los pobres). El premio Nobel Amartya Sen sabiamente nos recuerda que "es importante que la causa práctica a favor del control del tabaquismo no se descarte sobre la base de un argumento libertario incompleto". La agenda es clara: los gobiernos deben tomarse seriamente el tabaquismo como uno de los principales asesinos de adultos en todo el mundo. Los objetivos internacionales para combatir la pobreza deben incluir el control del tabaquismo. Los países en desarrollo no deben dejarse engañar por los argumentos económicos vacíos que paralizaron los esfuerzos de control en Occidente durante tanto tiempo. La Fundación Gates puede financiar la acción y la investigación. Existen señales alentadoras: más de 160 países han firmado el tratado global de control del tabaquismo de la Organización Mundial de la Salud y los jefes de Estado caribeños recientemente expresaron su deseo de enfrentar al tabaquismo de manera conjunta.

Aproximadamente 150-180 millones de muertes por tabaquismo se evitarían antes de 2050 si la proporción de adultos en los países en desarrollo que dejaran de fumar aumentara de menos del 5% hoy a 30-40% para 2020 (como las tasas actuales en Canadá). Como las políticas de control disuaden a los chicos de iniciarse en el hábito, incluso se pueden esperar mayores beneficios más allá de 2050.

Benjamin Franklin alguna vez dijo, "En este mundo, nada se puede decir que sea certero, excepto la muerte y los impuestos". Sin embargo, tenemos un impuesto que podría prevenir cientos de millones de muertes prematuras. Es hora de aplicarlo.

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