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Política constitucional

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2003-09-12

Un cínico podría tener la tentación de decir que cuando a los políticos se les acaban las ideas, se poner a hacer o a modificar una constitución. Pongamos por caso la Unión Europea. Su último gran proyecto fue el mercado único como lo concibiera Jacques Delors, el entonces Presidente de la Comisión Europea. Ese proyecto aún no se ha completado, pero las piezas faltantes son la continuación de un proceso, no una nueva idea.

Desde entonces, la UE ha intentado un poco de esto y un poco de aquéllo: algo de política económica común en torno a la introducción del Euro, algo de política exterior común en torno a la guerra de Irak. Nada de esto ha tenido mucho éxito. De hecho, ninguna de estas causas tiene un impulsor de la estatura de Delors.

De modo que la UE se volcó a la tarea de hacer una constitución. Creó una Convención, que produjo un borrador de tratado, y pronto una Conferencia Intergubernamental intentará llevar el proyecto a su término.

Al Canciller de Alemania, Gerhard Schröder, la idea le gustó tanto que ahora está pensando en armar su propia convención para revisar las disposiciones constitucionales de Alemania. Su objetivo, acordado con los otros partidos principales, es la precaria relación entre la autoridad federal (que tiene el poder de desembolsar dinero) y los estados federales (Länder) y gobiernos locales. Quizás el Canciller alemán espera que a la sombra de una Convención de todos los partidos pueda deslizar silenciosamente algunas "reformas" que en realidad son, en su mayor parte, cortes al gasto público y a los servicios sociales.

El caso del Primer Ministro Tony Blair del Reino Unido es aún más extremo. El inventor del Nuevo Laborismo quisiera ser recordado como el hombre que encontró la cuadratura del círculo de un crecimiento económico sustentable y un estado de bienestar reformado, el hombre que reconcilió creación de riqueza y cohesión social. Pero la economía británica se encuentra en un estado precario y los servicios públicos siguen siendo un caos.

Lo que ha cambiado bajo el Nuevo Laborismo es la constitución británica. Escocia tiene un parlamento, Gales una asamblea. Es posible que otras regiones inglesas sigan este camino. Londres y otras ciudades han elegido directamente a sus alcaldes. Antiguas instituciones, particularmente la Cámara de los Lores, han sido "modernizadas". El sistema judicial se ha visto sometido a cambios en todo su ancho y largo. De hecho, se dice que Blair no está muy interesado en estos cambios, pero su legado duradero estará formado por ellos, no por un supuesto icono de prosperidad y justicia social británicas.

Podríamos agregar otros líderes europeos a la lista , y no el el último lugar al Primer Ministro Berlusconi de Italia. En todos estos casos, el cínico estaría en lo correcto, al menos en parte. El cambio constitucional es para los líderes políticos una distracción bienvenida de los problemas de política social, mucho más resistentes al cambio. Pero hay al menos dos excepciones a estas sospechas.

Una es el establecimiento de la democracia y el imperio de la ley en países que recientemente han salido de regímenes dictatoriales. Este proceso requiere un tipo de elaboración de una constitución que a menudo es complejo y lleno de obstáculos. El ejemplo más reciente es Turquía, donde un valiente primer ministro ha confirmado el imperio secular (en lugar de islámico) de la ley, ha tratado de modernizar la economía y ha mantenido a los militares fuera del gabinete ministerial.

Turquía desea desesperadamente ser aceptada en la UE, cuyos "criterios de Copenhage", aprobados en 1993, definen lo que se puede llamar los prerequisitos constitucionales de la membresía. Todos los países de Europa Central y del Este que ingresarán a la UE cumplieron los criterios; Turquía ahora está siguiendo su ejemplo.

El otro problema serio de naturaleza constitucional es el de los niveles de gobierno. En un ambiente mundial globalizado, la pregunta de quién es responsable de qué se ha vuelto tan opaca (si no imposible de contestar) como urgente. Esto cobra mayor validez en vista del hecho de que la migración de decisiones de un espacio global insuficientemente definido viene acompañada de una demanda generalizada de formas más directas de democracia que puedan acercar las decisiones a la gente, las regiones y las comunidades locales.

Aquí no hay todavía "criterios de Copenhage" para guiar a los constitucionalistas. El Reino Unido es un buen ejemplo de las confusiones surgidas de dar respuestas al mero pragmatismo. Escocia puede tener un gobierno nuevo (y caro), pero ¿qué pasa con las regiones inglesas? ¿Son realmente los East Midlands una unidad apropiada para el autogobierno?

En Alemania el problema es la distribución de los ingresos tributarios. El gobierno central puede fácilmente ahogar a las regiones y comunidades locales, cortándoles el oxígeno. ¿Quién puede evitar que lo haga? En Francia y España hay pequeños pero eficaces (y algunas veces violentos) movimientos regionales. ¿Debería el resto del país simplemente ceder a ellos? ¿Dónde está la respuesta correcta entre una solución a la escocesa y una ausencia de solución, a la chechena?

El objeto de hacernos estas preguntas es recordarnos que la política constitucional genuina requiere de una seria ponderación y de una cuidadosa preparación. Nunca debe ser el sustituto de la ausencia de otras ideas. En ese sentido, son una buena idea Convenciones tales como la encabezada por el ex Presidente francés Valery Giscard d'Estaing para Europa. Deberían disuadir a los políticos faltos de ideas a que no caigan en proyectos de poca monta que no llevan a ninguna parte.

Ralf Dahrendorf, autor de varios libros afamados, es miembro de la Cámara Inglesa de los Lores, ex Rector de la Escuela de Economía de Londres y ex Director del Colegio de St. Anthony, Oxford.

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AUTHOR INFO

Ralf Dahrendorf, author of numerous acclaimed books and a former European Commissioner from Germany, is a member of the British House of Lords, former Director of the London School of Economics, and former Warden of St. Antony's College, Oxford.